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Derecho al Trabajo
Selección de ContraPeso.info
7 marzo 2005
Sección: DERECHOS, Sección: Asuntos
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Contrapeso.info ha seguido de cerca el tema de la jornada laboral francesa limitada a 35 horas semanales, una medida miope que pretendía reducir el desempleo crónico de ese país. En sí misma la reducción de la jornada no es relevante, pero sí lo es la serie de sucesos que se generan alrededor de ella.Nadie con sentido común hubiera aprobado esa medida, pero sí es conveniente examinar cómo esa medida quiere ser desmantelada y resulta en extremo difícil hacerlo.

El autor del texto es Shawn Macomber escritor del American Spectator y con un sitio en www.returnoftheprimitive.com. Agradecemos la gentil cortesía de Tech Central Station para reproducir este artículo.

La tiranía de la semana de trabajo

Los legisladores comunistas y socialistas en Francia están introduciendo cerca de 130 adiciones para bloquear o aligerar las reformas de las draconianas leyes laborales del país, las que en la actualidad convierten en un crimen (con algunas excepciones prohibitivamente caras) el trabajar más de 35 horas.

Además de tener razones muy claras para repeler la ley —la tasa de desempleo de Francia a pesar de las promesas socialistas de que la reducción de horas crearía de alguna manera más empleos por medio del “trabajo compartido”— hay una razón más básica rara vez discutida: la idea de forzosamente limitar a los individuos el hacer lo que ellos quieran con sus vidas, incluyendo decidir sus horas de trabajo.

Eso raya en el autoritarismo. Como dijo el ex ministro de industria francés, Alain Madelein, la ley “es un ataque a la libertad de trabajo.” “¿Qué derecho tiene el estado para impedir que alguien que quiere ganar más trabaje más y lo haga?” preguntó en un reciente artículo del Mises Institute.

Después de todo, si los socialistas quieren vivir una fantasía utópica, por qué no se les deja encontrar ellos mismos sus trabajos de 35 horas a la semana en lugar de imponerlos en todos los demás.

No todos quieren vivir en lo colectivo ni bajo las reglas de un partido minoritario que busca dominar las reglas de la sociedad entera. La imposibilidad moral de defender la ley puede verse en las incontrolables marchas sin sentido que protestan en contra de la cancelación de la ley por parte de cuatro de los cinco mayores sindicatos de Francia.

Se planearon demostraciones masivas en las calles de París y la retórica apocalíptica estuvo a la orden de día. “Hacernos creer que los trabajadores serán capaces de trabajar más para ganar más es una mentira,” dijo un vocero del sindicato CFDT, François Chereque, en radio BFM.

Mientras tanto, la ex ministro de trabajo, la socialista Martine Aubry, arquitecto de la ley de 35 horas emitida en 1998, ha estado clamando públicamente que su rechazo significará eliminar 50 años de progreso social.

Aunque es difícil justificar cualquier plan que imponga controles sobre las personas “para su propio bien”, aún existen extraños argumentos en favor de una ley que la mayoría de los periódicos franceses vitorean con una aprobación pública del 77%. (Una encuesta menos difundida encontró que 55% de trabajadores de cuello blanco y 30% de obreros querían la opción de trabajar más horas.)

Primero que nada, es dolorosamente obvio que la gente ganaría más si se le permitiera trabajar más. Es cuestión de aritmética simple. Este monto aumenta considerablemente cuando se tiene en cuenta que trabajar más de 35 horas requiere pagos extras.

En cuanto a la aseveración de Aubry, ella no se ha molestado en explicar cómo es que quitando a una ley con seis años de vigencia podría hacer que el país regrese 50 años al pasado. Cuando mucho regresaría seis años. ¿Y qué si tuviera una oposición del 90%?

En una democracia esos con el 10% tienen el derecho a vivir su vida como lo desean. Es todos aspectos la ley es un fracaso del que los políticos de toda denominación deberían huir. Como se apuntó arriba, la ley no forzó a las empresas a contratar más empleados y por tanto, no ha reducido la tasa estable de desempleo que paraliza al país.

Ha creado escasez de mano de obra en industrias sensibles como hospitales, donde largas listas de espera en un sistema socializado de medicina se han hecho más largas. Industrias francesas y europeas han comenzado a mover trabajos al este Europeo con más amigables leyes.

Incluso los socialistas que ahora luchan por mantener intacto su preciada corona conceden que familias de trabajadores han salido del partido en 2002 por causa de la pérdida del ingreso acumulado causado por la ley.

Una población que envejece y que espera las típicamente extravagantes concesiones más bajas tasas de crecimiento económico (menos del 2% en promedio durante más de una década), tampoco son un buen augurio para el status quo.

“Los franceses están trabajando menos que otros, 1561 horas al año, o 20% menos que los Americanos,” señaló Sylvain Charat, director de studios de política del think tank francés Eurolibnetwork en un artículo de Tech Central Station en septiembre pasado. “Más aún, no todos los franceses están trabajando: 61% comparado con 72% en los EEUU. Y finalmente los costos laborales franceses con 20% más caros que los de la Unión Europea antes de la ampliación y 40% más que en los EEUU.”

Otras naciones están enfrentando esta impopular realidad también. El líder alemán Gerhard Schröder ha propuesto una ruta para solucionar la inactiva economía alemana, la Agenda 2010, y que propone quitarse la camisa de fuerza de la semana de 35 horas.

El punto base es que nadie en Francia será guillotinado por trabajar 20 horas diarias en un día de trabajo en las minas de sal si la ley es cancelada. Francia es aún un país firmante de la Directiva de Tiempo de Trabajo de la Unión Europea permitiendo a los trabajadores trabajar hasta un máximo de 48 horas y con un día mínimo de descanso a la semana, con vacaciones pagadas de cuatro semanas.

Pero incluso con estas restricciones de la UE (las que debe ser notado no tienen más solidez moral que las restricciones francesas) podrán ser demasiado también. Francia, Alemania, Holanda, España, Italia e Irlanda están todos buscando salidas para los trabajadores de la salud, mientras que Luxemburgo quiere una salida para los trabajadores de hoteles.

La igualdad forzada es una farsa y está sujeta a los caprichos del estado, no a las necesidades de la gente. Los derechos de los trabajadores deben incluir el derecho a trabajar.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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