Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
4 Equivocaciones Comunes
Leonardo Girondella Mora
11 abril 2005
Sección: FALSEDADES, Sección: Listas
Catalogado en:


Lo conozco desde 1960. Somos amigos cercanos. Con frecuencia comemos y bebemos y conversamos de mil cosas diferentes, pero en política diferimos totalmente.

Yo estoy fuertemente inclinado del lado de las libertades humanas y de una ética conservadora, y él no es socialista, ni progresista, ni comunista, ni alguna de las otras posiciones que son contrarias a las mías —mi amigo sencillamente sucumbe a algunas de las más alocadas de las teorías y a las más simplistas explicaciones que flotan en el medio ambiente.

Teniendo una buena amistad con él, explícitamente solicité su venia para escribir sobre sus opiniones, a lo que accedió de inmediato y de buena gana. No mencionaré su nombre, porque no interesa, pero sí expondré algunas de las opiniones a las que cede, creo yo, como víctima inocente de análisis mal hechos.

Mi amigo es una buena persona, pero sus ideas no van con esa bondad que le caracteriza.

Las siguientes son algunas de las instancias en las que nuestras opiniones son distintas, fuertemente distintas. Pondré entrecomilladas sus aseveraciones y posteriormente mis comentarios. Pero antes contesto una pregunta que el lector estará haciéndose, ¿por qué hacer esto?

Porque creo que lo que le sucede a mi amigo le sucede a muchas otras personas, que igual que él combaten con dureza sin quererlo las ideas en las que en el fondo creen.

1. “Todas las guerras son artificialmente provocadas con objeto de dar incentivos a las economías y ellas son buenas para mejorar a la economía del país.”

Si eso fuera cierto, tanto el atacante como el atacado vivirían una plena maravilla económica que elevara los estándares de vida. Pocas ambiciones de los gobiernos habría como el ser atacados por otros y con eso quitarse de crisis económicas.

Lo mejor que le hubiera pasado a México en 1982, por ejemplo, habría sido el ser atacado por los EEUU. Lo que sucede es que se piensa en la nación que ataca y no en la atacada, la que si ese razonamiento es cierto, viviría un boom económico.

Ninguna guerra es económicamente beneficiosa pues destruye recursos y los que emplea no se usan para elevar el bienestar de la nación y sus habitantes. Los recursos usados en la guerra podrían ser mejor empleados, quizá, en subsidiar industrias sin necesidad de emprender una guerra —los subsidos son negativos pero sin duda son mejores usados en situación de paz que de guerra.

Una guerra, sin duda, beneficia a las industrias que se especializan en la fabricación de artículos bélicos, pero eso significa que se beneficia al resto de las empresas que no los producen. El resultado neto es un mayor uso de recursos para bienes que no elevarán el bienestar de las personas.

2. “Bush invadió Irak por el petróleo.”

Puede ser, pero hay otras posibilidades quizá mayores en fuerza. ¿Qué tal una amenaza terrorista? Sin duda es más urgente ésta posibilidad que la otra, porque después de todo hay petróleo en otras partes como México, Venezuela, Arabia Saudita, Rusia, y el mismo territorio norteamericano. Pero hay más.

Si se fue a Irak por el petróleo, ¿cuánto es el precio que se paga por el barril iraquí con guerra y sin guerra? Habría sido más barato sin duda pagarle a Sadam Husein una buena cantidad de dinero por su petróleo, menor al costo de la guerra. Sin duda el petróleo influyó a las dos partes: Sadam nadaba en dinero y el gobierno de los EEUU vio una amenaza en toda la zona petrolera

Demasiado simplista su razonamiento pues no tiene el poder de explicar facetas del conflicto, como la posibilidad de seguir comprando el petróleo sin el costo de una guerra.

3. “Deberían cerrar las fronteras siquiera unos pocos años para proteger a la industria nacional y darle oportunidad de que madure.”

Es en esencia lo que se hizo en México en los años 60 y 70, del siglo pasado. El resultado neto, nada impresionante. Desde luego crecieron las industrias, pero ellas no se pusieron a la altura de calidad ni precios para competir globalmente.

Desde Adam Smith se sabe el viejo razonamiento: cuando se cierran las fronteras los productos suben de precio y eso lastima a los consumidores beneficiando a las empresas de manera artificial —en el momento de abrir las fronteras, las empresas que no exportaban no están a la altura para hacerlo. Cerrar las fronteras, además, sólo produce una asignación de recursos diferente a la que se haría con las fronteras abiertas sin crear más riqueza ni más inversión.

Y, desde luego, está el problema de la “búsqueda de rentas.” Muchas personas harán inversiones en industrias cuyos beneficios reales no vienen de la necesidad de sus productos entre los consumidores, sino de los beneficios dados por el gobierno al cerrar las fronteras.

4. “La deuda externa de los países sigue reglas que los dañan intencionalmente.”

Aquí mi amigo tiene ideas más concretas y, mucho me temo, también comunes, por lo que vale la pena ir paso a paso en su razonamiento.

A. “Los bancos e instituciones mundiales ofrecen créditos a los países subdesarrollados y sus gobiernos los aceptan, pagando un interés acordado.”

Es cierto. Los bancos ofrecen créditos. De eso viven, de captar fondos y prestarlos. La banca ejerce esa tarea de intermediación financiera. Prestan no sólo a gobiernos, sino a empresas, instituciones y personas. En este caso se dice que los bancos ofrecen préstamos, pero también es cierto que los préstamos son solicitados —no sólo ofrecidos.

