Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Apertura Mexicana
Eduardo García Gaspar
15 mayo 2005
Sección: ECONOMIA, Sección: Análisis, Y MATERIAL ACADEMICO
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Aunque la apertura de México y la adopción de políticas liberales de economía se asocia estrechamente con la presidencia de Carlos Salinas de Gortari, en realidad dio comienzo con Miguel de la Madrid a partir de 1982. Cuando este último tomó posesión, el país estaba en ruinas por causa de un gobierno sin fondos para hacer frente a sus responsabilidades.

De la Madrid, fue para muchos quien sembró las bases de esa apertura, aunque para otros fue un presidente gris y ambivalente, pues al mismo tiempo que hablaba de la rectoría económica del estado, es decir, intervencionismo estatal, ingresó al GATT.

En 1987 la inflación en México era de más de 450% anual y la deuda del país representaba casi todo el PIB a pesar de haber ya pagado unos 53 mil millones de dólares los cinco años anteriores.

En lo general, hay un consenso grande en el sentido de que esa inflación fue debida al gasto excesivo del gobierno en épocas del populismo, cuando la autoridad contrató deudas muy grandes e imprimió dinero para cubrir sus gastos. Esta es una de las características de la inflación, el de hacerse sentir tiempo después de que ella fue provocada y no de inmediato.

En 1988 sube a la presidencia Carlos Salinas en medio de elecciones dudosas según muchos. Sus intenciones se hacen claras lo que se ve en sus primeras medidas.

Quiere estabilizar la economía para iniciar su crecimiento. Concretamente hay que reducir la inflación al estándar mundial. También hay que abrir al país al comercio exterior y el sector público debe reducir su tamaño.

Las ideas de Salinas son en lo general las opuestas a las de la izquierda, pero este sector realmente no tiene gran fuerza en esos momentos, posiblemente por la caída de la URSS en 1989.

El resultado neto es que el presidente Salinas puede realizar sus proyectos sin grave oposición de los intelectuales de izquierda y de los socialistas. Y esos proyectos son además considerados por muchos como ajenos a la mentalidad tradicional del PRI que años antes había optado por lo contrario con el sistema de protección industrial y con el sistema de gran intervención estatal en la economía.

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Debe enfatizarse el extraordinario contraste de ideas que se dan entre Salinas y sus antecesores: el país que estaba cerrado se abre unilateralmente en el principio, firma un tratado de libre comercio, se deshace de empresas estatales, deja de usar al gasto público como detonador de la economía; exactamente lo opuesto de lo que antes se hacía.

En el período del presidente Salinas hay eventos políticos mayúsculos, como el asesinato del candidato presidencial Colosio, después del que se da una fuga de 11 mil millones de dólares en un mes. Es razonable suponer que esa fuga de divisas fue un factor de consideración en la crisis que el país sufrió al término de su sexenio.

Igualmente, debe considerarse el asesinato del Ruiz Massieu, Secretario del PRI, poco tiempo después. La administración de Salinas, por tanto, en su período final sufrió las consecuencias de muy serios sucesos políticos que afectaron a la economía.

Además desde mediados del sexenio, por 1991, Salinas enfrentó una economía que tenía signos claros de debilidad. El PIB creció en 1993 menos del 1%, algo que ya era un estancamiento claro.

Se considera a la apertura como un gran cambio en el enfoque de política económica. Este es en verdad un gran cambio, una verdadera modificación de la mentalidad anterior que había colocado en el gobierno la clave de la solución de los problemas mexicanos.

Salinas en este sentido fue un revolucionario que cambió al sistema económico mexicano, sobre todo abriéndolo al exterior y privatizando empresas que eran propiedad estatal. Durante su administración fueron privatizados los bancos, la empresa estatal de teléfono y una empresa estatal de televisión, además de otras. Estas medidas de Salinas en lo general son llamadas “Liberalismo Social.”

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A finales de los 80 y en los 90, los círculos intelectuales pusieron en tela de juicio el papel del gobierno dando cabida a mentalidades más liberales, otro de los factores que facilitaron las medidas del sexenio Salinista. Esta es una variable de consideración: es generalmente aceptado que al menos de los años 60 en adelante los medios intelectuales y académicos se inclinaban fuertemente hacia el socialismo y que las medidas liberales eran vistas como contrarias al progreso.

