tolerancia

El riesgo y el dilema de la comunidad plural. Los peligros y encrucijadas que tienen las sociedades por exceso de diversidad cultural y que socavan los cimientos en los que ella se sostiene.

Introducción

La pluralidad y la tolerancia hacia la diversidad cultural es siempre colocada como uno de los rasgos esenciales de una comunidad civilizada.

Sin embargo, puede existir un límite a esa diversidad, cuya determinación es riesgo de supervivencia para la misma comunidad multicultural.

Sartori se adentra en ese territorio peligroso y a su manera, casi casual, propone una solución lógica al problema de la comunidad pluralista que, por serlo, puede llegar al extremo de destruirse a sí misma.

Es decir, la sociedad diversa y tolerante vive en una situación de fuerte riesgo latente. Puede ser que acepte, en aras del pluralismo, las ideas que acarrean su destrucción.


La idea reportada en esta carta es de Sartori, Giovanni (2001). La sociedad multiétnica. México. Taurus, capítulo 7, «Comunidad pluralista y reciprocidad», pp. 49-55.


Pluralismo, comunidad y ruptura

Sartori inicia el capítulo con una pregunta sobre la manera en la que el pluralismo enriquece la noción de la comunidad.

Y eso le lleva a señalar el riesgo de que una comunidad no pueda sobrevivir debido a su fragmentación en subcomunidades que sean contrarias entre sí. Un riesgo del exceso de pluralismo y de diversidad.

Después de todo, la comunidad tienen reglas en las que se basa ese vivir comunitariamente. Y es posible que esas reglas se rompan debido a la existencia de demasiada pluralidad, pluralismo y diversidad.

La comunidad plural es un fenómeno reciente, muy nuevo y muy quebradizo. Ella se entiende con una naturaleza múltiple, que equivale a tener una actitud tolerante dentro de una estructura que tiene asociaciones espontáneas y numerosas afiliaciones.

En esa comunidad plural existen, según el autor, líneas de división que atraviesan toda la comunidad y que potencialmente son grietas de rompimiento.

El riesgo de la comunidad plural

Los elementos del autor han sido mencionados. Por un lado, está esa tolerancia a diversidades de distinta especie y, por el otro, está la existencia de una serie de reglas o acuerdos.

Los acuerdos y las reglas que sustentan a la comunidad pueden tener el riesgo de desgarrarse cuando existe demasiada pluralidad, lo que sea que ello signifique y que se aclara más adelante.

En el pasado no hay antecedentes de esta comunidad plural actual, según el autor, y dice que ella es un fenómeno occidental. Más aún, los EEUU podrían ser tomados como una comunidad plural, pero no lo son en este sentido.

El caso europeo

Los problemas de los recién llegados a ese país y su flujo de inmigrantes no son los mismos problemas que enfrenta Europa ahora. El inmigrante a los EEUU encontró un mundo abierto, nuevo y vacío, y llegó ansiando convertirse en un americano.

Europa es ahora un mundo diferente. No es un mundo hueco, ni desocupado y, además, tiene un número reducido de recién llegados.

La situación europea es muy distinta a la situación norteamericana y, por tanto, el ejemplo estadounidense no es de ayuda para entender el problema planteado sobre la comunidad plural.

La realidad es que en Europa Occidental existe preocupación por sentirse irrumpido. Ante este sentimiento, se da una reacción.

La reacción europea ante los recién llegados es variada y de intensidades diferentes. La primera reacción más obvia es la relacionada con la conservación del trabajo y los ingresos personales. Es una reacción de defensa de lo propio.

Xenomiedo

Pero también hay reacciones de lo que el autor llama xenomiedo, una especie de sentimiento de temor ante el recién llegado que coloca a la persona local como un ser intimidado.

Hasta aquí, en este nivel, no hay racismo propiamente, como sí lo hay en reacciones de xenofobia. Sin embargo, no todos los recién llegados causan ese recelo y esas reacciones.

Todo lo anterior sirve al autor como base para entrar ahora en los fundamentos de la solución que él propone al riesgo de la comunidad plural

Su está basada en las diferencias entre culturas que son aceptadas con facilidad y las que no lo son.

Unos causan rechazo, otros no

Hay grupos o nacionalidades que no causan efectos de rechazo, incluso a pesar de ser numerosos. Por ejemplo, según el autor, los asiáticos en los EEUU y los indios en Inglaterra no causan reacciones negativas en la población local.

