Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
11 Domingo Ordinario A (2005)
Textos de un Laico
10 junio 2005
Sección: Sección: Asuntos, Y TEXTOS DE UN LAICO
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•En la primera lectura (Éxodo, 19, 2-6), se narra un pasaje después de la salida de Egipto. Moisés sube a un Duda de Santo Tomásmonte para hablar con Dios, quien le dice, “… Esto anunciarás a la casa de Israel… si escuchan mi voz y guardan mi alianza, serán mi especial tesoro… Ustedes serán para mí un reino de sacerdotes y una nación consagrada.”

Hay en estas palabras un claro llamado de Dios, quien pide que reconozcamos su voz, que le escuchemos y que guardemos su alianza. Es un llamado sencillo y que pone la responsabilidad de escucharle en nosotros.

No hay fuerza que nos obligue a hacerlo. La opción es nuestra. Si lo hacemos, si le escuchamos y guardamos su alianza, la recompensa será ser el tesoro especial de Dios.

El salmo responsorial redondea la idea con una oración íntimamente relacionada con esto. Dice, “El Señor es nuestro Dios y nosotros su pueblo.”

La frase expresa una culminación de lo dicho por Dios en el fragmento del Éxodo: somos ahora nosotros los que hablamos y aceptamos el llamado de Dios.

• En evangelio de hoy va más allá de esa lectura (Mateo, 9, 36-10, 8), presentando una meditación de Jesús. Ve él a las multitudes y se compadece de la gente. Ve que están extenuadas, que se encuentran desamparadas. La metáfora de Mateo es muy descriptiva y dice que las multitudes se encuentran “como ovejas sin pastor.”

Ante eso, Jesús habla y dice, “La cosecha es mucha y los trabajadores, pocos.” Para esas multitudes perdidas, es obvio, se necesitan guías y por eso añade, “Rueguen, por tanto, al dueño de la mies, que envíe trabajadores a sus campos.”

Es otro llamado que Dios nos hace. En el Éxodo nos llama a escucharle y estar en alianza con él. Ahora es más concreto y nos pide que roguemos al Señor para que mande guías, personas que sean las que orienten a esas multitudes extenuadas y sin amparo.

E inmediatamente después de decir eso, llamó a los discípulos y les dio esa misión, “… les dio poder para expulsar a los espíritus impuros y curar toda clase de enfermedades y dolencias… Vayan en busca de las ovejas perdidas… Vayan y proclamen por el camino que ya se acerca el Reino de los Cielos… Curen a los leprosos y demás enfermos… echen fuera a los demonios. Gratuitamente han recibido este poder; ejérzanlo gratuitamente.”

El evangelio, por tanto, amplía el texto del Antiguo Testamento. Dios nos está llamado y eso es claro en el Éxodo y en Mateo, quiere él que le escuchemos y al hacerlo nos dice algo muy específico: están allí las multitudes y necesitan ayuda, para eso manda a los discípulos con instrucciones concretas y poderes.

De aquí es posible derivar una idea al poner esas dos lecturas juntas: quienes escuchan a Dios y guardan la alianza con él tienen una misión, la de buscar a las ovejas perdidas y ayudarles a que ellas escuchen a Dios.

• San Pablo (Romanos, 5, 6-11) hace eso mismo, en la segunda lectura, explicando lo que Jesús ha hecho. “Cuando no teníamos fuerzas para salir del pecado, Cristo murió por nosotros… la prueba de que Dios nos ama está en que Cristo murió por nosotros, cuando aún éramos pecadores. Con mayor razón, ahora que hemos sido justificados por su sangre, seremos salvados por él del castigo final… nos gloriamos en Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo, por quien hemos obtenido ahora la reconciliación.”

Con esas palabras, San Pablo está cumpliendo con la solicitud de Cristo. Está siendo un discípulo que obedece al explicar a Jesús y por eso, nos acerca a él. Pablo está en busca de las ovejas perdidas y trata de hacerles entender a Dios. En realidad es el mismo papel que tiene Moisés en la lectura del Éxodo, a quien Dios pide hablar a su pueblo para que lo escuche.

Una de las ideas comunes en estas lecturas es la de escuchar a Dios, la de libremente por nuestra parte crear las oportunidades de escucharle. Porque Dios tiene cosas que decirnos, como se las dijo a los discípulos. Y sin duda una de las cosas que nos dirá es que si ya le escuchamos, entonces debemos ayudarle a que otros también le escuchen.

¿Qué hacer después de hacer estas lecturas? Ellas nos lo dicen con claridad: demos a Dios la oportunidad de que nos hable y aceptemos escucharle.

O visto del otro lado, no nos encerremos en nosotros mismos, ni nos ceguemos voluntariamente a Dios. Está el allí siempre, esperando que le demos libremente esa oportunidad de hablarnos.

La idea de Textos de un Laico nació en 2004: el intentar encontrar los comumes denominadores de las tres lecturas de la misa católica de cada domingo.

Del LAVALLE NACIONAL para uso del católico MEXICANO Compuesto por el Presbítero D. Julián G. Villaláin Edición Especial Herrero Hnos. Sucs. S.A. México, D.F. 1956

Devoción muy útil al acostarse.

Al acostarse escribe con el dedo pulgar en tu frente estas cuatro letras: J.N.R.J. diciendo entre tanto: Jesús Nazareno Rey de los Judíos, me preserve de mala muerte repentina.

El mismo Cristo dijo a San Edmundo que los que esto hiciesen no morirán en esa noche de muerte súbita. (Surius, Vida de San Edmundo. Devoción aprobada por la Santa Iglesia.).

Gregorio XIII (10 de abril de 1580) concede perpetuamente a los fieles un año de indulgencia por cada vez que al son de la campana en señal de elevación del Santísimo Sacramento, adoren al Divinísimo, en donde quiera que se hallen, hincados de rodillas; y dos años, si esto mismo se practica en la iglesia donde se hace la elevación. Asistiendo a la misa y diciendo al tiempo de alzar la siguiente jaculatoria: Sea alabado y dense gracias a cada instante y momento, al Santísimo y Divinísimo Sacramento; se ganan también 200 días de indulgencias, aplicables también a las almas del purgatorio (Pío VII, decreto de la S.C. de Indulgencias, 7 de diciembre de 1819).





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