Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Contra Las Caricaturas
Eduardo García Gaspar
16 septiembre 2005
Sección: FALSEDADES, MEDIOS DE COMUNICACION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Cuando a la vida se le entiende de manera simplificada, suelen cometerse errores como el de pensar que la lucha de clases es real. Igual se piensa en extremos cuando se caricaturiza a las figuras políticas, como a Ghandi convertido en una especie de mesías redentor sin que eso sea un reflejo de la realidad.

En estos momentos existe, creo, otra caricatura, la del actual presidente americano.

La visión más común es la del villano de comics, aunque también existe la opuesta que le considera un héroe. Unos lo culpan de todo, hasta de los huracanes, al mismo tiempo que otros lo colocan bajo una luz muy favorable.

La realidad es más compleja y para demostrar mi punto tomo a este presidente y la información de una columna de James Taranto en el Wall Street Journal el pasado 12 de este mes.

En una investigación entre académicos, balanceada en preferencias políticas, Bush sale en medio, como promedio, al ser comparado contra el resto de los presidentes de su país: el número 19 de 40. Su promedio en una escala de 5 puntos es de 3.01.

No creo que sea sorprendente, pues viene de valoraciones muy positivas de los entrevistados que tienen preferencias republicanas y de lo opuesto por quien tiene preferencias demócratas.

Además, es un presidente actual, cuyas acciones no tienen aún resultados demostrables. En el paralelo mexicano, recordemos la popularidad de López Portillo en los inicios de su mandato, contra lo que ahora se piensa de él.

Las valoraciones cambian, no necesariamente para mejorar e incluso se mantienen ideas que al menos son muy sujetas de discusión, como la de la fama de F.D. Roosevelt como un gran presidente.

A Bush, como al resto, le afectaránn dos variables, la de los resultados de sus medidas en el largo plazo y la de las preferencias políticas de las personas en el corto y largo. Si al cabo del tiempo, por ejemplo, se le ve como el iniciador de un movimiento democrático en el medio oriente, su reputación mejorará notablemente.

Al igual que si logra pasar a la opinión pública la no conveniencia de seguir el Protocolo de Kyoto.

Sea lo que sea en el futuro, ahora la figura de Bush es al menos de gran controversia y lo es por dos razones que tienen que ver con las preferencias políticas de las personas. El ejemplo más claro es el de los medios. La opinión política del personal de un periódico o de un noticiero va a inclinar la balanza y sus audiencias serán contagiadas por ese sesgo.

No habrá allí balance, ni se contarán los dos lados de la historia, como creo que en general sea el caso de México, donde los medios de comunicación han sido consistentemente hostiles a ese presidente.

Pero también influirán las inclinaciones políticas de los ciudadanos, donde la imagen negativa de Bush cae en terreno fértil. Basta con decir estas cosas para que la mente que piensa en caricatura y es incapaz de ver las sutilezas de la realidad, me califique de defensor de Bush.

No argumentaré con quien eso crea, pues mi punto es otro muy distinto. Es criticar, primero, las visiones simplificadas de la realidad, la creencia en héroes y villanos al estilo de las caricaturas. La vida es más compleja. Y, segundo, la influencia que tienen las preferencias políticas del personal de los medios en sesgar la información. desorientando a las audiencias.

Bush es un buen ejemplo internacional de lo que trato de demostrar. En lugar de mostrar y explicar las facetas de una personalidad sin duda llena de controversia, las ideas se simplifican tontamente y las opiniones necesariamente se polarizan sin necesidad.

El caso de Fox en México ilustra lo mismo en una dimensión más local, pero igualmente primitiva. Sus detractores lo culpan de todo y sus defensores lo alaban por todo.

Todo esto puede ser llamado “politización general” y se refiere a favorecer o perjudicar sin razón a quien se opone a cierta ideología. Si, por ejemplo, Fox o Bush propusieran la medida más razonable y conveniente para sus países, ello no importaría, porque sus enemigos políticos la combatirían a pesar de ser la mejor de toda la historia.

Y al revés. Por eso Ted Kennedy se opone a Bush y López Obrador a Fox. Cuando esto se traslada a la ciudadanía, nos polarizamos simplificando nuestras ideas al nivel del niño que entiende a las películas y a las caricaturas como duelos entre buenos y malos. Y es así que en lugar de pensar y razonar, lo único que puede resolver el problema es un duelo en elecciones para que uno se imponga sobre el otro.

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