Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Adicciones, Las Otras
Eduardo García Gaspar
16 mayo 2005
Sección: SALUD, Sección: Una Segunda Opinión
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No ha mucho que me encontraba comiendo en un evento de muchos centenares de personas y en el que la comida se ofrecía en un bufete. Usted sabe, la gente se levanta de sus asientos y procede a servirse a las mesas en las que la comida se ofrece a discreción.

Fui testigo de un suceso que me ha perseguido todos estos años.

Una persona se sirvió tres o cuatro postres, grandes rebanadas de pasteles de diversos tipos. No eran para compartir con sus compañeros de mesa. Eran para ella y vi cómo las ingirió hasta no dejar migas sobre el plato.

Las imágenes del episodio retornaron a mi mente con otros sucesos. Uno de ellos fue similar. No con comida, sino con bebida.

La persona mostró un apetito feroz consumiendo whisky. El otro me permitió ver la situación de una persona que se comportó como voraz compradora. No hubo cosa que no comprara en esa visita a un centro comercial.

Las tres situaciones son similares. Tienen en esencia algo de adicción, de esclavitud ante la comida, la bebida, las compras.

Podría hablarse de vicios, de compulsiones, ante los que se cede y sucumbe. Y éste precisamente fue el tema de conversación con una persona a la que respeto mucho por ser muy racional, fríamente racional, hasta la desesperación en ocasiones.

Me dijo que sí, que en realidad se trataba de adicciones no muy diferentes a las de las drogas: ciertos objetos o acciones se vuelven esenciales para vivir. No diferente, por ejemplo, al que necesita a toda costa tener un automóvil de lujo del año para presentarse ante sus amigos.

Continuó diciendo que pueden verse estas adicciones como enfermedades casi literalmente. Pero lo que siguió diciendo yo no lo esperaba. Me dijo que existía otra adicción que se estaba reconociendo como tal, la adicción al sexo. Gente que no puede vivir sin ese tipo de actividad. Que como el que bebe mucho no puede dejar de pensar en bebida, éste no puede dejar de pensar en el sexo.

Y narró el caso de un artista de la televisión de EEUU que padeció en extremo esta adicción. El común denominador de los casos anteriores es claro. Las personas se rinden ante algo. Podría hablarse de obsesiones con la comida, el sexo, lo que sea. Pensando en esto se me ocurrió una idea que comparto con usted.

Es posible que estas obsesiones sea vistas como eso, como adicciones que necesitan ser tratadas médica o mentalmente. Su remedio sería de ese tipo, medicinal. Pero también es posible ver esos casos de otra manera, con una solución filosófica o religiosa. Consistiría en hacer pensar a esas personas adictas en otra idea, la de una persona humana digna, libre, con valor, que no debe aceptar su rendición ante un objeto de valor inferior.

Es como un contraveneno que no es medicinal, sino de forma de pensar. Con una ventaja, quien piense que es una persona con valor estará razonablemente vacunada contra esas adicciones. Hace tiempo salió un libro titulado “Más Platón y menos Prozac” con esta misma idea, la de tratar a las personas por medio de las ideas correctas más que por medio de medicinas.

Tener ideas incorrectas es un padecimiento que ninguna medicina remedia.

Dije que era también una solución religiosa. Creo que lo es porque la situación de una persona que se rinde ante la comida, la bebida, las compras, el sexo, presenta un caso incongruente con la noción de ser una creación de Dios. Quien literalmente cree ser hijo de Dios sucumbirá menos ante todo eso.

En nuestros tiempos, hay grandes adelantos científicos y técnicos. Eso es grandioso. Pero estamos cometiendo el mismo error de Comte hasta donde me doy cuenta. El creer que la ciencia lo resuelve todo.

Y, la verdad, no veo cómo la ciencia va a tener una respuesta al quién soy, al que hago aquí, al a dónde quiero ir, al qué es lo bueno y lo malo. Quien no tiene respuestas a esas preguntas, sostengo, será más fácil presa para rendirse ante esas adicciones.

Y mucho me temo que la escasa educación religiosa y la mofa con la que la filosofía suele verse son detonadores de las adicciones que vemos adicionales a las drogas.

Las personas necesitamos ideas muy esenciales que nos ubican y nos dan identidad, que nos hacen sentir valiosos y con deberes. Las adicciones nos rebajan y hacen perder el camino.

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