Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Agua y Sentido Común
Eduardo García Gaspar
4 agosto 2005
Sección: ECONOMIA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Hace unos pocos siglos, muchas personas se maravillaban ante la paradoja del elevado precio de los diamantes y del reducido precio del agua. El agua sin duda es más valiosa pues sin ella no puede vivirse, pero sin diamantes es posible hacerlo. ¿Por qué vale menos el agua?

No fue sencillo contestar eso, hasta que se pensó en que la cantidad disponible de los bienes afecta su precio. Hay mucha agua y pocos diamantes. Este sentido común sigue prevaleciendo en el mundo.

Por ejemplo, dos municipios en el Estado de México están ahora peleando un pozo de agua. Uno de ellos, su descubridor, lo tiene protegido con rejas y alarma.

Hay ofertas parar comprar el pozo. Esa zona de México, según se reporta, está en el mismo nivel Irak e Irán en cuanto a disponibilidad de agua. Comparemos ese caso con una situación muy conocida, la de la Ciudad de México.

Muchas veces ha sido reportado que el desperdicio de agua en ese lugar llega al 40 por ciento. El contraste es interesante y recuerda esa paradoja de los diamantes y el agua. Es decir, hay que ver el precio del agua y pensar en lo que eso nos revela.

Pensemos en un caso en el que las tuberías de las casas en vez de agua llevan diamantes, tantos que cualquiera puede usarlos en sustitución de la pintura de las paredes. Hay tantos diamantes que su precio es reducidísmo y eso es lo que permite darle usos poco importantes. Pero si su precio se eleva mucho, las personas ya no los usarían con tanto descuido.

Lo mismo sucede con el agua. Cuando ella es barata tiende a ser usada con descuido, pero cuando es cara es usada con extremo cuidado. Y el precio es un síntoma de la escasez o abundancia del bien.

Cuando el tomate está barato, usted puede comprar más y no le importará mucho si algunos de ellos se echan a perder; pero si está caro, usted comprará menos y pondrá más cuidado en que no se echen a perder.

Los tomates, los diamantes, la ropa, todos los bienes se comportan de la misma manera y el agua no es la excepción. Si el agua subiera de precio, las personas compraríamos menos y la cuidaríamos más.

Pero sucede algo que fastidia todo: entra al juego algún gobernante e impide que el agua suba de precio cuando ella escasea. Y lo que logra con eso es que se siga desperdiciando el recurso, lo que traerá peores problemas futuros.

Visto de manera sencilla, los precios son un sistema de señales que los compradores y vendedores observan para actuar en consecuencia. Digamos que es un sistema de alarmas de diferentes niveles.

Cuando los precios están bajos, esa señal le indica al consumidor que puede comprar más de un bien y usarlo con liberalidad y esa misma señal le indica al vendedor que no se requiere más de ese bien. Y lo opuesto.

Cuando los precios suben, el consumidor está recibiendo una señal muy clara de comprar menos y ser mesurado en su uso; para el vendedor, esta señal de precios altos le indica que es una buena idea el entrar y ofrecer ese tipo de bien que escasea.

Todo esto es mero sentido común y cualquier estudiante lo debe conocer o al menos intuir. Sin embargo, con el agua muchos políticos fastidian el sistema de señales y causan que la gente use el agua sin mesura a pesar de que ella escasee.

Si el agua escasea deberá elevarse su precio y todos verán esa señal: el consumidor se dará cuenta de que hay que economizar y el vendedor buscará oportunidades de ofrecer ese bien.

Pero el gobernante puede entrar y echar todo a perder: al dejar el precio bajo engaña a las personas que siguen creyendo que ella es abundante. El problema no es entender eso, que es una realidad reconocida y aceptada. El problema hacer lo que debe hacerse, es decir, dejar que el agua suba y baje de precio como lo hacen los bienes comerciados libremente.

En el caso del agua esto no se hace por una razón: el político cree que hace un bien evitando esas fluctuaciones de precio. Piensa, tal vez, que el agua debe ser gratuita o casi.

Claro, con esa forma de pensar lo que en realidad logra es lo contrario de lo que intenta, pues de esa manera provocará escasez y crisis. Una muestra más de la miopía que la política causa en gente que en otra posición sería razonable.


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.



1 comentario en “Agua y Sentido Común”
  1. Bernardo Dijo:

    Siguiendo la logica del mercado, si una ciudad esta junto a un rio el precio del agua debe ser barato independientemente de que otra ciudad carezca de agua, sin importar que estas ciudades sean del mismo país.El problema debe solucionarse entre los ciudadanos y autoridades del poblado donde escasea el bien y no pensar en subir el precio del bien donde este abunda. La educación es la mejor forma de evitar que se desperdicie el agua. NOTA DEL EDITOR: no es asunto de educación (la receta de siempre) es un asunto de ponerle precio al agua.





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