Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
4 Domingo Cuaresma A (2005)
Textos de un Laico
4 marzo 2005
Sección: Sección: Asuntos, Y TEXTOS DE UN LAICO
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• El evangelio de hoy (Juan 9, 1-41) cuenta la historia alrededor del ciego curado por Jesucristo. Inicia con la Duda de Santo Tomáspresencia de ese ciego de nacimiento y la duda natural humana, ¿qué ha hecho de malo ese ciego para serlo, o acaso fueron sus padres los que en esa ceguera recibieron un castigo?

Ante lo que Jesús, no sólo devuelve la vista al enfermo, sino que aclara el entendimiento de sus discípulos, “Nació así para que en él se manifestaran las obras de Dios.”

Sigue, después del milagro de Jesús, el párrafo en el que los vecinos se maravillan de lo acontecido y con curiosidad preguntan por el autor de la maravilla.

De allí se deriva la discusión con los fariseos, el interrogatorio al que era ciego, las preguntas a los padres de éste, el retorno a un nuevo interrogatorio… todo presentando en esencia la idea de que esos fariseos estaban también ciegos, aunque de otro modo.

Tan ciegos que echaron fuera al hombre curado sin querer reconocer lo que había pasado.

La historia de Juan continúa, ahora con Jesucristo que se entera de lo sucedido y es él ahora quien interroga al ciego, preguntando si cree, a lo que él responde, “Creo, señor” y le adora postrándose ante Jesús. El contraste no puede ser mayor en la narración entre quien cree y no cree, entre quien ve y quien no ve. Es una hermosa comparación entre la vista de los ojos y la vista de la fe.

• La misma esencial idea está en la primera lectura (Samuel, 16, 1.6-7.10-13). Allí Dios asigna a Samuel una tarea, la de ungir a uno de los hijos de Jesé, ante lo que Samuel sufre una confusión. No sabe él cuál de los hijos debe ser ungido y creyendo que es uno de ellos, Dios le corrige diciendo, “No te dejes impresionar por su aspecto… porque yo no juzgo como juzga el hombre. El hombre se fija en las apariencias, pero el Señor se fija en los corazones.” De nuevo está aquí la idea de ver, pero ver de otra manera, una idea que Pablo redondea en su epístola.

• La carta a los efesios (5, 8-14) hace otra comparación similar. Pablo habla de luz y de tinieblas. “Cristo será tu luz,” dice el apóstol. Es lógico ver el paralelo entre las lecturas que hablan de poder ver. Pero es un poder ver que va más allá de lo físico, es el ver con la mente, o mejor dicho con la fe.

El ciego de nacimiento fue curado de un padecimiento del cuerpo y era esa la vía para que otros vieran con su alma. Los fariseos se negaron a hacerlo y por eso mantuvieron su ceguera al mismo tiempo que en el ciego se obró otro milagro aún mayor, el del reconocimiento de Jesús como Dios.

Ése es el real milagro que tiene un giro portentoso en una de las partes del Salmo Resposorial: “Dios… me guía por el camino recto; así, aunque camine por cañadas oscuras, nade temo, porque tú estás conmigo.” ¿Cómo es posible vivir sin tener la luz que ilumina nuestra existencia? Sin poder ver será imposible seguir el camino correcto.

Las tres lecturas, cada una a su estilo, nos dan la respuesta. En Samuel, Dios nos dice que los hombres vemos de manera diferente a como él ve; en Juan, la historia del ciego va muchos pasos más allá y nos pide comprender que debemos evitar la ceguera que nos impide ver a Jesús; y Pablo, lo pone en palabras sencillas diciendo que Jesús es la luz.

Es franco el mensaje de las lectura, que nos dicen que mientras nuestros ojos pueden ver, quizá nuestra fe está cegada y que podemos abrirla si lo pedimos a Jesucristo, quien obrará en nosotros un milagro aún mayor que el del ciego de nacimiento, llevándonos a una acción lógica, la de postrarnos ante él y decirle, “Señor, creo.” Si lo hacemos en una actitud sincera y abierta, podemos estar seguros de que el milagro sucederá y que por eso tendremos la luz que necesitamos en el camino de nuestra vida.

La idea de Textos de un Laico nació en 2004: el intentar encontrar los comumes denominadores de las tres lecturas de la misa católica de cada domingo.

Del LAVALLE NACIONAL para uso del católico MEXICANO Compuesto por el Presbítero D. Julián G. Villaláin Edición Especial Herrero Hnos. Sucs. S.A. México, D.F. 1956

Devoción muy útil al acostarse.

Al acostarse escribe con el dedo pulgar en tu frente estas cuatro letras: J.N.R.J. diciendo entre tanto: Jesús Nazareno Rey de los Judíos, me preserve de mala muerte repentina.

El mismo Cristo dijo a San Edmundo que los que esto hiciesen no morirán en esa noche de muerte súbita. (Surius, Vida de San Edmundo. Devoción aprobada por la Santa Iglesia.).

Gregorio XIII (10 de abril de 1580) concede perpetuamente a los fieles un año de indulgencia por cada vez que al son de la campana en señal de elevación del Santísimo Sacramento, adoren al Divinísimo, en donde quiera que se hallen, hincados de rodillas; y dos años, si esto mismo se practica en la iglesia donde se hace la elevación. Asistiendo a la misa y diciendo al tiempo de alzar la siguiente jaculatoria: Sea alabado y dense gracias a cada instante y momento, al Santísimo y Divinísimo Sacramento; se ganan también 200 días de indulgencias, aplicables también a las almas del purgatorio (Pío VII, decreto de la S.C. de Indulgencias, 7 de diciembre de 1819).





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