Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Cuotas de Raza
Leonardo Girondella Mora
31 octubre 2005
Sección: DERECHOS, Sección: Asuntos
Catalogado en: ,


El 27 de septiembre, un editorial del Wall Street Journal presentó una idea importante, la “diversidad” llevada a los extremos de la demencia. Su título es Ivory Cower, university presidents have lost their dignity, que puede traducirse como “Torre cobarde, los presidentes de las universidades han perdido su dignidad.”

El autor es Victor Davis Hanson. La columna narra varios casos en lo que su autor muestra la distorsión mental de presidentes de universidades norteamericanas que ponen atención en lo políticamente correcto. Destaca el caso de la Universidad de California, Berkeley, y su presidente, Robert J. Birgeneau.

El problema que el rector detectó a su arribo, no fue de tipo académico, sino de “diversidad” —esa noción que puede usarse con el objetivo que se desee para justificar lo que se quiera, sin recato y sin necesidad de usar la mente. El problema que encontró fue el siguiente: La población de la universidad no es igual a la población de su estado:

• Estudiantes afroamericanos en Berkely, 3%; pero en California los afroamericanos son el 6.5%.

• Estudiantes hispanos en Berkeley, 9.5%; pero la población hispana en ese estado es el 33%.

• Estudiantes nativos indígenas en Berkeley, 0.4%’ pero esta población en California es de casi 1%.

• Estudiantes asiatico-norteamericanos en Berkeley, 45%; pero en California esta población es el 11%.

• Estudiantes blancos en Berkeley, 33%; pero en California esta población es de 45%.

¿Hay desproporciones? Desde luego —ésa es la situación normal esperada, pues no puede suponerse que cada subgrupo social refleje perfectamente a las proporciones del total de la población. Esperarlo es un error. ¿Sería lógico que algún Chinatown tuviera una población representativa de latinos, blancos y negros? Voy ahora a ver las desproporciones de esas poblaciones.

Un 100 sería una representación perfecta de acuerdo a la población; por debajo sería una representación menor y por arriba, una mayor:

• Afroamericanos, 46.

• Hispanos, 29.

• Nativos indígenas, 40.

• Asiático-norteamericanos, 409.

• Blancos, 73.

Todos los grupos raciales tienen una representación menor a la de su proporción en la población de California —todos, menos los asiáticos. ¿Debe ser una universidad el reflejo perfecto del resto de la población?

No, si el tema es bien analizado, pero esas diferencias son una muy buena excusa para hacer de lado la misión universitaria de excelencia en la educación y poner atención en un problema fabricado que necesita solucionarse porque está en contra de la “diversidad.” ¿Qué hacer?

La respuesta es obvia, forzar las distribuciones de estudiantes para que ellas coincidan con las proporciones de la población.

Si hay 33% de hispanos en el estado, por fuerza tiene que haber ese mismo porcentaje o uno muy similar en la población estudiantil —y cuando eso se logre, la “diversidad” habrá sido alcanzada, solucionando la “discriminación.”

Por tanto, la acción correcta es sacar a cuanto asiático sea posible para dar cabida a estudiantes del resto de las razas —el doble de afroamericanos, el triple de hispanos, el doble de indígenas locales y un poco más de blancos.

Todos ellos entran y se expulsan a los asiáticos. Hanson, el autor de la columna, dice que de esto puede aprenderse mucho de las patologías que sufren las universidades actuales de su país —yo diría de muchas partes del mundo y no sólo en los terrenos universitarios. El presidente de Berkeley, por ejemplo, no se queja de la baja representación de blancos, ni de la sobre-representación de asiáticos. Se queja de la baja representación de los demás grupos raciales.

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Esta preocupación por un problema ficticio es baladí y trivial, a la que es bien aplicable la palabra con la que la columna empieza, “academencia.” La academia en su torre de marfil está sucumbiendo a un problema ilusorio que quiere solucionar por medios contrarios a la ciencia. • El criterio de raza usado para definir los grupos es primitivo en el mejor de los casos. Supone que puede determinarse en cada persona un ejemplar puro de la raza a la que hace referencia.

¿Qué hacer con el estudiante que es mitad latino y mitad sajón? ¿Cómo clasificar a un estudiante que es un octavo francés, un octavo español, mitad asiático y una cuarta parte negro? No hay respuestas posibles y si llegan a darse, ellas serían en extremo racistas: la raza en la que se es clasificado marcará si es o no posible que entre a una universidad.

• El criterio de mérito es puesto de lado. Ya no importa la capacidad ni el mérito para estudiar, lo que importa es la raza, así sea mal definida. ¿Se impedirá la expulsión de latinos o de afroamericanos para mantener las cuotas buscadas a pesar de reprobar materias? Es una auténtica negación de lo que intenta ser una universidad.

