Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
20 Domingo Ordinario A (2005)
Textos de un Laico
12 agosto 2005
Sección: Sección: Asuntos, Y TEXTOS DE UN LAICO
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• La primera lectura (Isaías, 56, 1.6-7), en una de sus partes, dice las siguientes palabras divinas, “A los Duda de Santo Tomásextranjeros que se han adherido al Señor para servirlo, amarlo y darle culto, a los que guardan el sábado sin profanarlo y se mantienen fieles a mi alianza, los conduciré a mi monte santo y los llenaré de alegría en mi casa de oración.”

Es un mensaje universal, a todos en todos los tiempos y lugares. Es una promesa de salvación eterna sustentada en la decisión de cada persona, la decisión de servirle, de amarle y de reconocerle como Dios; es la decisión propia de serle fiel.

Y si eso hacemos, la salvación será nuestra recompensa.

• El llamado tiene una situación concreta en la historia narrada en el evangelio de hoy (Mateo, 15, 21-28). La de la mujer cananea, que sale al encuentro de Jesús para pedir ayuda para su hija. La mujer grita pidiendo ver a Jesús, sin que éste le contestara.

Podemos imaginar la situación y saber que ella insistía gritando tanto que los discípulos hablan a Jesús, pidiendo que la atendiera.

Quizá ya no soportaban sus gritos al seguirlos, Jesús contesta a los discípulos diciendo que él se encarga de la casa de Israel, no de esa mujer cananea. Pero al llegar frente a Jesús, ella insiste en pedir su ayuda Y Jesús aún así niega su ayuda, sin que ella acepte esa respuesta.

Hasta que al final, Jesús exclama, “Mujer, ¡qué grande es tu fe! Que se cumpla lo que deseas.” La hija quedó curada en ese momento. Se muestra de nuevo esa noción, la de una decisión personal de reconocer a Dios y de tener fe en él. El evangelio, además, muestra que la fe debe ser insistente y mantenerse sin desfallecer.

La misma mujer, de no haber estado alimentada por una verdadera fe, se habría dado por vencida a los pocos intentos. Pero incluso frente al mismo Jesús no se da por vencida e insiste. No podemos imaginar que ella respondiera a Jesús de esa manera si ella no le conociera. Y lo conocía por la fe.

• Es la adhesión a Dios de la que se habla en Isaías y que en San Pablo (Romanos, 11, 13-15.29-32) se convierte en un llamado a todos en todas partes y en todos los tiempos. Pablo habla de judíos y no judíos, de todos a los que Dios quiere manifestar su misericordia.

Colocando las tres lecturas en conjunto, pueden verse dos elementos muy simples. Primero, está el llamado de Dios. El llamado universal a todas las personas sin excepción para que nos adhiramos a él, y le demos culto, es decir, le reconozcamos como Dios y Señor. De hacer esto, nos dice Dios, la recompensa será nuestra salvación.

El otro elemento es nuestra respuesta a ese llamado y que el evangelio muestra en la historia de la mujer cananea. Con insistencia que llega a la terquedad aparente, la mujer pide ayuda y esa insistencia sólo puede entenderse viendo que ella cree, que ella tiene fe. Pero esa mujer podía haber hecho lo opuesto. Podía haber tenido a su hija enferma y quizá ni siquiera pensar en Jesús; o tal vez hacer un par de intentos y retirarse si es que no tiene éxito.

La idea de Textos de un Laico nació en 2004: el intentar encontrar los comumes denominadores de las tres lecturas de la misa católica de cada domingo.


Del LAVALLE NACIONAL para uso del católico MEXICANO Compuesto por el Presbítero D. Julián G. Villaláin Edición Especial Herrero Hnos. Sucs. S.A. México, D.F. 1956

Devoción muy útil al acostarse.

Al acostarse escribe con el dedo pulgar en tu frente estas cuatro letras: J.N.R.J. diciendo entre tanto: Jesús Nazareno Rey de los Judíos, me preserve de mala muerte repentina.

El mismo Cristo dijo a San Edmundo que los que esto hiciesen no morirán en esa noche de muerte súbita. (Surius, Vida de San Edmundo. Devoción aprobada por la Santa Iglesia.).

Gregorio XIII (10 de abril de 1580) concede perpetuamente a los fieles un año de indulgencia por cada vez que al son de la campana en señal de elevación del Santísimo Sacramento, adoren al Divinísimo, en donde quiera que se hallen, hincados de rodillas; y dos años, si esto mismo se practica en la iglesia donde se hace la elevación. Asistiendo a la misa y diciendo al tiempo de alzar la siguiente jaculatoria: Sea alabado y dense gracias a cada instante y momento, al Santísimo y Divinísimo Sacramento; se ganan también 200 días de indulgencias, aplicables también a las almas del purgatorio (Pío VII, decreto de la S.C. de Indulgencias, 7 de diciembre de 1819).





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