Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Como Pluma al Viento
Eduardo García Gaspar
28 enero 2005
Sección: POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


La letra de una aria de Rigoletto, ópera de Verdi, dice “La donna é mobile, qual piuma al vento, muto d’accento e di pensiero…”

Algo así como, “la mujer es cambiante, como pluma al viento, cambia de tono y de pensamiento.” Se trata de un sencillo comentario ligado al argumento y que creó una de las arias más famosas de la música mundial.

Esa misma letra, en la vida real, quizá pueda ser aplicada no a alguna mujer, sino a la ciudadanía y eso que llamamos opinión pública. Una colección de pensamientos, ideas y percepciones que se mueven sin causas aparentes, como plumas al viento y que alteran a los gobiernos y sus decisiones. Pongo un ejemplo reciente.

Una encuesta, realizada en México por Grupo Reforma, midió las opiniones sobre el presidente norteamericano. En Febrero de 2001 las opiniones favorables eran de 60 por ciento y de 63 en septiembre, el mes de los ataques terroristas.

Después viene una caída espectacular que en marzo de 2003 llega a 17, lo que puede ser quizá explicado por la guerra de Irak pero que inicia antes de ella. Sin embargo, luego se eleva a 42 en enero de 2005, sin nada que con lógica pueda explicarlo.

Lo que llama la atención es la volatilidad de la opinión bajo las mismas circunstancias a partir de la guerra de Irak. La conducta de Bush realmente no ha cambiado desde el inicio de ese conflicto, pero la opinión sí, según las cifras, para caer en el inicio y posteriormente subir significativamente.

Bush se mantuvo, la opinión cambió. Hay muchas posibles explicaciones. La más obvia es una modificación de ideas: al principio las personas no aprobaron la guerra y más tarde la aprobaron.

Es una interpretación que se entiende como una real aprobación de ese conflicto. Le dieron la razón a Bush una buena parte de los mexicanos. Hay otra explicación menos obvia: esa opinión pública está profundamente desinformada y no vale un comino. Me explico.

Puede ser que quien conteste esas preguntas en un cuestionario de opinión pública, sencillamente no tenga idea de lo que se le pregunta y conteste lo que se le ocurre.

Para corroborar esta idea puede usarse otra pieza de esa encuesta. A las personas se les preguntó con cuál de los posibles presidentes futuros mexicanos se llevaría bien Bush y la respuesta mayor fue el alcalde de la capital mexicana, un social-populista notorio por sus críticas al liberalismo y el menos viable para llevarse bien con los EEUU.

Otra pieza de información para probar la ignorancia de esa opinión pública: 85 por ciento no saben de Cheney, 82 de Condoleezza Rice y 71 de Rumsfeld.

Supongo sea en extremo difícil tener una opinión acerca de Bush sin tener idea de quiénes son esos personajes. Todo esto me lleva a apuntar una hipótesis muy razonable. La opinión pública no es tal cosa, si es que ella supone un punto de vista razonablemente informado.

La opinión pública medida en esas encuestas es algo diferente, una especie de sentir emocional infundado y desinformado que se mueve sin gran sentido. Si aceptamos eso, dos cosas deben hacerse.

Una es realizar esas encuestas con lo que los expertos llaman preguntas de filtro y que medirían el nivel de conocimiento del encuestado, para clasificar las opiniones informadas de las desinformadas. Por ejemplo, preguntas que midan si los encuestados leen el periódico o son audiencia consistente de noticieros. Se trata de medir qué tan informados están.

Porque, después de todo, es difícil aceptar una opinión, la que sea, de quien califica a Bush sin saber quién es Rice, Rumsfeld y Cheney, o piensa que el alcalde de la Ciudad de México se llevaría mejor con Bush que con otro político mexicano.

La otra es tomar esas encuestas sin interpretarlas literalmente, reconociendo que en ellas hay buenas dosis de desconocimiento. Causa por las que los gobernantes no deben seguirlas como dogmas que llevan a la popularidad necesaria en una democracia.

Únicamente he querido poner sobre la mesa, en esta segunda opinión, algo escasamente tratado. En tiempos de popularidad de encuestas de opinión, ellas muestran más evidencia de probar la ignorancia del encuestado que la realidad de una opinión sustentada en información razonable.

Es decir, esas encuestas no dan más que una idea de la emoción momentánea y toda emoción se mueve como pluma en medio de un huracán.

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