Sin embargo, durante los años 90, germinaron los esfuerzos de economistas liberales y académicos que retaron las ideas aceptadas y dieron entrada a mentalidades más abiertas al libre comercio y al libre mercado, con un gobierno más limitado en sus funciones.

En este clima intelectual sin duda influyeron sucesos internacionales, sobre todo con los gobiernos de Ronald Reagan en los EEUU y de Margaret Thatcher en el Reino Unido, más desde luego el papado de Juan Pablo II que tuvo una enorme influencia en la caída de la URSS.

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A finales de 1988 la inflación es de 25%. La reducción de la inflación era una de las mayores metas de Salinas, pues no sólo lastimaba a los ingresos de la población, especialmente a los segmentos de bajos ingresos, sino que impedía la apertura de la economía al comercio internacional. Durante el sexenio del presidente Salinas se firmó el Tratado de Libre Comercio de América del Norte.

La indización es un proceso por el cual todos los precios, especialmente los salarios, reconocen el valor de la inflación y lo integran en aumentos periódicos aceptados por todas las partes. Por ejemplo, de manera simple, si la inflación del semestre anterior es de 25%, entonces los salarios suben automáticamente ese porcentaje o alguno superior o inferior, pero alrededor de la cifra de inflación.

Como parte de las acciones del gobierno se hacen pactos entre los sectores. Dado el corporativismo, es relativamente sencillo llamar a los principales participantes y atacar el problema de la inflación. Por ejemplo, en lugar de elevar los salarios de acuerdo a la inflación pasada, se les modifica de acuerdo a la inflación esperada. Los precios de los productos más consumidos se acuerdan dentro de esos pactos. Toda la idea es reducir la inflación y quitar la inercia de indización.

Quizá lo más atrevido de todo el sexenio fue la reforma de la tenencia de la tierra, el ejido. Éste es un sistema de propiedad muy ineficiente para la producción agrícola, pero desde otro punto de vista es una especie de seguro de subsistencia mínima y todo un símbolo nacional muy arraigado en la cultura política.

Hubo esfuerzos para repatriar los capitales que habían salido de México y para atraer inversiones del extranjero. Como efecto esperado de esto, en parte, las tasas de interés debían bajar por existir más disponibilidad de capital. Es decir, al elevarse la oferta de capital en México el precio del dinero debía reducirse, lo que abarataría el financiamiento de las empresas y crearía progreso económico.

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El cambio de política económica de Salinas fue notorio. Las barreras al comercio internacional fueron despareciendo. Las empresas mexicanas se enfrentaron a la competencia extranjera, lo que ayudó a reducir la inflación, pues se tenían productos de menor precio.

Es decir, si un fabricante mexicano produce un cierto artículo que también puede ser importado, ese fabricante no puede con facilidad elevar sus precios y con ello la inflación tiende a disminuir; ésta es una de las ventajas de la apertura, que con competencia internacional pone frenos a los aumentos de precios de los fabricantes nacionales.

El déficit público en 1988 era de 12.5% del PIB. En 1992 se tuvo un superávit. Este es uno de los aspectos claves de la política económica liberal, el cuidar el gasto gubernamental de manera que no gaste más de lo que tiene de ingresos; haciendo eso, se evita que el gobierno necesite financiamiento y con su demanda de capital eleve las tasas de interés. Igualmente con eso se evita que el gobierno acuda a la emisión dinero y con eso produzca inflación.

Quienes han visto este período con detenimiento consideran en lo general que fue clave la confianza que Salinas creó y que ella se debió en mucho a la privatización de la banca, expropiada al final de la etapa del populismo.

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La enfermedad holandesa se sufre en economía cuando se da una condición de gran bonanza. En el sexenio de la apertura salinista, llegaron cantidades enormes de capitales que en parte se convirtieron en demanda de productos, lo que debía producir progreso, excepto por un pequeño detalle.

La mayor demanda de productos significa mayor demanda de bienes de producción, cosas necesarias para producir esos productos; pero no todos esos bienes de producción podían ser conseguidos a precios accesibles, lo que significa que los productos finales resultaban más caros que antes, pero las empresas no podían elevar sus precios porque tenían competencia extranjera.

