Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Calidad Baja en Gobiernos
Eduardo García Gaspar
11 noviembre 2005
Sección: GOBERNANTES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Viendo el suceso de cerca, resulta aberrante y digno de las más extremas reacciones. Incluso, ese día, la bolsa de valores de ese país tuvo una marcada caída. Todo fue ocasionado por las expresiones de Mahmoud Ahmadinejad, el presidente de Irán el 26 de octubre.

No es para menos. Refiriéndose a Israel, dijo que era una “mancha de ignominia” y un “régimen de ocupación.”

Peor aún, habló de desaparecerlo del mapa. Ese día la bolsa local cayó a su nivel más bajo en dos años y un economista de Irán, entrevistado por The Economist, habló de la diferencia entre gobernar un país y perseguir ideales de transformación. Ahmadinejad, dice la revista, en realidad no sabía lo que estaba haciendo al repetir palabras de Ruhollah Khomeini de años atrás.

Desde luego, la primera reacción es la natural, de indignación general y, en una segunda etapa, Irán no será considerado digno de confianza en sus reclamos de usar a la energía nuclear con fines pacíficos. ¿Podrá alguien confiar en alguien que dice eso de otro país y que al mismo tiempo quiere tener instalaciones nucleares? Solamente Kofi Annan, creo, lo podrá creer.

Se reporta que los comentaristas iraníes pasaron vergüenza al reportar la noticia y trataron de explicar las rudas palabras de forma que no debían ser interpretadas como lo fueron en la comunidad internacional. Y, desde luego, los amenazados estarán muy poco inclinados a ser convencidos de que sólo de trata de palabras que no deben ser interpretadas literalmente.

Al menos se confirma la reputación de Irán, con un gobierno de muy escasa confianza, formado por personas que tienen una muy alejada idea de lo que sus palabras pueden causar. Llamarles primerizos sería una exageración.

Y, peor aún, la nación se hace impredecible: ningún acuerdo con Irán será merecedor de ser confiado. Es un ejemplo, el de Mahmoud Ahmadinejad, de algo universal y preocupante, la baja calidad de las personas que ocupan puestos de gobierno. Es un defecto que afecta a autoridades de todos los signos e ideologías. Por alguna razón, los gobiernos no son instituciones que atraigan talento ni habilidad, sino mediocridad y estulticia.

Los gobiernos están formados por personas que no deben ser mejores ni peores que el ciudadano promedio de un país y, sin embargo, me parece que hay buena cantidad de ejemplos para demostrar que quizá sean peores que el promedio.

El presidente Chávez de Venezuela es un ejemplo que en sí mismo brilla para ilustrar mi punto. Tanto es así que existe esa gran diferencia que se designa con la palabra “estadista” para realmente señalar al gobernante que se distingue de sus colegas por hacer bien las cosas. ¿Qué es lo que hace que un gobierno atraiga a personajes de bajo calibre y bajo desempeño?

En una democracia, la culpa sin duda está en los votantes, que con su voto llevan al poder a esa gente, es decir, los votantes no son capaces de distinguir entre el talentoso y el mediocre. Una breve historia real ilustra bien esto. Elecciones en una sociedad de alumnos en una universidad mexicana. Dos candidatos en competencia.

Uno presenta un programa de superación académica, con realización de conferencias y aumento de la calidad de los cursos. El segundo habla de ir a pedir una reducción de los precios de la cafetería de la universidad y el pedir a la rectoría el uso gratuito de las instalaciones para festejos. Gana el segundo y nada de lo prometido se logra. Los votos fueron dados equivocadamente. Siempre existirá gente mediocre, carente de talento.

El problema está no en esa gente, sino en quienes la llevan a posiciones de poder. Es decir, el gobernante no es una persona con excelencia en las habilidades que requiere su posición, pero sí posee grandes cualidades en cuanto a su capacidad de atraer a los demás, lo suficiente como para convencer de votar por alguien que no pasaría el mínimo ISO.

Esta es una realidad que más nos vale aceptar como defecto intrínseco de la democracia y es irremediable, pero puede ser aminorado por dos vías democráticas: por diseño, los gobiernos deben tener una autoridad muy acotada y deben ser cambiados periódicamente. Todo como un seguro contra esos gobernantes vulgares y corrientes.

POST SCRIPTUM

La idea de la democracia, con poderes divididos y que cambia de gobernantes periódicamenete, para evitar abusos de poder y cambiar de gobierno sin necesidad de violencia tiene dos expositores geniales en Montesquieu y Popper. Sus dos obras son muy recomendables:

• Montesquieu (1993). DEL ESPÍRITU DE LAS LEYES. Barcelona. Altaya. 8448701291.

• Popper, Karl Raimund (1966). THE OPEN SOCIETY AND ITS ENEMIES VOLS 1 AND 2. London. Routledge & K. Paul.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras