Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Voto Desde el Extranjero
Eduardo García Gaspar
3 mayo 2004
Sección: POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Uno de los asuntos de actualidad, que ha recibido una mediana atención, es el del voto de mexicanos radicados en el extranjero para las próximas elecciones presidenciales.

El tema es trascendental, porque la cantidad de mexicanos que viven fuera es de varios millones. Sus preferencias pueden alterar drásticamente al país en el que no viven.

Veamos esto partiendo de esa idea: el mexicano que por la razón que sea ha decidido vivir en otro país podría estar en capacidad de votar y elegir autoridades en su país de origen sin sufrir las consecuencias buenas o malas de su voto.

No suena lógico, principalmente debido a eso, votará sin asumir la responsabilidad de su elección. Esto contrasta notablemente con lo que le acontece al mexicano que vive en el país.

El mexicano que vive en el país, bien o mal, pensará acerca de que su voto le traerá consecuencias directamente, en su propia vida. Sólo desde este punto de vista, resulta razonable pensar que existe un serio problema en el plan de darle el voto a los mexicanos radicados en el extranjero.

Hay otras dificultades serias, que son más de detalle y por eso complicadas. Por ejemplo, debe definirse lo que es un mexicano viviendo en el extranjero.

Obviamente no lo es quien se encuentra de viaje temporal, quizá un estudiante en alguna universidad extranjera. Pero calificar de mexicano con derecho a voto a quien ha emigrado a otro país y tiene allí una residencia permanente es ya otra cosa.

¿Son mexicanos con derecho a voto los hijos nacidos en otro país de padres mexicanos por nacimiento y emigrados? Con sencillez podría argumentarse que eso es al menos dudable al compararse el caso de hijos de mexicanos nacidos en México.

Hay otras cuestiones muy difíciles de detalle, como la realización de campañas políticas de candidatos mexicanos en ciudades del extranjero, en las que se deberán realizar gastos, mítines y, al final, votar con credenciales que deben emitirse y validarse.

No solamente es más costoso, sino que hay un problema fuerte: eso deberá hacerse principalmente en los Estados Unidos y enfocado a una de las principales minorías de ese país.

El gobierno norteamericano tendría una reacción previsible de al menos una terrible sospecha. La simetría de circunstancias ayuda a ver esto. ¿Autorizaría el gobierno mexicano la realización de campañas políticas de tener una minoría “extranjera” muy grande en nuestro territorio? No lo creo.

En fin, el asunto es complejo y tal vez infructuoso. ¿Quién ganaría de darse el voto a los mexicanos radicados en el extranjero?

Difícil de saber, pero interesante de especular siguiendo la regla de que quien más lo proponga es quien más cree que ganará con eso.

Por otro lado, los argumentos a favor de dar el voto a los radicados en el extranjero afirman que el no tener ese voto equivale a retirar un derecho ciudadano a quien sigue siendo mexicano, especialmente a aquellos que se han visto forzados a salir por razones económicas.

Son argumentos de apariencia sólida, pero aún así, no anulan la realidad de que su voto sería uno sin responsabilidad personal y desinformado, si es que no se realizan campañas políticas mexicanas en suelo extranjero.

Estamos, pues, ante un caso de cierta morbosidad. De todas las prioridades mexicanas que enfrentamos, una de las de menor importancia es precisamente esta discusión acerca de si los mexicanos radicados en el extranjero deben o no votar.

La situación parece estar siguiendo una de las reglas del comportamiento humano: cuantos más graves son los problemas que se tienen, menor es la importancia de los asuntos que realmente se atienden.

La complejidad de la cuestión es tal que en mi opinión debe abandonarse durante un buen tiempo, muchos años. La razón es sencilla: existen problemas más serios y urgentes que éste.

Atender a esos asuntos graves y apremiantes redituará más beneficios al país e, incluso, ahorrará dinero, pero sobre todo, tiempo de nuestros gobernantes, quitando de en medio un inútil caso de potencial división de opiniones.

Es obvio que nuestro problema inmediato es uno de falta de inversión y eso debe ser atendido con toda la presteza posible. El resto puede dejarse para otra ocasión. No tiene caso perder el tiempo en barroquismos infructuosos. La primera prioridad mexicana es resolver la falta de inversión y su consecuencia, la pérdida de productividad.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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