Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Una Presidencia Posible
Eduardo García Gaspar
28 abril 2004
Sección: LIBERTAD POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Pocas son las dudas acerca de que el gobierno mexicano se encuentra atorado, de que no hay acuerdos entre los partidos políticos, de que las reformas urgentes que se necesitan no se han logrado.

La queja, por lo que he escuchado, es general y clara.

Muy bien, tomemos eso como la falla principal de nuestros días, especialmente en el sentido de que las propuestas del Ejecutivo no pasan por el Legislativo. Y eso es malo, ¿verdad? No, no necesariamente.

Es más, puede ser tremendamente bueno dependiendo de quién está ocupando el Ejecutivo. Pongamos un caso.

Llega a la presidencia un coronel involucrado en un intento de golpe de estado hace años, usando una plataforma populista y ganando por una clara mayoría de votos. Una de sus primeras medidas es un referéndum que modifica la constitución del país.

Ese cambio, que es aprobado por la gran mayoría de ciudadanos, crea una Asamblea Nacional que reduce los poderes del Legislativo y del Judicial.

Los integrantes de esa asamblea son mayoritariamente gente del presidente y proponen alargar el término su administración, digamos un año y además de permitir la reelección. Se cancela la cámara de senadores. La gran mayoría de los ciudadanos aprueba las medidas y ellos ven en ese presidente al mesías esperado.

No es un ejemplo ficticio. Eso sucedió en Venezuela y puede suceder con sus variantes autóctonas en México.

En esencia este escenario produce una presidencia populista en extremo que usa el apoyo popular para quitar de en medio los obstáculos que le presentan los demás poderes y lo logra gracias a manifestaciones populares, marchas de apoyo y uno que otro referéndum. En todo eso, la mayoría de las personas le dan su voto.

En apariencia ese potencial presidente es democrático, si es que democracia se define únicamente como el ejercicio del derecho a voto.

Y sin embargo, todo es profundamente antidemocrático, porque la democracia es bastante más que votar cada vez que alguien lo pide.

Una de las facetas más esenciales de este sistema es la separación de poderes de gobierno y ese posible presidente estaría violando la esencia.

Por tanto, en este caso, la existencia de un poder Legislativo y uno Judicial, fuertes y sólidos, son un gran remedio y una real bendición. Lo que vemos como malo en el caso de Fox, lo veríamos con extremo agrado en el caso de un presidente populista e irresponsable.

Es más, estaríamos realmente alegres de ver al Legislativo y al Judicial oponiéndose a las locuras y sueños demagógicos del presidente posible del que hablo.

El punto se reduce a algo muy sencillo. La democracia no es la voluntad de la mayoría, sino la división de poderes para evitar abusos de uno de esos poderes. Aclaro eso, que me parece obvio, porque la democracia tiende a ser confundida con la voluntad de la mayoría… sin importar qué es lo que la mayoría pide.

Esa democracia es falsa y se llama populismo.

Montesquieu, Mill, Aristóteles, Popper y otros nos han prevenido de esta eventualidad. La separación de los poderes no está sujeta a votación popular, tampoco la acumulación de poder en el Ejecutivo. Es más, prácticamente nada está sujeto a votación popular, con excepción de la elección de personas a puestos de gobierno.

Y así debe conservarse en México. Si esta posibilidad le parece a usted remota, quizá lo sea, pero más vale prevenir. Digo esto porque existe, incluso en el gobierno actual, una serie de síntomas populistas que calculan las cosas teniendo como vara de medición a los resultados de las encuestas.

La popularidad no lo es todo y, peor aún, es el imán que atrae al populista… y populistas tenemos ya peleando por llegar a la famosa silla presidencial. Desde ahora tenemos que prever esta posibilidad.

Toda democracia tiene, como parte de su esencia, un fuerte elemento de balance de poder en buena parte destinado a evitar los abusos que se puedan dar por parte de las mayorías.

Las mayorías, desafortunadamente, se tornan caballos desbocados que dan poderes excepcionales a líderes que no son sino anormalidades sedientas de poder.

Y mucho me temo que nuestra idea de democracia esté abriendo las puertas a esa posibilidad, muy real, ya que la idea común que se tiene de democracia es la de votar en elecciones limpias y dejar que los elegidos hagan lo que quieran mientras tengan el apoyo mayoritario (definido como capacidad de marchas y protestas).

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