Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Trabajo y Diversión
Eduardo García Gaspar
30 agosto 2004
Sección: NEGOCIOS, Sección: Asuntos
Catalogado en:


¿Qué pasa con los casos de personas quienes real y auténticamente ven un juego en el trabajo? ¿Cómo clasificar a las personas que tienen pasión por lo que hacen?

No hay manera de entender esto a menos que nos quitemos de la mente esa tonta distinción entre trabajo y diversión, porque además, ella tiene un impacto innoble en el trabajo.

Empecemos por considerar cuál es la situación ideal y seguramente llegaremos a la conclusión de que se trata de tener un trabajo que nos guste todo lo posible. Sí, obviamente va a haber partes indeseables en ese trabajo, pero eso es natural en un mundo imperfecto.

Sin embargo, un trabajo que nos guste es una buena situación, en la que encontraríamos causas de diversión e interés. Visto desde el otro lado, por tanto, tenemos una situación con dos componentes.

Uno de ellos es el trabajo, debemos trabajar y de eso no nos podemos librar. El otro es la actitud hacia nuestro trabajo, que es la variable que sí está bajo nuestro control. No podemos dejar de trabajar, pero sí podemos alterar la manera en la que pensamos acerca de nuestro trabajo.

Y tenemos dos posibles actitudes extremas hacia el trabajo. Lo podemos odiar y lo podemos amar, con toda la gama intermedia de grises que existen en medio.

Y de entre esas dos actitudes, el odio hacia el trabajo nos lleva a una conducta que altera la calidad de lo que hacemos y nos condena a tristezas y frustraciones. La otra posible actitud es la de amar el trabajo, con lo que tendremos una vida más llena y productiva.

Si aceptamos lo anterior, veremos al trabajo como una constante imposible de cambiar y a la actitud hacia el trabajo como la variable que sí es posible modificar por voluntad propia.

Esto nos lleva un paso más allá para explorar cómo podemos alterar positivamente la actitud hacia el trabajo, lo que por lógica absoluta puede hacerse de dos maneras. Una de ellas es la voluntad misma de la persona, haciéndose entender a sí mismo que a cualquier trabajo se le puede encontrar algo bueno.

La otra es que la empresa misma, es decir, sus directivos pueden hacer que los trabajos dentro de ellas sean vistos con esa actitud positiva. Son éstas cosas de mero sentido común, en las que el otro día me puse a pensar, después de ser pésimamente atendido por un empleado de una tienda de departamentos.

Era obvio que esta persona tenía una actitud negativa hacia su trabajo. Simplemente, odiaba su trabajo y eso lo traducía en un mal trato que autoalimentaba ese disgusto para hacerlo mayor. Él tenía otra posibilidad frente a sí, una decisión personal, la de hacer que su trabajo le gustara, pero no lo hizo.

Quizá la empresa falló también en esto, al no lograr un ambiente de trabajo interesante, pero no puedo dejar de pensar que la decisión personal era la principal… y me dio lástima ese pobre empleado que seguramente hacía una distinción absoluta entre trabajo y diversión.

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