Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Un Error Ignorado
Eduardo García Gaspar
30 diciembre 2004
Sección: FALSEDADES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Se ha repetido por todas partes, e incluso por parte de escritores de sentido común y riqueza informativa, aunque también por autores de escasas luces intelectuales.

La cantaleta lleva varios meses y a fuerza de ser repetida llega a ser vista como una verdad, simplemente porque por todos lados se oye… aunque sea falsa y no aguante una crítica siquiera débil.

Usted ha leído y escuchado una crítica a George W. Bush, el presidente norteamericano actual. Se le acusa de hacer una distinción entre el bien y el mal, llamando buenos a unos y malos a otros. La acusación generalmente implica el uso liberal de calificativos, de esos que solemos despreciar, por ejemplo, fundamentalista y fanático.

La realidad es que el razonamiento usado es falso. Para probarlo, antes que nada, olvídese de Bush y piense en cualquier otra persona. Lo que sigue no es una defensa de ese presidente, sino una defensa del sentido común.

La situación en resumen, por tanto, está así. Una persona cualquiera dice que lo que otra persona piensa o hace está mal, porque esta última cree en la existencia de cosas buenas y cosas malas. Digamos que usted cree que los etarras o cualquier otro grupo, como al-Qaeda, son malos, y más tarde usted es acusado de ser fundamentalista porque cree que que existen cosas buenas y cosas malas.

No importa que usted esté en lo cierto o se equivoque, sino que usted piensa en que el bien y el mal existen. Es entonces que alguien se levanta y dice que usted es un fundamentalista que cree en lo bueno y en lo malo.

El resto de la gente oye eso y sin pensar, acuerdan que efectivamente usted esta en el error, por pensar en la existencia de cosas que son buenas y cosas que son malas. Todo suena bien, en la superficie solamente, porque hay un error serio de parte de su crítico.

Él lo acusa a usted de algo que él cree que está mal y eso de que lo acusa es exactamente lo que está haciendo su crítico. Dice el crítico que usted está mal, equivocado, y eso es precisamente lo mismo que usted ha dicho, que hay cosas buenas y cosas malas.

El crítico piensa igual, que hay cosas buenas y malas, y que usted es de los malos. Lo que esto significa es que el argumento del crítico, por tanto, se niega a si mismo y vale tanto como el cantar de un loro. El hecho mismo de hacer crítica a quienes creen en lo bueno y en lo malo, significa reconocer necesariamente eso mismo de lo que se acusa al otro.

Se puede acusar de exagerado, de extremo, de lo que usted quiera, pero el decir que es malo que alguien crean en lo malo y en lo bueno, no tiene sentido. Lo que nos lleva a las acusaciones que a cualquiera le hagan de ser fanático y fundamentalista, que es otro paseo interesante.

Cuando alguien, por ejemplo, dice que no acepta a los fundamentalistas, en realidad está siendo fundamentalista también. Y no hay de otra. Lo que sucede es que la discusión depende del tema. En un extremo, las leyes de los países son todas fundamentalistas en el sentido de no permitir el asesinato intencional y castigarlo severamente.

Este fundamentalismo es bueno, pues propone la existencia de un valor no negociable, la vida humana. Hay casos más extremos, por ejemplo, las interpretaciones literales de textos religiosos, realmente literales. Un ejemplo de esto es el Génesis, que puede ser visto así, o como un relato un tanto poético, aunque cierto en su esencia.

Todo el asunto no es sencillo, como suele ser tratado en demasiados comentarios que usan calificativos y razonamientos que engañan.

Pero es un asunto divertido, como lo es todo el empleo de la razón para hacerle al Sherlock Holmes y descubrir las pistas de fallas en los modos de pensar. Y es preocupante también, porque si cometemos errores en el pensar, las acciones consecuentes serán erróneas. Pero ésa es nuestra historia. Las equivocaciones son parte de esa historia y no hay manera de evitarlas.

Tan es así, que en buena parte, el progreso puede ser definido como el encontrar los errores, primero, y luego tener la voluntad de corregirlos. Por mi parte, me quedo con una idea, igual de fundamentalista puede ser quien acusa de eso mismo a otro. Cuestión de mero sentido común y de reconocer que sí, que hay cosas buenas y hay cosas malas.

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