Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Aniquila la Imaginación
Eduardo García Gaspar
18 marzo 2005
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, SOCIALISMO
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Cuando se usan palabras simples, el tema de la intervención gubernamental se reduce a dos posiciones muy sencillas.

O el gobierno interviene en la sociedad o no lo hace más allá de hacer cumplir leyes mínimas que castigan el daño a las personas y sus bienes. No es difícil de entender. Del lado de la no intervención gubernamental están las ideas liberales.

Del otro lado, del de la intervención gubernamental, están las ideas socialistas que poseen una buena variedad de dosis intervencionistas. El mayor intervencionismo está en sistemas comunistas, como el cubano y próximamente, mucho me temo, el venezolano.

Del lado más ligero están los sistemas que se han dado en llamar “socialismo pragmático” y que están ya muy cerca del sistema liberal.

Nada complicado. Pero, en medio de todo esto, hay un fenómeno curioso, el del Estado Benefactor. Este welfare state o estado de bienestar tiene una característica que lo hace único. Bajo este sistema, el gobierno interviene para ser proveedor de servicios de educación, de salud, de casas, de pensiones y algunas otras cosas del mismo tipo.

Es un sistema socialista, ya que hace intervenir a la autoridad más allá de aplicar las leyes de protección personal y viene en dos modalidades. Una modalidad es la de tener el monopolio de esos servicios, por ejemplo, ser el único proveedor de servicios de salud sin permitir que los particulares los ofrezcan también.

La otra modalidad es la de ser proveedor pero dejando que los particulares los ofrezcan también. Lo mismo, nada embrollado que no pueda comprenderse simplemente. Pero como dije, hay un efecto curioso. Es el efecto de anular la imaginación de las personas. Me explico.

Cuando la mente del ciudadano ha asimilado la idea de que el gobierno es el proveedor de servicios médicos, por ejemplo, no imaginará que hay otras maneras de proveer esos servicios.

Pensará que si se desea dar atención médica a los pobres, la solitaria posibilidad será que lo haga el gobierno. Jamás se le ocurrirá que es posible que eso lo puedan hacer los particulares como él… como efectivamente se hacía antes de que el gobierno tomara eso en sus manos. La misma anulación de la imaginación se da en la educación.

Tan arraigada la idea de que el gobierno debe encargarse de la educación que la opción de la educación proveída por particulares ni siquiera es considerada. Y sin embargo, de esta manera se hacía antes y no con malos resultados. Es así que en la mente de la persona moderna la solución de los problemas sociales coloca a la intervención del gobierno como la sola posibilidad.

Su imaginación no llega a más. Me atrevo a especular que si en estos tiempos se tratara de ver respuestas a la situación de personas en extrema pobreza, de personas desempleadas, de educación de niños de bajos recursos, de atención médica… todas las soluciones propuestas serían las de que el gobierno se encargue de todo eso, pues para eso está.

Jamás se le ocurrirá al ciudadano actual recapacitar que antes del estado benefactor eran los particulares los que se encargaban de eso y su desempeño no era nada malo. Una consecuencia de esto es fea, pues las personas nos acostumbramos a que la caridad la haga otro, no nosotros.

En el libro “The welfare state we`re in” de J. Bartholomew se prueba esto con datos de caridad de los ingleses, quienes antes daban más para obras de ese tipo que ahora. Lo que afirmo es simple: el estado benefactor socava nuestro sentido de ayuda al prójimo, nos vuelve egoístas. Otra consecuencia es muy obvia.

Los gobiernos no son buenos administradores, sobre todo por una razón, la de no tener que dar cuentas claras sobre el dinero que recolectan obligatoriamente de los ciudadanos. La situación, por tanto, es asombrosa pues resulta que servicios vitales como el de la salud se colocan en manos de quienes no tienen incentivos de dar buen uso a los recursos disponibles.

Pero el efecto sobre el que quiero insistir es el primero, el de la anulación de la imaginación del ciudadano moderno, al que ya no le le ocurre que sí hay otras y mejores maneras para atender necesidades de salud, educación, pensiones y demás.

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