• La medida sería rematadamente discriminatoria, porque llevaría al rechazo de gente capaz que no pertenece a la raza buscada y la aceptación de gente incapaz que sí pertenece a la raza adecuada. Muchos talentosos terminarían sin entrar a la universidad y muchos incapaces serían aceptados. Las universidades, como efecto de esto, disminuirían su nivel académico.

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¿Cómo es posible que se defienda una medida de ese tipo? ¿Cómo es posible que se desee lo irreal? ¿Por qué se defiende un concepto como “diversidad”? Contestarlas requiere un pequeño análisis de la situación.

Primero, tenemos la definición de una situación. El problema está expuesto en estos términos: un subgrupo cualquiera de la población no contiene proporciones similares de los segmentos del resto de la sociedad. Por ejemplo, en una universidad el 2% de los estudiantes son latinos, pero en la población, los latinos representan el 10%. O igual, las mujeres son el 51% de la población pero ellas son el 10% de los altos ejecutivos.

Segundo, el entendimiento de esa situación como un problema: esas desproporciones no deberían existir —todo subgrupo de la población debería ser una muestra representativa de la población. Si hay 51% de mujeres en la población, debería haber un 51% de mujeres en las universidades. Y todavía más, debería haber 51% de mujeres en cada carrera y en cada generación de graduados.

La expectativa desarrollada es ésa, la de encontrar en cada subgrupo una proyección de la población en general.

Tercero, la selección de los criterios es sesgada. No todos los criterios de representación son importantes, ni todos los subgrupos merecen atención. Si el 13% de la población es vegetariana y sólo hay 1% de dentistas vegetarianos, eso no es relevante. La atención está puesta en ciertos subgrupos, como en este caso, las universidades, y no en todas las variables, sólo en la raza o en las preferencias sexuales.

Los criterios que más suelen ser mencionados son los de sexo y raza —sería tonto mencionar que no hay buena representación en el estudiantado de personas mayores de 50 años. Y se pone atención en ciertas razas, pero no en otras, como en el caso de Berkeley, donde la sub-representación de raza blanca no es vista como un problema, pero sí la de latinos y afroamericanos.

Cuarto, la negación de búsqueda de explicaciones. Si acaso, por ejemplo, se encuentra que las mujeres son significativamente menos del 50% de los profesionistas de medicina, o de las carreras de matemáticas, o de los puestos ejecutivos más altos, una mentalidad académica real buscaría explicaciones de ese hecho en complejos análisis y estudios.

No sucede esto cuando se está bajo los efectos de la “diversidad.” Allí, bajo su dominio de inmediato se brinca a conclusiones inmediatas que todo lo explican por medio de la discriminación intencional de unos sobre otros.

Quinto, la “diversidad” es un concepto laxo, flexible, vago que significa lo que su defensor quiera. Por ejemplo, con ese pretexto de encontrar variedad, una universidad puede justificar cursos de lo que se le ocurra a cualquiera —un ejemplo de esto es un curso descrito abajo de la Universidad de California, Santa Barbara:

This is an undergraduate seminar required for Chicana and Chicano Studies majors, focusing on gender, sexuality, race and nationality as they take meaning in the lives and histories of queer people… we approach “queer Aztlán” and “queer latinidades”… Some of the objectives for the course include: exploring the notion of “queer” and its relationship to Chicanas/os and Latinas/os; developing a basic understanding of the relationalities among race, gender, sexuality, class and nation among queer Latinas/Chicanas and Latinos/ Chicanos; understanding what we mean by the (shifting) categories of “gender,” “sex,” “sexuality,” “sexual orientation,” and “desire,” and their (dis)placement in Chicana and Chicano studies; and getting a sense of the historical and political position of queer peoples, identities, and histories in the dominant narrative of Chicano/a and Latino/a history.

Sexto, si a alguna persona se le ocurre criticar algo, lo que sea, acerca del curso mencionado, de inmediato va a ser atacado de tal manera que se le forzará a pedir al menos disculpas públicas y quizá hasta renunciar a su puesto si es que trabaja en esa universidad —se le vería como un tipo que discrimina contra los homosexuales latinos y eso es terrible en la mentalidad de la academia actual, cuyos integrantes se arrodillan bajo esa nueva deidad de la “diversidad.”

Aunque la pregunta sea sencillamente, ¿de qué sirve un alumno con conocimientos que son más bien las creencias muy cuestionables de su profesor? Es decir, la “diversidad” se está usando para justificar lo que sea y usarlo con un mecanismo de defensa y ataque que acusa a sus opositores de realizar discriminación.

Séptimo, la “diversidad” puede ser entendida como una herramienta que fuerza la existencia de situaciones que son ilógicas e irracionales —como el establecimiento de cuotas por raza, por sexo, o la difusión obligada de agendas políticas usando los recursos de otros.

En mi entender, esto es dejar de usar los métodos de disciplina mental y rigor científico que debían caracterizar a las universidades, en donde la búsqueda de la verdad debía regir y ahora lo hace el dogma.

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