Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Uno de Tres
Eduardo García Gaspar
15 junio 2004
Sección: GOBERNANTES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Una vez tranquilizadas las aguas que provocó el fallecimiento de Ronald Reagan (1911-2004), pueden verse las cosas más en perspectiva.

La reacción que vi en México, en general, fue la de una noticia más y un tanto distanciada, aunque hubo quienes hablaron de él. Y quienes lo hicieron, desde luego, tuvieron dos reacciones, la buena y la mala.

Por ejemplo, leí un editorial que se enfocó solamente a la crítica de la economía manejada por Reagan y conocida con un término, Reaganomics, ampliamente criticado y con razón, por el déficit presupuestal que creó.

Fijarse en eso nada más, es como criticar un libro basado en la lectura de sus primeros dos capítulos. Hay mucho más en el presidente norteamericano que eso, muchísimo más. Fue un personaje con inmensas consecuencias en el mundo y que en su nombre lleva una buena cantidad de emociones e ideas.

Era, sin duda alguna, un gran comunicador o lo que en tiempos anteriores se conocía como habilidad oratoria: no solamente era capaz de hablar bien sino que sus palabras tenían un gran contenido. Tanto, que esa habilidad lo ha vuelto legendario en la política.

En lo personal, nunca he oído mejores discursos políticos que los de Reagan. Poseían contenido, gracia, seriedad y sobre todo optimismo. Fue sin duda un tipo instruido y hasta donde pude averiguar, había leído los clásicos de la política y la economía, especialmente aquellos que exaltan la libertad humana… algo que siempre lo hizo ante mí, un tipo admirable.

Al fin había alguien que hablaba de la libertad de cada persona, alguien que se negaba a solucionar los problemas con más intervención gubernamental. Sus años coincidieron con el cenit de otros dos personajes únicos, Juan Pablo II y Margaret Thatcher, otros dos campeones de la libertad y entre ellos, con sus iniciativas, cambiaron el mundo en serio.

En 1978, Karol Wojtyla fue electo papa. Un año después, Thatcher era primer ministro en Inglaterra.

Y en 1981, Reagan, el actor que inspiraba burlas y chistes, llegó a la presidencia en los Estados Unidos. Los años 80, por tanto, son todo un tema para el historiador del futuro y el siglo 20 no se entenderá sin ellos.

Y ahora, en 2004, no hay más que reconocer que esos años fueron decisivos, con quizá la caída de la URSS como el suceso más notable. Ellos cambiaron al mundo y lo hicieron porque poseían ideas, buenas ideas, creyeron en la libertad humana y que el comunismo era una aberración, un accidente de la historia. Y tuvieron razón, después de ellos, el mundo fue más libre.

Reagan al menos, fue criticado por sus antecedentes de un mal actor de películas, inventor de frases contagiosas (como la del “imperio del mal” referida a la URSS); de simple, de ignorante, de no estar a cargo y así fue caracterizado en una reciente serie de televisión.

No lo sé, pero no creo que un tipo así pudiera cambiar al mundo. Más me parece ahora un hombre que supo enfocarse a las prioridades reales y sin distracciones.

Un tipo con sentido moral y una visión de largo plazo. En resumen, un líder, al igual que los otros dos del trío que cambió al mundo y lo hizo mejor, dejando una herencia en la que las libertades son mucho más valoradas que antes. Y eso contrasta notablemente con otros gobernantes, cuyas mentes no podrán dar jamás eso que se espera de un gran líder.

Porque si uno se pone a hacer comparaciones, quizá llegue a las lágrimas, si se habla de nuestros gobernantes… o al olvido provocado por un consumo exagerado de cualquier material etílico.

Y es que las diferencias hacen pensar en que un líder tiene visión, pero sobre todo tiene prioridades y moral, es decir, valores y sentido del deber. Tiene una mente grande que asimila y aprende, sin distracciones. Al final, un líder tiene ideas y ésa es la diferencia grande.

No puedo dejar de contrastar a gobernantes nuestros, que tienen metas personales, pero no ideas, que tienen prioridades íntimas pero no primacías universales, que ven hasta donde su nariz alcanza y no ven a las personas, que todo quieren remediar con medidas gubernamentales porque no confían en la gente.

En fin, Ronald Reagan fue humano, con muchos defectos y más grandes virtudes, que corrió con la suerte de tener a su lado a otros dos muy similares a él. Descanse en paz.

Post Scriptum

Hay un buen artículo sobre Reagan escrito por Lech Walessa en el Wall Street Journal, en el que escribe,

“When talking about Ronald Reagan… we owe him our liberty. This can’t be said often enough by people who lived under oppression for half a century, until communism fell in 1989… I distinguish between two kinds of politicians. There are those who view politics as a tactical game, a game in which they do not reveal any individuality, in which they lose their own face. There are, however, leaders for whom politics is a means of defending and furthering values. For them, it is a moral pursuit. They do so because the values they cherish are endangered. They\\’re convinced that there are values worth living for, and even values worth dying for. Otherwise they would consider their life and work pointless. Only such politicians are great politicians and Ronald Reagan was one of them.”

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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