Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Voto Popular Idolatrado
Eduardo García Gaspar
29 octubre 2004
Sección: LIBERTAD POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


Cuando la democracia es cuestión nueva en una nación, ella se entiende igual que un niño comprende el juguete que acaba de recibir, viendo la caja en el que viene envuelto y maravillándose con la colorida ilustración que lo muestra.

Abrir la caja, es otro cuento muy diferente.

México ha terminado de abrir la caja de ese nuevo y ansiado juguete y está teniendo el problema obvio; el juguete no es exactamente como lo describía el dibujo en la caja.

La democracia real, no la del dibujo, es menos bonita de lo que nos imaginábamos. Hay que leer instrucciones, hay que entender lo que hace y lo que no hace.

En este proceso, pensábamos que la democracia iba a resolver nuestros problemas con un nuevo presidente y en corto tiempo. La infantil ilusión no es realidad.

Y, peor aún, la malentendimos en buena medida al creer que la voluntad de la mayoría es lo que hace a la democracia, que votar y respetar el voto es todo el sistema democrático.

Nuestra historia, concretamente la reciente, estuvo llena de elecciones fraudulentas. Más aún, si algo quedó de las clases de civismo e historia en nuestras mentes fue esa expresión de “sufragio efectivo”. Es natural que nuestra obsesión democrática se haya fijado sólo en tener elecciones limpias y gobernantes electos realmente por la mayoría.

Pero eso de sufragio efectivo, de votos respetados y de elecciones honestas, distorsionó nuestra manera de pensar. Ese sufragio efectivo, tan glorificado, no supone que quienes votan son personas excepcionales, sabios capaces de los más sesudos análisis que lleven al poder a quien realmente tiene capacidad de ser un buen gobernante.

Y, sin embargo, eso es lo que creemos. Pensamos que la mayoría y su voluntad deben respetarse a toda costa, que la opinión de la mayoría es incuestionable y debe ser venerada.

La única razón por la que el voto es universal es la creencia de que todas las personas deben participar en la elección de los gobernantes, porque si eso no sucediera, quienes no pudieran votar serían relegados por la autoridad así elegida.

El voto popular no tiene justificaciones de altos vuelos, ni elevados ideales, que hacen de la opinión publica un sagrado elemento digno de ser puesto en un altar. Sirve sólo como un mecanismo que resuelve el problema de quien debe gobernar y eso lo hace ser un útil mecanismo de división del poder en el tiempo. No más que eso.

Un voto popular no puede dilucidar cuestiones morales, ni dictar juicios legales. Por eso aterran las encuestas que indican que el 58% de la gente piensa que alguna celebridad no es culpable del delito del que se le acusa; o que muestran que el 67% de la gente preferiría un gobierno totalitario si eso le resuelve sus problemas económicos.

Mucho me temo que hayamos colocado a la opinión pública en un nicho sacrosanto y a las encuestas de popularidad en el termómetro del desempeño de la autoridad. Guiarse por esas encuestas necesariamente supone que las personas son los sabios mayores y los más informados pensadores de las cuestiones públicas.

Todo lo que el voto puede hacer es seleccionar representantes políticos. Nada más que eso. El voto popular no es una fuerza intelectual incuestionable, llena de sabiduría y sapiencia.

Los votantes no somos clones de Tomas de Aquino, ni de Tocqueville, ni de Edmund Burke. No tenemos tiempo ni preparación para dictar una sentencia, ni seleccionar una política económica, ni escribir una ley fiscal.

Esa es la diferencia entre un gobernante y un estadista. Un gobernante tiene una mira limitada a su propia popularidad entre el electorado, incluso a pesar de cometer errores de gobierno, pero manteniendo ese aplauso público.

El estadista es lo contrario exactamente. Hemos abierto la caja y visto que el regalo que ansiábamos no es lo que pensábamos. Estamos en ese proceso.

Nuestro voto, la voz de la mayoría, no es el secreto de la democracia a pesar de que ciudadanos y gobernantes insistamos. Cuando nos demos cuenta de ello, entonces podremos entender que ese juguete es bueno y que es en realidad mejor de los que nos imaginábamos, aunque ahora no nos lo parezca.

ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.



4 Comentarios en “Voto Popular Idolatrado”
  1. Hector Arcos Roa Dijo:

    Hablando de votos he pensado en que beneficia al País, con diputados o sin ellos, en lo particular pienso gana mas el país sin diputados.

  2. ororascajo Dijo:

    Excelente articulo como otros que lei sobre el voto, te felicito. Soy abogado, de Perú, y estoy realizando una investigación, me gustaría escribirte o hablar contigo al respecto, mi correo es ororascajo@hotmail.com

  3. jimena Dijo:

    la verdad es que entiendo muy poco de esto pero se ve muy interesante

  4. daniela Dijo:

    es una bobada





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