Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Conservador o Liberal
Eduardo García Gaspar
26 abril 2005
Sección: RELIGION, Sección: Una Segunda Opinión
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Así como el día 19 de abril se oyó esa famosa frase “habemus Papam”, parece haberse dicho otra implícitamente, la de “queremos controversia” en muchos de los medios noticiosos.

Una publicación muy respetable, como The Economist, encabezó la noticia con la frase “La selección de Joseph Ratzinger, un alemán archi conservador, como papa, no sorprende.”

Igualmente en otros medios y en muchas conversaciones emergió el mismo común denominador, la dimensión conservador-liberal, como ésa en la que un papado puede ser calificado y sobre la que se construye la controversia.

La razón para colocar al nuevo papa en el lado conservador es la posición que ha manifestado en su puesto anterior en temas como el celibato sacerdotal, los matrimonios de personas del mismo sexo, el uso de anticonceptivos, el aborto y otras. La aprobación de esas opciones lo hubiera hecho ser percibido del lado liberal.

Todo mi punto en esta columna es demostrar que la dimensión de conservador-liberal no aplica al papado y por eso resulta irrelevante su uso. Simplemente carece de sentido decirle conservador o decirle liberal. La cosa es de más fondo. Me explico.

Usted puede seleccionar un gobierno conservador o un gobierno socialista y allí si cabe la opción de calificar a unos de un lado y a otros del otro. Hay partidos liberales, conservadores, socialistas, de centro. Y ellos pueden clasificarse dependiendo de su posición a lo largo de su posición conservadora o liberal.

Pero aquí está usted tomando a diversas instituciones, no a una sola, y en terrenos en los que las opiniones y posiciones admiten variaciones enormes.

Pero ahora vayamos a una institución que tiene dos milenios y cuyos terrenos son religiosos, no políticos. Es una institución que es depositaria de fe de una religión que afirma ser la verdadera. La cosa es muy distinta en este caso que con partidos que pueden cambiar en el tiempo.

Esta institución no puede andar de un lado a otro variando posiciones para atraerse popularidad dependiendo del clima intelectual que domine. No depende de votos.

Ella predica buscando convencer a otros de aceptar sus creencias. Más aún, ella debe ser congruente consigo misma. Es una posición totalmente diferente a la de, por ejemplo, economistas que son socialistas o que son liberales, casos para los que sí pueden usarse esos adjetivos.

Pero si tomamos a la iglesia católica, las cosas cambian. Debe ser ella conservadora, en el sentido de conservar la fe que ella tiene a su cuidado y que equivale al mensaje divino. Obviamente no puede ser ese mensaje cambiado veleidosamente por presiones temporales.

El corazón de esas creencias no puede cambiar, por mucho que se insista y de hecho corresponde a la razón misma de ser de la iglesia. Pero lo que sí puede haber es cambios de actitudes, de prioridades, de acciones, e incluso, corrección de errores… como el célebre de la tasa de interés, más influido por los griegos que por las escrituras.

Porque, después de todo, la iglesia está formada por hombres que son imperfectos. Por ejemplo, el nuevo Catecismo Católico, en el que el cardenal Ratzinger fue instrumental, es un ejemplo de actualización en buena parte, al traer a problemas nuevos los principios de siempre. Las realidades cambian y ellas son examinadas bajo principios que son absolutos. No es una tarea sencilla.

En fin, todo lo que he querido hacer es proponerle una idea.

La de que es un error el evaluar al papado en una dimensión simple de política que va de conservador a liberal. La cosa es bastante más complicada que eso. Y si es que se hace eso, la iglesia podría caer en una trampa al menos, la de buscar acomodarse a las presiones de los tiempos y tornarse en una institución más en busca de popularidad que en busca de lo que la justifica, la salvación de las almas.

Sea lo que sea, la verdad, me ha llamado más que nunca la atención la realidad de la enorme difusión de las noticias sobre el Vaticano.

Es obvio que esta iglesia captura la atención y la imaginación de muchas personas incluso ajenas a ella. Sin duda se le ve como un factor de influencia fuera de lo estándar en el mundo actual. Y sorprende aún más cuando se trata de una institución que no busca celebridad, ni popularidad.

Tener a un católico convencido al frente de esta iglesia no está nada mal.

Un editorial de Peggy Noonan en el Wall Street Journal del 21 de abril termina con estas palabras:

The choosing of Benedict XVI, a man who is serious, deep and brave, is a gift. He has many enemies… They want to make sure his papacy begins with a battle… Which is too bad because even his foes admit he is thoughtful, eager for dialogue, sensitive, honest… What to do to help? See his enemies for what they are, and see him for what he is. Read him–he is a writer, a natural communicator of and thinker upon challenging ideas. Listen to him… and see if it isn’t pointing true north. Look at what he said at the beginning of the papal conclave: It is our special responsibility at this time to be mature, to believe as adults believe. “Being an ‘adult’ means having a faith which does not follow the waves of today’s fashions or the latest novelties.” Being an adult is loving what is true and standing with it. This isn’t radical, or archconservative. And the speaker isn’t an enforcer, a cop or a rottweiler. He’s a Catholic. Which one would think is a good thing to have as leader of the Catholic Church.”


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