Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Con Cargo a Usted
Eduardo García Gaspar
27 octubre 2005
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, SOCIALISMO
Catalogado en:


Para resumirlo de una vez. El corporativismo es causa de subdesarrollo. México lo padece y no sorprende que tengamos menos prosperidad de la posible.

Podemos definir corporativismo como un sistema político que se maneja por medio de grupos de presión cuyo propósito es obtener beneficios propios a costa de daños en los demás.

Los grupos presionan al gobernante para obtener esos privilegios propios. El corporativismo mexicano es una herencia del PRI en su nacimiento. Data de la presidencia de Lázaro Cárdenas y su mentalidad que entendía a la sociedad como formada por sectores y no por personas.

A partir de allí se estableció la costumbre de que para obtener privilegios se debía pertenecer a alguna agrupación, típicamente el PRI mismo o un sindicato afiliado o amigo.

El problema actual es desmantelar ese corporativismo para poder progresar y salir del subdesarrollo. Sabemos qué se tiene que hacer, pero hacerlo no es sencillo. Los beneficiados por el corporativismo van a pelear en serio antes de darse por vencidos.

Un ejemplo de esa batalla por el desmantelamiento del corporativismo es el sindicato del IMSS. Sus líderes pidieron y lograron beneficios propios a costa del perjuicio de otros.

Su régimen de pensiones es un claro ejemplo de corporativismo: es pagado por otros, específicamente usted y yo. No hay fondos para pagar esas pensiones, por lo que el dinero para hacerlo se toma de otros lugares, que el final son el bolsillo de usted y el mío.

Los cañeros son otro ejemplo de corporativismo: quieren una ley especial para su privilegio y beneficio, cuyo costo es pagado por las mismas personas, usted y yo. Los ejemplos son muchos.

Están las concesiones de taxis en aeropuertos, las concesiones de transporte urbano dadas a sindicatos, los mercados callejeros, los vendedores ambulantes, incluyendo a sectores privados que piden a la autoridad tratos preferenciales.

Son los mismos casos, con la misma mecánica: grupos organizados que se acercan a la autoridad para pedir privilegios que lastiman a los demás. Un caso reciente muy claro fue el de no gravar las prestaciones.

Los sindicatos se opusieron a eso y beneficiaron a sus miembros con un sistema fiscal que es desigual: los trabajadores sin prestaciones o con menos, pagarán más impuestos proporcionalmente. La industria del libro, argumentando ser diferente, logró la exención del IVA. Los propietarios de autos prohibidos lograron su legalización.

El corporativismo, por tanto, tiene varios elementos. Es una forma de organización por grupos, en la que la persona no importa. Depende de concesiones gubernamentales. Implica daño a quienes no pertenecen al grupo favorecido.

Usa herramientas de presión para lograr los privilegios: marchas, protestas, cierre de carreteras, amenazas de huelga, lo que a usted se le ocurra. Su resultado neto es subdesarrollo debido al daño que produce en los demás, siendo un juego que suma cero.

Lo que uno gana el otro pierde. Y ese otro somos usted y yo. Es un sistema que debe desmantelarse, llevándolo a un mínimo razonable. Nunca dejará de existir, pero los extremos a los que llega en México son dañinos.

Dentro de la dictadura del PRI, el sistema estabilizó al país, como un remedio apurado. Pero no sirve dentro de arreglos democráticos, con economías abiertas, en los que las ventajas competitivas del país no admiten ese corporativismo extremo. Es una de las reformas mexicanas que se necesitan y significa reducir el sindicalismo radical. ¿Cómo hacerlo?

La experiencia internacional señala un camino claro. La solución parece estar en la fuerza de la autoridad que se rehusa a ser chantajeada por los grupos de presión. Es una autoridad fuerte, de principios y convicciones, que tiene la fuerza de voluntad para enfrentar un problema y solucionarlo durante su administración. un gobierno decidido y sólido, con valores y creencias. Si ése es el camino, la buena noticia es que ya sabemos la solución.

La mala noticia es que ninguna de las autoridades que hemos tenido ha sido de esa naturaleza. La regla que ellas han seguido es conceder a las peticiones del grupo de presión, quitarse el problema de momento y heredar el asunto al siguiente. Mientras tanto, usted y yo seguimos pagando el corporativismo, que no es nada barato.


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.



No hay comentarios en “Con Cargo a Usted”
  1. Cesar Fernandez-Stoll Dijo:

    Muy interesante apreciación, y bien cierta. Pero yo la llevaría un poco mas allá ya que en realidad todo esto se traduce a la diferencia entre un estado al servicio del pueblo o un estado al servicio de un grupúsculo favorecido por el poder.
    La dimensión del aparato estatal esta en proporción directa a la corrupción resultante. Esto es, mientras más grande el aparato estatal, más abierto a la corrupción esta el sistema. Sean corporaciones o individuos; el estado limitado en lo mas mínimo a cubrir los servicios esenciales de su rubro; esto es; el federal, con menos poder que el estatal y este a su vez con menos poder que el municipal, nada mas. En el momento que por mas pequeño que sea el favor o el servicio otorgado por el estado a favor político, se le deje pasar; no existe poder sobre la faz de la tierra que no justifique el que se abran las puertas a todo tipo de favores. La libertad del individuo no esta en ningún país del mundo garantizada por el estado sino que es un don de Dios, pero el estado es el que tiene que garantizar que el medio en el que se mueve el individuo se le garantiza su libertad para opinar, pensar, etc. Asimismo ocurre con la libertad de las empresas de operar; en el momento en que el estado invada el mercado otorgando favores o beneficios extraordinarios a una u otra empresa, toda empresa tiene la facultad de solicitar esos favores y naturalmente, esta habilidad dependerá de la capacidad económica de quien la solicite para ‘aceitar’ a las ‘autoridades’ correspondientes para así suceda.
    Por tanto, la solución simple, pero difícil es de lograr la reducción del aparato gobernante el cual genera la corrupción mas dañina, despides de todo, las empresas pueden controlar su propio nivel de corrupción, si así lo quisiesen.
    Un saludo





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