De esto debe concluirse que, por el contrario, sí existen grupos que producen esas reacciones.

La xenofobia de los europeos se concentra en los recién llegados de origen africano y árabe, entre los que Sartori señala expresamente a los musulmanes.

Esta mención, en la frialdad del análisis del autor, le sirve para analizar el tema con el que ha iniciado este capítulo, el riesgo de la comunidad plural.

Motivos de rechazo, colisiones culturales

El primer aspecto es constatar si se trata de un rechazo basado en diferencias religiosas y culturales. Al parecer no es esa la razón, pues los aceptados asiáticos, por ejemplo, poseen una cultura muy diferente a la occidental.

Esa cultura asiática es de naturaleza secularizada y terrenal si eso es entendido como la falta de militancia y activismo religiosos. Pero, dice el autor, hay culturas que no son así.

Por ejemplo, recién llegados que sostengan una creencia religiosa que no acepte la división entre Estado e Iglesia choca con una columna del sostén occidental. Un riesgo real de la comunidad plural.

Igualmente, una creencia cultural que no se apoye en el valor de los derechos individuales del hombre se topa directamente contra ese concepto fundamental de la sociedad occidental.

Estas son colisiones fuertes contra las bases de la sociedad liberal. Igualmente hay diferencias importantes cuando el occidental no ve en el recién llegado a un infiel, pero el inmigrante si considera un infiel al occidental.

Enemistad cultural

El punto, por tanto, se plantea como algo vital para la comunidad pluralista. Esa comunidad tiene frente a sí a extranjeros con culturas diferentes, pero también enfrenta la posibilidad de enemigos de su cultura con posibles conductas agresivas.

El problema es similar a la noción de una democracia que por voluntad general acepta a un dictador y se destruye a sí misma de manera democrática.

Es decir, una sociedad plural tiene la posibilidad de tolerar formas plurales de pensamiento que buscan destruir la tolerancia en la que ella está fundamentada. este es el riesgo de la comunidad plural.

Pluralismo, no todo es beneficios

Para ver este problema, Sartori critica la superficialidad con la que puede verse la idea de una sola dimensión de ganancia y beneficio comunitarios por el mero hecho de aceptar diversidades culturales.

Reciprocidad la clave

Según Sartori existe un punto después del cual no es aceptable esa diversidad, un punto identificable como uno de reciprocidad.

La reciprocidad viene dada por la conducta del recién llegado que se muestra en deuda con quienes lo aceptan.

Para Sartori, pues, el asunto de la comunidad que se destruye a sí misma por una aceptación extrema de la diversidad tiene una clave de solución en la determinación de un contrapeso al pluralismo.

Algo que él establece usando dos palabras, «adquirir y conceder» por parte del recién llegado.

La comunidad plural acepta al recién llegado y él corresponde concediendo, dando algo a cambio. Lo que da a cambio es el no permanecer extraño a la sociedad que lo acepta y, al menos, no negar los principios que sostienen a la comunidad plural.

Es un principio de solución basado en la idea de una correspondencia entre la persona local y la persona que emigra. Ambas aceptan. Una, al recién llegado y el recién llegado a los principios centrales de la comunidad que le ha abierto las puertas.

Al final, se puede resumir esa solución en la idea de que no puede existir una ciudadanía regalada a cambio de nada. La sociedad plural debe tener ciudadanos y no, «contraciudadanos».

Riesgo de la comunidad plural en resumen

Sartori hace una contribución valiosa. La pluralidad cultural en las comunidades actuales es buena, pero no lo es totalmente. También tiene peligros.

El riesgo de la comunidad plural es el romper los principios que le dan sostén por un exceso de pluralidad. Eso que se manifiesta en colisiones culturales por parte de quien es admitido a la comunidad pero no tiene reciprocidad con ella.

La tolerancia hacia el inmigrado debe ir acompañada también de la tolerancia del inmigrado hacia el país que lo ha recibido. Esto es lo que olvidó alguien.

Reciprocidad del emigrado

Supóngase el caso de alguien que sale de su país y es aceptado por otro país que le permite vivir en él. Y, otra cosa, que el emigrado pertenece a una cultura muy distinta y diferente.

El ejemplo usual es el musulmán que emigra a Occidente, pero puede haber otros. El país de destino lo recibe oficialmente y le permite vivir dentro de su territorio.

