Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
25 Domingo Ordinario A (2005)
Textos de un Laico
16 septiembre 2005
Sección: Sección: Asuntos, Y TEXTOS DE UN LAICO
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• La primera lectura (Isaías, 55, 6-9) sienta el tema de las lecturas de hoy. Lo hace de manera doble. Por un Duda de Santo Tomáslado, invita a hacer un llamado a Dios, diciendo “Busquen al Señor mientras lo pueden encontrar, invóquenlo mientras esté cerca.”

Y por el otro, nos hace una especie de prevención al mencionar, “Mis pensamientos no son los pensamientos de ustedes, sus caminos no son mis caminos, dice el Señor.” La primera idea es sencilla y nos pide invocar a Dios, pero la segunda nos dice algo adicional: nuestro entendimiento de Dios es limitado. Entenderle no está a nuestro alcance. Tiene él sus caminos y sus pensamientos.

• El evangelio de este domingo completa la idea (Mateo, 20, 1-16) al narrar Jesús la parábola del propietario de la viña que contrata a trabajadores a diferentes horas y a todos paga por igual, sin importar lo que ellos han laborado.

Los hombres que más han trabajado, desde la mañana, saben que quienes han trabajado poco reciben un denario; en la lógica humana, por supuesto, desarrollan la expectativa de que recibirán más. Sin embargo, el señor de la viña les paga lo mismo que al resto, ante lo que ellos reclaman: habían soportado el trabajo de todo el día y se les paga lo mismo. Lo que el señor de la viña les responde muestra esos otros caminos y pensamientos.

Responde él, “Amigo, yo no te hago ninguna injusticia. ¿Acaso no quedamos que te pagaría un denario? Toma pues lo tuyo y vete. Yo quiero darle al que llegó al último lo mismo que a ti. ¿Qué no puedo hacer con lo mío lo que yo quiero? ¿O vas a tenerme rencor porque yo soy bueno?” En la parábola están las ideas de Isaías.

La convocatoria al Señor que llega y ofrece ir a su viña, con los trabajadores aceptando; más al final, el inesperado razonamiento del señor, que paga a todos por igual, desafiando la lógica más primitiva de los trabajadores.

Y es que al final, cuando llamamos a Dios y le invitamos a nuestra vida somos de esos trabajadores, de los que se espera esfuerzo y una misma paga al final del día, aunque ello desafíe nuestras expectativas. Al llamarle, debemos comprenderlo, nos ponemos bajo su mandato y habrá veces que no podamos comprenderlo totalmente.

• San Pablo (Filipenses, 1, 20-24.27) agrega otra perspectiva. Habla de continuar viviendo, lo que podemos entender como el seguir trabajando en la viña del Señor, dando los frutos que nos pide al invocarle. Y habla también de la muerte, del final de la jornada de trabajo, diciendo que es una ganancia a la que ansía llegar.

Dice él, “Me hacen fuerza ambas cosas; por una parte el deseo de morir y estar con Cristo, lo cual, ciertamente, es con mucho lo mejor; y por la otra, el de permanecer con vida, porque eso es necesario para el bien de ustedes.”

En vida y en muerte, por tanto está Cristo presente y, si realmente lo pensamos entenderemos esa dualidad en la que tiene más poder el morir para ir a Cristo, pero que acepta el mandato divino de permanecer con vida trabajando en la viña por el bien de los demás.

Poniendo las tres lecturas juntas, ellas nos invitan a llamar a Dios a nuestras vidas y aceptar el trabajo que nos pide realizar, es decir, tener una vida de frutos buenos. Más aún, éste es un mensaje de esperanza, pues nos habla de que nunca es tarde para aceptar llamar a Dios, sea temprano en nuestra vida o ya en momentos de mayor edad.

La viña está abierta para todos, desde el amanecer hasta el anochecer y la recompensa es igual para todos, porque Dios es bueno.

La idea de Textos de un Laico nació en 2004: el intentar encontrar los comumes denominadores de las tres lecturas de la misa católica de cada domingo.

Del LAVALLE NACIONAL para uso del católico MEXICANO Compuesto por el Presbítero D. Julián G. Villaláin Edición Especial Herrero Hnos. Sucs. S.A. México, D.F. 1956

Devoción muy útil al acostarse.

Al acostarse escribe con el dedo pulgar en tu frente estas cuatro letras: J.N.R.J. diciendo entre tanto: Jesús Nazareno Rey de los Judíos, me preserve de mala muerte repentina.

El mismo Cristo dijo a San Edmundo que los que esto hiciesen no morirán en esa noche de muerte súbita. (Surius, Vida de San Edmundo. Devoción aprobada por la Santa Iglesia.).

Gregorio XIII (10 de abril de 1580) concede perpetuamente a los fieles un año de indulgencia por cada vez que al son de la campana en señal de elevación del Santísimo Sacramento, adoren al Divinísimo, en donde quiera que se hallen, hincados de rodillas; y dos años, si esto mismo se practica en la iglesia donde se hace la elevación. Asistiendo a la misa y diciendo al tiempo de alzar la siguiente jaculatoria: Sea alabado y dense gracias a cada instante y momento, al Santísimo y Divinísimo Sacramento; se ganan también 200 días de indulgencias, aplicables también a las almas del purgatorio (Pío VII, decreto de la S.C. de Indulgencias, 7 de diciembre de 1819).





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