Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
29 Domingo Ordinario A (2005)
Textos de un Laico
14 octubre 2005
Sección: Sección: Asuntos, Y TEXTOS DE UN LAICO
Catalogado en:


• En el evangelio de hoy (Mateo, 22, 15-21) se narra el muy célebre pasaje de la moneda con la imagen del César. Partidarios de Herodes son enviados ante Jesús para provocarle problemas.

Lo que hacen es plantear la legalidad del pago de impuestos a Roma, un tema en el que cualquiera que fuese su respuesta, podría causar dificultades.

Pero Jesús, sabiendo estas intenciones, hace una separación que es clave. Viendo en la moneda una imagen en la moneda que pide, pregunta de quién es esa imagen.

Le responden que del César y a ello, entonces, responde con “Den, pues, al César lo que es del César y a Dios, lo que es de Dios.” Se indica así una separación, una línea divisoria muy clara que es trazada entre los asuntos de una y otra índole. Dios está más allá de las cuestiones de impuestos, dinero y, por implicación, de las cuestiones terrenales.

• De otra manera y con otras palabras, esa misma separación está contenida en la primera lectura (Isaías, 45 1.4-6). Las palabras de Dios mismo son “Yo soy el Señor y no hay otro; fuera de mí no hay Dios… para que todos sepan, de oriente a occidente, que no hay otro Dios fuera de mí. Yo soy el Señor y no hay otro.”

Es éste un mensaje igualmente claro para entender que a Dios no lo podemos mezclar con otras cuestiones. El pasaje del evangelio tiene la virtud de llevar esa noción de separación en relación a lo que quizá sea el mayor de los símbolos terrenales, el dinero, la moneda, que puede ser vista como todo lo que es material. Dios está por encima de todo eso. Dios es diferente. No debemos mezclarlo con otros asuntos.

• Cuando nuestras acciones toman en cuenta esto y actuamos colocando a Dios en el lugar que se merece, las palabras de Pablo (Tesalonicenses, 1, 1-5) tienen un gran sentido. Dice él, “Ante Dios, nuestro Padre, recordamos sin cesar las obras que manifiestan la fe de ustedes, los trabajos fatigosos que ha emprendido su amor y la perseverancia que les da su esperanza en Jesucristo, nuestro Señor.”

Y es que cuando creemos que Dios es lo más importante de nuestra vida realmente podemos entender cabalmente el significado de esas palabras, “nuestro Padre.” Entendiéndolas, necesariamente comenzaremos a realizar esas obras que manifiestan la fe nuestra y seremos capaces de los trabajos fatigosos de los que habla San Pablo.

De las palabras mismas que decimos, “Padre nuestro,” todo se sigue lógicamente si es que las creemos con sinceridad. No extraña, por tanto, que esas sean las primeras palabras de la oración perfecta. Al pronunciarlas debemos entender que no hay otro, que él es Dios, nuestro creador, a quien colocamos por separado, en el primero de los planos de nuestra vida.

De allí necesariamente se desprende eso que nos narra el evangelio y lo que nos dice Pablo: será la esperanza en Jesucristo la que mueva nuestra vida y, así es que seremos testigos de Dios ante los demás.

La idea de Textos de un Laico nació en 2004: el intentar encontrar los comumes denominadores de las tres lecturas de la misa católica de cada domingo.

Del LAVALLE NACIONAL para uso del católico MEXICANO Compuesto por el Presbítero D. Julián G. Villaláin Edición Especial Herrero Hnos. Sucs. S.A. México, D.F. 1956

Devoción muy útil al acostarse.

Al acostarse escribe con el dedo pulgar en tu frente estas cuatro letras: J.N.R.J. diciendo entre tanto: Jesús Nazareno Rey de los Judíos, me preserve de mala muerte repentina.

El mismo Cristo dijo a San Edmundo que los que esto hiciesen no morirán en esa noche de muerte súbita. (Surius, Vida de San Edmundo. Devoción aprobada por la Santa Iglesia.).

Gregorio XIII (10 de abril de 1580) concede perpetuamente a los fieles un año de indulgencia por cada vez que al son de la campana en señal de elevación del Santísimo Sacramento, adoren al Divinísimo, en donde quiera que se hallen, hincados de rodillas; y dos años, si esto mismo se practica en la iglesia donde se hace la elevación. Asistiendo a la misa y diciendo al tiempo de alzar la siguiente jaculatoria: Sea alabado y dense gracias a cada instante y momento, al Santísimo y Divinísimo Sacramento; se ganan también 200 días de indulgencias, aplicables también a las almas del purgatorio (Pío VII, decreto de la S.C. de Indulgencias, 7 de diciembre de 1819).





esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras