Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Bien, ya Soy Libre
Leonardo Girondella Mora
3 agosto 2005
Sección: LIBERTAD GENERAL, Sección: Asuntos
Catalogado en:


El mes pasado, Mario Vargas Llosa publicó un artículo que tomo para sobre él mostrar una idea que creo que es importante en las discusiones acerca del liberalismo en la actualidad. Sin duda, para muchos lectores, mi idea dará la impresión de ser escasamente relevante —pero yo pienso lo contrario exactamente.

Soporte usted, si lo desea, mis elucubraciones.

El artículo en cuestión se titula ¿Qué significa ser liberal? e inicia con una afirmación poderosa:

“El liberal que yo trato de ser cree que la libertad es el valor supremo, ya que gracias a la libertad la humanidad ha podido progresar desde la caverna primitiva hasta el viaje a las estrellas y la revolución informática, desde las formas de asociación colectivista y despótica, hasta la democracia representativa.”

A esto añade otra idea muy razonable:

“Los fundamentos de la libertad son la propiedad privada y el Estado de Derecho, el sistema que garantiza las menores formas de injusticia, que produce mayor progreso material y cultural, que más ataja la violencia y el que respeta más los derechos humanos.”

Y examina una causa del escaso desarrollo en América Latina:

“… la libertad es una sola y la libertad política y la libertad económica son inseparables, como el anverso y el reverso de una medalla. Por no haberlo entendido así, han fracasado tantas veces los intentos democráticos en América latina. Porque las democracias que comenzaban a alborear luego de las dictaduras respetaban la libertad política pero rechazaban la libertad económica, lo que, inevitablemente, producía más pobreza, ineficiencia y corrupción, o porque se instalaban gobiernos autoritarios, convencidos de que sólo un régimen de mano dura y represora podía garantizar el funcionamiento del mercado libre.”

No puedo estar más de acuerdo en la esencia de lo allí muy bien escrito. Pero hay un problema, que es el contestar la pregunta ¿por qué la libertad genera progreso? La realidad es innegable, pero falta una explicación más completa.

Porque al final, la libertad puede ser usada de manera que no lleve al progreso, por ejemplo, en una situación caótica de duelo de voluntades entre los miembros de un grupo de gente absolutamente libre.

No tengo una contestación total a la interrogante, pero sí ofrezco un camino de solución que inicia por la consideración de que la libertad funciona y lo hace muy bien, pero dentro de un orden establecido —le llamaríamos estado de derecho y estaría fundado en los viejos principios de respeto a la persona, sus propiedades e intereses.

Hasta aquí, nada nuevo he añadido, simplemente estoy repitiendo algo que se olvida, pero que es obvio.

La libertad tiene límites establecidos por un orden de respeto mutuo. La clave está en eso de respeto. ¿Respetar qué? La definición tradicional es la de respetar al resto de las personas, sus cuerpos, vidas, posesiones, derechos, libertades.

La justificación de este respecto es lógica, pues se parte del supuesto que las personas tienen dignidad propia igual en todas. Tampoco nada nuevo he dicho, pero de esto se deriva una conclusión que no he visto con frecuencia.

Si las otras personas deben ser respetadas y por eso no dañadas por un tercero, inexcusablemente se admite que ese tercero también posee la misma dignidad y que por esa razón sería injustificable que él se dañara a sí mismo. Quiero dejar esto claro.

La persona A tiene libertad y puede hacer su santa voluntad, pero en un estado de derecho y orden, no debe lastimar a las personas B y C. La obligación de respeto es recíproca —tampoco B puede lastimar a A ni a C. Todo por una justificación que apela a una misma dignidad en todas las personas. Muy bien, pero queda pendiente un asunto.

¿Puede la persona A lastimarse a sí misma con la condición de no dañar a los demás?

La respuesta tradicional que se ha dado es que sí, que A puede hacer de su vida lo que quiera con tal de no lastimar a los otros. Digo que esa respuesta es incorrecta. Si A no puede dar un balazo a B porque B posee una dignidad, resulta incongruente que A sí pueda darse un balazo a sí mismo —tiene la misma dignidad que B.

Rascando siquiera un poco la superficie del tema, puede ya verse la idea que sostengo. No veo razón por la que la libertad ordenada considere indebido el daño entre personas y tolere el daño intra persona —obviamente estoy hablando de actos intencionales.

El daño a cualquiera, a otros y mí mismo, no es permitido si es que se piensa en la esencia de una dignidad humana. Y esto lleva en otra dirección, la del reconocimiento de la dignidad humana, como quiera ser definida, pero que lleva en sí misma la idea de un valor intrínseco en cada individuo.

¿Cómo puede operar la libertad dentro de un sistema que cree que las personas tienen valor en sí mismas? Volvemos a la respuesta anterior, la del respeto a los demás, pero a esto he añadido otro elemento, el del respeto a uno mismo.

Y, más aún, voy al punto que quiero llegar, la libertad no puede ser por tanto entendida como el mero ejercicio de la voluntad personal —no es admisible que la libertad se considere una herramienta de la voluntad. Debe haber mucho más en la libertad si es que se le quiere hacer responsable de progreso, como afirma Vargas Llosa en las citas anteriores.

La conclusión breve que obtengo es que la libertad sólo puede ser entendida de manera que sea un medio para dar cabida a esa dignidad. Como una herramienta que hace posible la realización de la dignidad humana.

Y sin con la libertad se está en una posición que presenta una gama de opciones, ella dará sus benéficos resultados sólo cuando consistentemente se opta por las acciones que hacen posible la realización de la esencia humana, esa dignidad que es el freno al daño ajeno y propio.

Por necesidad lógica, al final, la libertad necesita una serie de guías congruentes entre sí que permitan a la persona orientar la decisión de sus acciones libres en la dirección correcta. Esas guías se llaman Ética y retiran el concepto de que la libertad es el mero ejercicio de la voluntad.

Por eso, sostengo, que la libertad no es el valor supremo como dice Vargas Llosa, sino la herramienta suprema. El valor supremo es la persona. Por mi parte, éste es el liberalismo en el que creo.

Y así me puedo contestar a mí mismo: la libertad produce progreso porque respeta el máximo valor en este mundo, a la persona humana —sería absurdo que un sistema que no respetara el valor de las personas no produjera resultados materiales positivos.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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