El activismo hace bien en exaltar a los habitantes del país que ha recibido al inmigrante a tratarlo correctamente, sin discriminación, como otro más de ellos. El refugiado, sin duda, enfrentará ocasiones de algún maltrato, de incluso discriminación, dependiendo de con quién tenga relaciones.

Pero, y esto es vital, las obligaciones no son solo de los anfitriones. El invitado también las tiene. Debe respetar leyes, costumbres y creencias. Es un asunto de reciprocidad. Si se pide tolerancia al anfitrión, el invitado también debe practicarla. Más aún, el invitado debe mostrar cierto agradecimiento hacía los habitantes del país, siendo amable y respetuoso.

Esto es lo que creo que se olvida con frecuencia. Es un asunto de simple sentido común.

Es aquí donde tenemos otro olvido frecuente, del que al activista no fue Pedir tolerancia de los nacionales hacia los inmigrados debe incluir el que también el inmigrado debe ser tolerante. De nuevo, es un caso especial de reciprocidad, de aceptación mutua, en el que domina la cultura que le dio la bienvenida.

Si la cultura que lo recibe, por ejemplo, goza de libertad religiosa, será obligación del inmigrado aceptarla también, así sea algo que en su cultura original no se tenga. El nuevo ciudadano paga ese precio, el de la aceptación de la cultura que lo ha recibido.

El caso de Sayfullo Saipov, por ejemplo, muestra la violación de esa reciprocidad que es exigida al inmigrante.

El dilema de la comunidad plural

El dilema de la comunidad plural y que supone que hay una cultura superior a las otras, lo que contradice la esencia de la pluralidad tolerante de considerar a todas por igual.

Introducción

Examinar la idea de lo multicultural es lo que hace Baggini en un breve ejercicio mental. Partiendo de la presentación de un escenario el autor examina el significado de la multiculturalidad y su inevitable dilema.

El multiculturalismo hace un reclamo central, el de preservar culturas étnicas de antiguas tradiciones. Una petición considerada como inobjetable.


¿Lo es? No, de acuerdo con el examen del autor. La idea para este resumen fue tomada de Baggini, J. (2006). The Pig That Wants to Be Eaten: 100 Experiments for the Armchair Philosopher. Plume, pp. 199-201.


Un restaurante con comida india

El autor, como en cada uno de los breves capítulos, expone primero una situación, la de un escenario de posibilidades.

En este caso, se trata de la visita de una mujer a un restaurante de comida de la India. Ya en la mesa, ella recibe del mesero un plato con papadam, una especie de pan plano propio de ese país.

El ver ese plato sobre su mesa no es precisamente un suceso que sea vital en la vida de cualquier persona, pero hay una situación especial en esto.

El mesero que puso el plato sobre la mesa es un hombre anglosajón, no un mesero nacido en la India, ni con esa ascendencia. Esto llama la atención de la mujer y de cierta manera la molesta.

Ella, señala el autor, disfruta comiendo platillos de diversas culturas, que es como probarlas a ellas y su variedad. Si el mismo mesero, piensa ella, hubiera sido un nativo de la India… 

Es que ella se ve a sí misma como multiculturalista: en verdad goza de las diferentes culturas étnicas que tiene la sociedad en la que vive.

Pero, sigue narrando Baggini, la mujer goza esa sensación multicultural solo si los demás se mantienen diferenciados étnicamente. Es decir, el placer multicultural que disfruta solo puede tenerse bajo la condición de que el resto se mantenga en una condición monocultural.

Al plantear esa situación, la pregunta que sigue es lógica, ¿en qué queda toda esa idea de lo multicultural? Es ahora cuestión de examinarla y explorar el dilema que surge en el significado de multiculturalidad.

Ese respeto a otras culturas

Claramente se percibe un problema en la situación del restaurante. La apariencia inmediata es positiva: ese respeto hacia otras culturas.

Pero hay otro asunto que se valora aún más que a las otras culturas y es esa capacidad para valorar otras culturas. La distinción es sutil y cierta. La apariencia inmediata y clara es la de valorar a las culturas de otros.

Por encima de ese respeto a culturas ajenas a la persona, existe una cualidad aún más apreciada, la de la habilidad o capacidad para saber valorarlas a todas por igual. 

La persona más admirable, por tanto, no es la de alguien que sigue su cultura propia, sino la de quien visita una mezquita, lee escrituras indias, practica Budismo y experimenta vivencias de otras culturas.

Como en una feria de exhibición

La noción multicultural supone por tanto una diferencia entre personas. La posición superior es la de quienes saben apreciar a las diferentes culturas y la inferior es la de quien permanece en su cultura y no resulta alguien con la mente abierta a otras.

Baggini califica a esto como poseyendo algo de una «mentalidad de zoológico». La persona que se ve a sí misma con admiración por ser multicultural va por la vida deleitándose con diferentes formas de vida.

Pero solo puede tener ese gozo bajo una condición: los demás deben mantenerse más o menos intactos en sus culturas propias. Cada cultura es como una especie de jaula que preserva culturas y si las personas salen de ella, pierden interés.

La conclusión hasta aquí es clara. La persona que se ve a sí misma como multicultural únicamente puede serlo si los demás no lo son.

Una objeción posible

A lo anterior, dice Baggini, puede hacerse una objeción. Pensemos en otra situación, por ejemplo, la de una persona que es un devoto musulmán o cristiano. 

¿Puede esta persona ser al mismo tiempo multicultural y permanecer comprometido con su cultura?

Puesto de otra manera: es el caso de una persona que tiene creencias religiosas profundas y convencidas de su propia cultura, pero que al mismo es capaz de respetar otras creencias y considerar que de ellas puede aprenderse algo.

Esta posibilidad requiere afinar conceptos. No es igual tener una actitud de tolerancia que una posición que valora a todas las culturas por igual.

La persona multicultural está convencida de que todas las culturas tienen un valor igual o al menos muy similar. Pero esa valoración igual o similar no la puede tener, por ejemplo, un ateo convencido, ni un cristiano devoto, ni un musulmán creyente.

Lo que Baggini plantea es una diferencia de valoraciones. Para la persona multicultural todo tiene un mismo valor, pero eso no le sucede a quienes tienen creencias comprometidas con otras culturas. 

Si un católico devoto valora al Islam como igual al catolicismo, eso no tendría sentido, le daría lo mismo uno que el otro.

El dilema de la comunidad plural

Se trata, resume el autor, del dilema del multiculturalismo y que supone que hay una cultura superior a las otras, lo que contradice su misma esencia de considerar a todas por igual.

La cultura que vale más es la propia del multiculturalismo. Las otras valen menos: vivir dentro de una sola cultura sin considerar a las demás iguales a la propia, es una posición inferior.

Y si todos se volvieran multiculturales, ya no habría posibilidad de serlo porque dejarían de existir personas monoculturales.

La situación examinada por Baggini acerca del multiculturalismo da una utilidad doble. Por un lado examina una habilidad exaltada en muchas mentes mostrando las debilidades de una opinión idealizada y sin mucha base.

Por otro lado, da una idea de la riqueza que contienen situaciones cotidianas cuando ellas se analizan con sentido común. 

Los experimentos de sillón para filosofar, como los llama Baggini, son enormes oportunidades para evaluar ideas a las que podemos tomar con más seriedad de la que merecen.

Extras

El significado de este concepto se presta a ser interpretado a voluntad. Por ejemplo,

«[multiculturalidad] Es un concepto sociológico o de antropología cultural. Significa que se constata la existencia de diferentes culturas en un mismo espacio geográfico y social. Sin embargo estas culturas cohabitan pero influyen poco las unas sobre las otras y no suelen ser permeables a las demás. Se mantienen en guetos y viven vidas paralelas. La sociedad de acogida suele ser hegemónica y suele establecer jerarquías legales y sociales que colocan a los otros grupos en inferioridad de condiciones, lo que lleva al conflicto, al menosprecio, a la creación de estereotipos y prejuicios dificultando la convivencia social, siempre en detrimento de los grupos más débiles». bantaba.ehu.es

Distinguiendo a otro término,

«Pluralismo cultural o multiculturalismo es aquella ideología o modelo de organización social que afirma la posibilidad de convivir armoniosamente en sociedad entre aquellos grupos o comunidades étnicas que sean cultural, religiosa o lingüísticamente diferentes. Valora positivamente la diversidad sociocultural y tiene como punto de partida que ningún grupo tiene por qué perder su cultura o identidad propia». Ibídem

Pero otra definición dice que,

«La multiculturalidad se caracteriza por: Promover el respeto y la tolerancia por las diferencias. Desterrar prejuicios y estereotipos asociados. Generar una convivencia armoniosa. Crear intercambios entre los diferentes grupos». significados.com



Y unas pocas cosas más…

Debe verse:

¿Qué es tolerancia? Definición e importancia

Otras ideas:



[Actualización última: 2020-09]