El resultado es empresas locales en apuros y en desventaja ante quienes no habían invertido en el país. Esos bienes de producción que elevaron su precio por demanda mayor fueron los que no se podían importar, como electricidad, terrenos y otras cosas necesarias para producir, pero que no se pueden traer fácilmente del extranjero —se puede traer una máquina, pero no un terreno. Esto muestra lo importante que es tener infraestructura.

El peso estaba sobre valorado, un 32% hacia finales de 1992. Visto de cierta manera, el dólar americano era otro producto, uno muy barato con relación a los demás productos, con la ventaja de que ese producto podía servir para comprar otros en el extranjero. Esto era desventajoso para las empresas locales.

Hacia los finales del sexenio salinista, hay mayores índices de desempleo y las carteras de los bancos tienen más cuentas incobrables de personas que habían contraído deudas.

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Una de las discusiones claves al final del sexenio fue la de poder o no deslizar el precio del peso con respecto al dólar con una mayor velocidad, incluso con una pequeña devaluación que remediara la sobre valuación del peso. La decisión fue negativa, el peso fue sostenido en su valor. A esto se le añadió una serie de presiones especulativas sobre la moneda y los sucesos políticos de finales del sexenio.

El nuevo gobierno, de Ernesto Zedillo, inició su sexenio con una crisis mayor, que significó una enorme devaluación del peso. La política económica de Zedillo estuvo en lo general dirigida a sostener una política económica que evitara déficit gubernamental, es decir, fue en este sentido igual a la seguida por el presidente Salinas.

Debido a esto, la popularidad de Zedillo fue baja y se le acusó de ignorar las necesidades de expansión económica por medio del incremento del gasto de gobierno, como se hizo durante el populismo. Las cifras hacia el final de su período de Zedillo fueron positivas, por ejemplo, el empleo había aumentado y la inflación era baja.

Al final de su mandato, el presidente Zedillo reconoció la victoria electoral de un candidato de la oposición a la presidencia, una hecho sin precedentes durante toda la existencia del PRI, quien había monopolizado esa posición desde su fundación.

La política económica del nuevo presidente, Fox, se mantuvo esencialmente igual, especialmente en lo que se refiere a cuidar brotes inflacionarios, cuidar el déficit gubernamental y abrir el comercio internacional. Hubo de nuevo intentos para realizar una reforma fiscal pero un congreso muy dividido lo impidió, al igual que otras reformas: de Estado, telecomunicaciones, de seguridad, laboral, de pensiones, educativa, energética, bancaria, de registro de propiedad.

La gran discusión que se dió durante la presidencia de Fox es la de los resultados de las políticas económicas liberales. Unos opinan que ellas no han funcionado y que por eso debe regresarse a las políticas intervencionistas.

Otros dicen lo contrario, que México no es aún un país liberal y que aún padece de políticas viejas e intervencionistas de las que debe deshacerse para aprovechar las oportunidades de un mundo globalizado. En México no es liberal se encuentra una razonable opinión al respecto. También en Otra Vez: México No Es Liberal.

La estabilidad de la economía mexicana, durante la presidencia de Fox, ha sido un gran logro de su administración y en el que jugó un enorme papel el Banco de México en su combate a la inflación. Sin embargo, el crecimiento económico mexicano ha sido irregular y menos que satisfactorio durante eso seis años de gobierno.

El consenso al respecto es que la falta de crecimiento se debe a la no implantación de reformas estructurales que modernizaran las leyes e instituciones del país.

Al final de la presidencia de Fox, puede decirse que en términos económicos los votantes en la siguiente elección tendrán las opciones de (a) votar por candidatos que mantengan el camino de una mayor libertad económica, o de (b) votar por candidatos que proponen el regreso a mayor intervención estatal.

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En ContraPeso.info: México, hay más información sobre el país para propósitos académicos. En ContraPeso.info: Material Académico, hay columnas posibles de usar en un salón de clases.


Muchos de los datos de este resumen fueron tomados del libro de Enrique Cárdenas La Política Económica de México, 1950-1994. Fideicomiso Historia de las Américas, Serie Hacienda, Fondo de Cultura Económica, El Colegio de México. 1996. Este material ha sido desarrollado para alumnos universitarios que por primera vez tienen contacto con estos temas.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.



1 comentario en “Apertura Mexicana”
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