Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
24 Domingo Ordinario A (2005)
Textos de un Laico
9 septiembre 2005
Sección: Sección: Asuntos, Y TEXTOS DE UN LAICO
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•La lectura primera de este domingo (Eclesiástico, 27, 33-28, 9) presenta el gran tema del resto de las lecturas. Duda de Santo TomásDice, “Perdona la ofensa a tu prójimo y así, cuando pidas perdón se te perdonarán tus pecados… El que no tiene compasión de un semejante, ¿cómo pide perdón de sus pecados?… Piensa en tu fin y deja de odiar… no guardes rencor a tu prójimo.”

Mayor claridad no puede pedirse. La voluntad de Dios nos manda a una acción lógica, la de perdonar a los demás por sus faltas si es que queremos que Dios perdone las nuestras. La mención explícita de las palabras “odiar” y “rencor” profundizan en esto, pues lo que evita el perdón es el odio, el encono y el desafecto —lo contrario es el amor, pues por definición quien ama, perdona; y quien odia, no lo hace.

Siendo Dios amor es lógico que él perdone nuestras faltas, pero también es lógico que las perdone cuando también nosotros actuamos como él, con amor.

• El evangelio contiene la misma idea del perdón, pero la lleva mucho más allá. Mateo (18, 21-35) narra lo que da inicio con la pregunta de Pedro, “Si mi hermano me ofende, ¿cuantas veces debo perdonarlo? ¿Hasta siete veces?” La respuesta de Jesús es igualmente clara. Le responde a Pedro, “No sólo siete, sino hasta setenta veces siente”, queriendo con ello significar que siempre debe perdonarse.

Y a continuación, Jesús ilustra lo que quiere decirnos con la parábola del rey que perdona una gran deuda de uno de sus servidores y éste, una vez perdonado se rehusa a perdonar a un deudor suyo —por lo que enterado el rey manda arrestarlo y lo condena. De esta manera, Dios confirma ese mandato de perdón que nos impone desde las palabras de Eclesiastés. Perdona si quieres ser perdonado, lo que quizá puede ponerse en otras palabras, ama si quieres ser amado.

El salmo responsorial de este domingo contiene la misma idea, la del perdón. Dice, “El Señor es compasivo y misericordioso… El Señor perdona tus pecados… El Señor no nos condena para siempre, ni nos guarda rencor perpetuo… como un padre es compasivo con sus hijos, así de compasivo es el Señor con quien lo ama.”

• La carta de San Pablo (Romanos, 14, 7-9) enriquece todo lo anterior con una muy breve frase, “somos del Señor”, de lo que necesariamente se sigue que como él debemos actuar, amando y por tanto, perdonando. Las palabras de la aclamación antes del evangelio hablan de lo mismo, diciendo, “Les doy hoy un mandamiento nuevo, dice el Señor, que se amen los unos a los otros, como yo los he amado.”

Colocando todas las lecturas como un todo, lo que ellas dicen es directo y sin complicaciones. El que ama, por necesidad, perdona. Dios nos ama y por eso perdona nuestras faltas. Debido a nuestra semejanza con Dios, también nosotros estamos obligados a eso mismo, a amar y por consecuencia, a perdonar tantas veces como sea necesario a nuestro prójimo.

La idea de Textos de un Laico nació en 2004: el intentar encontrar los comumes denominadores de las tres lecturas de la misa católica de cada domingo.

Del LAVALLE NACIONAL para uso del católico MEXICANO Compuesto por el Presbítero D. Julián G. Villaláin Edición Especial Herrero Hnos. Sucs. S.A. México, D.F. 1956

Devoción muy útil al acostarse.

Al acostarse escribe con el dedo pulgar en tu frente estas cuatro letras: J.N.R.J. diciendo entre tanto: Jesús Nazareno Rey de los Judíos, me preserve de mala muerte repentina.

El mismo Cristo dijo a San Edmundo que los que esto hiciesen no morirán en esa noche de muerte súbita. (Surius, Vida de San Edmundo. Devoción aprobada por la Santa Iglesia.).

Gregorio XIII (10 de abril de 1580) concede perpetuamente a los fieles un año de indulgencia por cada vez que al son de la campana en señal de elevación del Santísimo Sacramento, adoren al Divinísimo, en donde quiera que se hallen, hincados de rodillas; y dos años, si esto mismo se practica en la iglesia donde se hace la elevación. Asistiendo a la misa y diciendo al tiempo de alzar la siguiente jaculatoria: Sea alabado y dense gracias a cada instante y momento, al Santísimo y Divinísimo Sacramento; se ganan también 200 días de indulgencias, aplicables también a las almas del purgatorio (Pío VII, decreto de la S.C. de Indulgencias, 7 de diciembre de 1819).





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