Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Alianzas y Prostitución
Eduardo García Gaspar
30 noviembre 2005
Sección: POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
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Voy a inventarle un nombre. Le voy a decir Juan y su caso es real. Un hombre que ha querido entrar a la política, ignoro sus razones. Ha tratado de entrar a un par de partidos, sin que estos le hayan hecho caso y ahora se ha ido a apoyar al PRD, como su última carta.

Es obvio que para Juan no existe otra meta que la de entrar a la política, sea con el que sea y sin importar principios, ni ideas.

Su caso es igual al de otra situación que se da en mucha mayor escala y que ha sido equiparado con la prostitución. Quizá el primero de los casos, comprensible, es del del PT y su alianza con el PRD. El partido pequeño, sin posibilidades de ganar nada serio, se une a un partido mayor en espera del logro de poder.

Lo mismo que Juan, aunque en este caso hay compatibilidad de ideales, pues ambos partidos son socialistas tradicionales. El caso más notable es el del Partido Verde, célebre por ser un negocio familiar y haber sorprendido a su cabeza en una conversación en la que aparenta pedir un soborno cuantioso.

Este partido se ha puesto a subasta. Su precio: 5 senadores y 17 diputados, más lo que sea que pueda lograrse en la puja que pueden estar haciendo PAN y PRI. Ahora sí, lo mismo que Juan con su intención de alcanzar el poder sin que importen los principios políticos.

El fenómeno es interesante para una segunda opinión que vaya más allá de lo que en la superficie se ve y que es eso de la subasta por el poder. Los dos partidos mayores de México, PRI y PAN, más el PRD en un sólido tercer lugar, forman la inmensa mayoría de las preferencias de voto.

Digamos un 90 por ciento en números redondos. El restante 10 por ciento está dividido en pequeños partidos, como el verde, el de los trabajadores y otros de escasa importancia individual. La única salida de esa posición irrelevante es la búsqueda de coaliciones previas a la elección de 2006.

No posteriores, lo que resultaría más lógico, sino previas. Y es por esto que una victoria en la campaña presidencial puede estar en manos de partidos menores, muy menores, si es que la carrera presidencial fuera muy pareja entre los grandes. La situación es paradójica: los partidos insignificantes podrán ser decisivos en la victoria de la ansiada silla presidencial.

No es una situación lógica que partidos que no llegarían a posición política importante terminen por ganar artificialmente diputaciones, senadurías y secretarías de estado. No tiene sentido, pero existe y debemos enfrentar la realidad, pensando en cambiarla lo más pronto que se pueda por medio de la cancelación de las diputaciones y senadurías de partido y también de las alianzas previas a las elecciones. Los partidos deben justificarse ante los electores y no subsistir artificialmente por medio de las coaliciones previas.

Estas alianzas, además, hacen cambiar a los partidos mayores, que en lugar de poner su atención en los ciudadanos, ceden ante peticiones de partidos que no tienen base electoral suficiente. Y es que unos tres y cuatro puntos porcentuales en una votación cerrada entre dos o más partidos, darán la diferencia buscada sin que el ganador tenga los méritos para justificar su victoria. A nivel agregado, la situación es difícil de entender.

Los muy escasos votantes de los partidos pequeños pueden tener en sus manos a la mayoría de los ciudadanos que votaron por los partidos de real peso. Creo que el problema no es de coaliciones, que son en sí mismas aceptables después de las elecciones. El problema es de hacer alianzas antes y mantener vivos a partidos injustificables.

La realidad muestra eso notablemente. Los partidos insignificantes ya no son en sí mismos partidos políticos con plataformas y principios, sino herramientas que se venden al postor que más privilegios de poder les otorga. Como Juan, su meta es el poder y no la política por el bien del país.

Y las fuerzas políticas mexicanas, como el sindicato de maestros, juegan a lo mismo: dar esa pequeña diferencia que logre la victoria en una competencia que puede ser cerrada. No cabe duda, en las elecciones de 2006 México puede estar poniendo su futuro en manos de partidos que son insignificantes, ínfimos y desdeñables.

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