Y por el uso de ese dinero se cobra un interés que varía dependiendo de condiciones de mercado y del riesgo de no devolución. Nada que no sea lógico, pero cuyos detalles mi amigo suele ignorar. Él se inclina a pensar que los gobiernos son forzados a tomar esos préstamos sin necesitarlos y sin tener uso para esos fondos.

B. “Los préstamos obligan a los gobiernos a pagar intereses.”

Es cierto. Como a cualquier otro que acepta un préstamo, ello le implica el pagar una tasa de interés —algo que es equivalente a la renta del uso del dinero. Detrás de esto hay una acción lógica que es el usar el monto prestado en una actividad que dará al menos para pagar los intereses y pagar el monto prestado —de lo contrario, pedir prestado es una acción errónea.

Es decir, pedir prestado significa que se tiene un proyecto que dará para pagar el préstamo.

Mi amigo no entiende muy bien esto. Cree que los intereses pagados son indebidos y no tiene mucha conciencia de que también se debe devolver el dinero prestado, sea quien sea el que lo pide. En su mundo, los gobiernos son forzados a recibir préstamos y obligados a pagar intereses en beneficio del prestamista —no considera él que quien recibe el dinero primero lo acepta voluntariamente y que eso le implica la obligación de devolverlo con intereses.

Y además, el receptor del préstamo tiene obligación de usarlo con prudencia en un actividad que le es de beneficio, pues de lo contrario no lo aceptaría.

C. “Y luego lo que sucede es que suben los intereses y tienes que pagar más, por lo que los presupuestos de los gobiernos se dañan y tienen que recortar presupuestos de educación, por ejemplo.”

Los intereses pueden subir, pero también bajar, dependiendo de las condiciones del préstamo y los mercados de dinero. Mi amigo supone, sin decirlo abiertamente, que las tasas siempre suben, lo que es falso, y peor aún, que la intención de subir es lastimar a los países endeudados —las tasas suben y bajan dependiendo de muchos factores del mercado y no son manejadas intencionalmente para exprimir a los gobiernos que pidieron préstamos, como él implica.

No tiene lógica elevar los intereses y con ello elevar las probabilidades de no pago.

D. “Además, los países desarrollados causan la devaluación de la moneda del país que pidió prestado para de esta manera cobrar más dinero.”

Mi amigo, en esto, yerra de cabo a rabo. Las devaluaciones de una moneda tienen como causa central las decisiones de su propio gobierno, no las de autoridades en otros países. Si se devalúa el peso o el cruzeiro, eso es efecto de realidades como emisión de dinero o inflación, que es la pérdida de valor de la moneda. El responsable de eso no es un gobierno extranjero, ni los bancos que dieron los préstamos.

Decir que la devaluación es intencional por parte de otros gobiernos para hacer que paguen más es falso —van a pagar la misma cantidad en moneda extranjera y el que ha prestado no recibirá más, sino lo mismo, pero agravando el riesgo de que no le sea devuelto el préstamo. No es racional que alguien haga algo para dañar a quien le debe dinero y así no le pague.

E. “Al no poder pagar los préstamos, el gobierno pide ayuda a los organismos internacionales como el FMI y se le obliga a hacer cosas que no quería, como recortar presupuestos y vender empresas del gobierno.”

Mi amigo entiende que los gobiernos que entran en crisis y solicitan ayuda internacional, como ha sucedido muchas veces, son inocentes de toda culpa —según él, bancos y gobiernos extranjeros intencionalmente hicieron entrar en crisis al país y evitar que pagara los préstamos que recibió.

No es racional dañar a quien recibe un préstamo con la intención que no lo pague porque el beneficio del que presta está en que el préstamo le sea devuelto y no en evitar su pago.

Pero la cosa va más allá. Mi amigo cree que los gobiernos endeudados no tienen responsabilidad alguna, cuando en realidad la tienen para usar el dinero de manera prudente y así cumplir con los compromisos de pago y de estabilidad de su moneda.

Quien recibe un préstamo también tiene obligaciones —es un asunto de responsabilidad en el uso del dinero recibido y de llevar el orden sus finanzas.

Cuando pide ayuda internacional un gobierno, en este terreno, lo que le sucede es que se ha quedado sin dinero y necesita préstamos de emergencia para cumplir con obligaciones que previó malamente. Quien entra con préstamos de emergencia, naturalmente, exigirá poner en orden la casa.

Esto es volver a la realidad de recursos limitados. Que el gobierno haya tenido las mejores intenciones no es suficiente, también se debe ser lógico y juicioso.

Mi amigo, de acuerdo a lo que dice de la deuda externa de los gobiernos, no aplica razonamientos con cordura realista y contempla conjuras inexactas que no tienen apego a la realidad. La equivocación de mi amigo, me parece, es frecuente y provoca también un mal análisis del problema de la deuda externa al asignar la culpa de todo a factores externos y oscuras intenciones, cuando la realidad es más inocente: los préstamos a gobiernos son acciones voluntarias de dos partes y ambas tienen responsabilidades al prestar y al pedir prestado.

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Mi amigo es un buen tipo, pero las ideas que sostiene son equivocadas. No hay malas intenciones en él, simplemente está repitiendo lo que otros dicen sin mucho pensar. Es más fácil duplicar que analizar y es por esto que ideas como las de mi amigo son más extendidas que las ideas que mejor explican la realidad.


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.





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