He sostenido durante años que la noción de diputados de partido pudo haber sido válida tiempo atrás, pero que en la actualidad es contraproducente.

Los diputados plurinominales son el 40 por ciento del total y representan a los partidos, no a la ciudadanía. De allí que ayudan ellos a evitar acuerdos, no a crearlos.

Es claro que eso significa una representación increíblemente desproporcionada. Pero, al fin esto ha sido reconocido la semana pasada en las reuniones acerca de la reforma del Estado celebradas por los diputados mismos. Una de las propuestas pidió la reducción de los diputados representantes de partido a 100, de los 200 actuales.

Poco después de eso, en la radio, escuché a un analista decir que las propuesta sería muy difícil de ser aprobada porque es equivalente a reducir a un mínimo la presencia de todos los partidos excepto las del PRI y PAN. Un tanto incrédulo de esa afirmación, hice un ejercicio que comparto con usted. Creé tres escenarios.

  • El primero es el actual, con 500 diputados y sus 200 plurinominales.
  • El segundo con 400 y nada más 100 de plurinominales, la mitad de los existentes ahora para cada partido.
  • En el tercer escenario están sólo los actuales 300 diputados de representación directa, sin plurinominales.

Las cosas en cada escenario quedaron como sigue.

En el primer escenario, el actual, el PRI tiene 45 por ciento de los diputados, el PAN 30, el PRD 19, el verde 3, el PT y Convergencia 1 cada uno.

En el segundo escenario, con sólo 100 plurinominales, la situación beneficiaría al PRI creciendo un poco, a 48 por ciento. El resto de los partidos caerían en total todos esos tres puntos que crecería el PRI.

En el tercer escenario, el PRI crece hasta 53 por ciento del total, el PAN baja un poco, a 26, el PRD se queda virtualmente igual. Pero el resto de los partidos, los pequeños, sufren todo el impacto: el verde se va a 1 por ciento y el PT y Convergencia desaparecen.

Con este ejercicio probé que lo que dijo ese analista no era exacto. Quitar 100 plurinominales tiene muy poco efecto en la composición de la cámara de diputados y es una meta realizable que debe ser intentada.

Los tres más grandes partidos se beneficiarían con ello enormemente… excepto porque quizá no les guste elevar esos tres puntos el poder del PRI a los otros dos.

El tercer escenario prueba lo que sabíamos todos. La existencia de partidos pequeños es un artificio legal. Ellos existen porque la ley los erige y no porque la realidad los exija. Sin esos artificios legales, México sería un país de tres partidos y no uno de PRI y PAN, como dijo ese analista.

Igualmente, este es un objetivo realista y beneficioso para los tres principales partidos. Me quedo con una impresión general de este ejercicio de tres escenarios. El quitar diputados plurinominales no tiene enormes efectos que lo hagan imposible de realizar.

Si en las siguientes elecciones sólo hubiera diputados de representación directa, es una posibilidad que el PRI crezca un poco y que el PAN y el PRD decrezcan un poco también.

Todo con la ventaja de quitarse de encima a los partidos que viven artificialmente. Eso haría la vida más sencilla a los diputados de los tres principales partidos y podría ayudar a una mayor probabilidad de tener acuerdos entre ellos.

¿Podrá ser votada esta reforma constitucional en la cámara de diputados federales al menos? Quizá. Los partidos pequeños van a oponerse rabiosamente por razones obvias, pues su negocio terminará.

Clamarán razones antidemocráticas y harán marchas callejeras, pero no parece ser un problema imposible. La decisión está en manos de los tres grandes partidos y más que nada en las manos de PAN y PRD, los que dudarán pensando que eso ayudará a que su rival el PRI eleve poder, aunque sea un poco.

Todo lo que se quiso hacer en esta segunda opinión es mostrar que el retiro de los diputados que representan a partidos tiene una influencia escasa en el peso de los grandes partidos.

¿Serán esos tres grandes lo suficientemente visionarios para votar por esto? Creo que ahora hay pocas probabilidades, pero que ellas son mayores que nunca antes. Después de todo, lo que aquí se ve es que los partidos pequeños no sirven y sí estorban.

La siguiente gráfica muestra esos tres escenarios.
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