Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Brechas de Desarrollo
Eduardo García Gaspar
27 junio 2005
Sección: PROSPERIDAD, Sección: Una Segunda Opinión
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Existe un fenómeno que es preocupante. Se trata de los diferenciales de desarrollo entre países y regiones dentro de ellos. Por ejemplo, el crecimiento en China no es similar en todas sus provincias; hay zonas que están progresando más que otras.

El desarrollo es una buena noticia para las áreas en donde eso sucede pero no para la totalidad del país, pues la divergencia entre las áreas producirá tensiones: reclamos entre las áreas, quejas de medidas económicas injustas, contrastes de pobreza y riqueza.

Las brechas son universales. Por ejemplo, en Europa en los últimos años, España crece más que Italia, un 2.5 por ciento contra menos del 1. Entre el 1 y el 2 por ciento andan Francia y Alemania. Considerando a la zona del euro como un todo, su crecimiento es de poco más del 1 por ciento y eso compara muy desfavorablemente contra el 3.6% de los EEUU.

Estos diferenciales suceden internamente también, por ejemplo el crecimiento de las zonas del norte y del sur de México.

También hay menciones de diferencias entre regiones en Bolivia, en Brasil, en Italia… Seamos razonables y aceptemos que es imposible que todos en todas partes crezcan siempre a las mismas tasas. Eso no sucederá nunca.

Pero también aceptemos que es muy deseable que a pesar de diferenciales en los crecimientos, ellos no abran brechas grandes entre países y regiones. El problema no está en el corto plazo, sino en el largo.

No hay gran problema si durante unos pocos años un país crece al 2 por ciento y otro al 4. Pero sí se crearán problemas cuando ese diferencial de crecimiento se mantenga durante tiempos prolongados. Es en el largo plazo que las brechas se crean, como las que ahora existen entre países industrializados y países en desarrollo.

Mi punto es que en la actualidad quizá las brechas están tendiendo a abrirse más. Un ejemplo simple ayudará a ver el efecto al que me refiero.

Supongamos que dos países parten del mismo PIB que es de 100 para ambos, pero uno crece al 2 por ciento y el otro al 4. Los pocos primeros años no pasa mucho, pero a los 10 años, el PIB del que más crece es casi 20 por ciento mayor. A los 20 años es 44 por ciento mayor. A los 30, 75 por ciento y a los 37 años, más del doble.

Esto con una diferencia sostenida de 2 puntos porcentuales. Si el país que crece al 4 por ciento, lo hiciera al 5, su PIB sería 73 por ciento mayor al año 20… con todo y que partieron de la misma base el mismo año. Si la zona del euro crece al 1.2 y EEU al 3.6 y eso se mantiene, la economía de EEUU sería del doble en el año 30 presuponiendo que ahora tienen el mismo PIB ambas zonas.

Lo que estoy proponiendo es ver a la economía real en su dinamismo y las consecuencias de diferentes tasas de desarrollo en el largo plazo.

Tasas diferentes de crecimiento ocasionan brechas enormes en el largo plazo y esas brechas se agigantan de acuerdo con la diferencia existente inicial. Las brechas son profundamente impactadas por pequeños diferenciales en las tasas de crecimiento.

Pequeñas causas tienen efectos descomunales. Consecuentemente, lo que debe preocuparnos es eso que hace que las tasas de crecimiento sean mayores, incluso sutilmente mayores.

Un mero punto porcentual de diferencia tiene efectos enormes en el largo plazo. De las cosas que sabemos que elevan las tasas de crecimiento, hay una que conocemos como reformas económicas o estructurales.

Ellas pueden elevar las tasas en varios puntos porcentuales gracias a que facilitan a la actividad económica, le reducen sus costos y la hacen más fuerte para soportar momentos malos. La lección que obtenemos de esto es muy clara. Dentro de unos 40 años o algo así, podremos voltear al pasado y encontrar culpables de un desarrollo menor: todos esos gobernantes que se hoy opusieron a las reformas mexicanas.

Es igual a lo que podemos hacer ahora, ver al pasado y encontrar claros culpables en la época del populismo de los años 70. Pero antes de revolcarnos con rabia viendo al pasado nuestras miras deben estar puestas en el futuro, dejarnos de bobadas e implantar esas reformas ya. El precio de no hacerlo es enorme.

Supongamos en caso de México. Con 6 años creciendo al 2 por ciento o al 4 por ciento, la final la diferencia sería un PIB 10 por ciento mayor. Es decir, se tendría una base menor que requeriría tasas de crecimiento mayor para ser remediada con crecimientos al 5 por ciento para llegar a la misma meta 11 años después. El retraso de hoy tiene un costo futuro inevitable.

Es una cuestión, por tanto, de urgencia extrema que ya tiene consecuencias inevitables, como en México, en donde la falta de visión política causará sin remedio un futuro menos bueno del que se podía haber tenido. Esto es ya una certeza y ha sido causada por la falta de acuerdos políticos para realizar reformas de fondo.

Es una realidad absoluta que el futuro mexicano no será tan bueno como pudo haberlo sido. La noción de brechas que he propuesto contiene otra faceta crucial.

Cuando se dan brechas en automático se producen reclamos de injusticia entre los beneficiados y los dañados. Mi punto es que eso no es una cuestión de justicia sino de imprudencia: las naciones que no crecieron a las tasas de los otros pudieron haberlo hecho de haber implantado las mismas medidas que causaron el progreso.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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