Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Cultura Económica
Leonardo Girondella Mora
29 noviembre 2005
Sección: ECONOMIA, EDUCACION, Sección: Asuntos
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Nos falta una buena dosis de conocimientos económicos —o de cultura económica. No es infrecuente escuchar reclamos y quejas sobre el desperdicio del agua para lo que se pide una “cultura del agua.” Aunque creo que la frase es exagerada, ella también pudiera usarse para solicitar una “cultura económica.”

La fundamentación es la misma: evitar desperdicio de recursos, incluyendo al agua. El tema fue tratado recientemente (7 de octubre) por Anne O. Krueger, quien es First Deputy Managing Director del FMI, en una conferencia del National Council For Economic Education, en San Antonio, Texas.

Su tesis es la misma que la mía: hay mucho que avanzar en el conocimiento esencial de la economía —aún hoy, una buena cantidad de personas son analfabetas económicos, lo que según un amigo incluye también a algunos economistas. Así como es de beneficio para los humanos conocer algo de las bellas artes, de historia y de otros temas que elevan el desarrollo de la persona, también son necesarios los conocimientos de economía.

No creo que deban ser profundos, sino los más sencillos y de aplicación práctica. Krueger dio un ejemplo, cuando habló del desconocimiento de que el dinero guardado en el colchón pierde valor, algo que muchos parecen desconocer y por eso hacen como costumbre.

Por mi parte añado otro ejemplo, el de la tasa de inflación, que muchas personas niegan como medida válida y confiable basados en el razonamiento de que “su propia inflación personal” es mayor.

No se dan cuenta de que el índice de inflación mide una canasta de productos y servicios que seguramente no coincide con la propia. Desde luego que no va a coincidir, pero eso no es prueba de un error en la medición, sino confirmación de una falla de pensamiento.

Siguiendo con el tema, muchos parecen desconocer que deben intentar guardar sus ahorros logrando tasas de interés con niveles al menos iguales al de la inflación —de lo contrario, su dinero perderá valor.

Cosas tan básicas parecen ser totalmente desconocidas. Igualmente, muchos argumentan que las cifras de una economía que crece son falsas porque a ellos en lo personal les va mal: las cifras globales de una economía son generales y son la suma algebraica de lo que sucede en muchos sectores, por lo que la situación personal no tiene que ser un reflejo idéntico de la situación general.

Tampoco es infrecuente escuchar reclamos de precios justos. Desde luego, la definición de precios justos es la de precios diferentes a los esperados por la persona: para el comprador son los precios “altos” y para el vendedor son los precios “bajos.”

Nunca en estas cuestiones se hace mención de la oferta ni de la demanda, con sus principios que en vista de esto parecen pertenecer al conocimiento más esotérico. La cosa llega a descompasadas propuestas, como la del político que quiere hacer que el decreto de salarios mínimos los eleve por encima de la inflación.

Esta falta de cultura esencial en economía es una causa principal de popularidad política de los candidatos erróneos —definiendo como tales a quienes proponen medidas disparatadas e imposibles, pero que reciben apoyo popular por un numeroso segmento de analfabetas económicos. Kroger cita el ejemplo de que menos de la mitad de los estudiantes en EEUU saben lo que es el déficit público. Es este tipo de cosas lo que hace posible las largas listas de promesas de los candidatos, que las personas imaginan sin costo.

Algo muy similar sucede con las limitaciones al comercio internacional en donde el argumento de protección a la industria nacional borra toda posibilidad de pensar racionalmente y entender que lo mejor que puede pasar es exactamente lo opuesto: abrir las fronteras y abandonar la idea de proteger a industrias que se sostienen a expensas de productos caros y malos.

Toda la cuestión es una de entender cómo funcionan nuestras sociedades porque sobre ese conocimiento podremos construir un mejor mundo —no es un asunto ideológico, sino uno científico en el que se busca la verdad.

Un conocimiento distorsionado de la realidad llevará a decisiones equivocadas y lo contrario. Es por esta razón que debo señalar un aspecto que merece ser abierto descaradamente: a una mala economía no solamente contribuye la ignorancia del ciudadano sobre el tema, sino también, las ideas equivocadas al respecto. Concretamente, hablo de la indoctrinación política que en muchas instituciones se da a alumnos que al salir de allí no tienen las herramientas para realmente entender el funcionamiento de la economía.

Esos estudiantes recién egresados han sido imbuidos con las ideas incorrectas por parte de instructores que no buscan entender la realidad, sino perseguir una agenda política propia que quiere explicar el mundo con nociones como “lucha de clases,” “explotación,” “plusvalía,” y otros, heredados de dogmas marxistas —muchos de ellos mantenidos artificialmente con vida en recintos universitarios. Eso no es educación, sino indoctrinamiento religioso.

Mucho de lo que acontece en nuestras vidas diarias puede ser explicado por las ideas económicas y un dominio razonable de ellas por parte de la mayoría de la población nos hará más inmunes a promesas políticas irrealizables o conducentes a resultados finales desastrosos, a pesar de que en la superficie prometan grandes ventajas.

La prosperidad será más probable de esta manera y con ello, el combate a la pobreza será más efectivo. La tarea recae principalmente en los maestros y profesores que entiendan esto y persigan la verdad, no el indoctrinamiento.


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.




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