Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Economía y Propiedad
Santos Mercado Reyes
6 diciembre 2005
Sección: LIBERTAD ECONOMICA, Sección: Asuntos
Catalogado en:


Para comprender el papel fundamental que juega el concepto de propiedad privada, tratemos de pensar en una sociedad que juiciosamente decide construir su economía respetando el principio de propiedad privada.

Pongamos a volar la imaginación pensando en un grupo de mil náufragos que logran llegar a una isla solitaria y que tienen la seguridad de que nadie los va a rescatar en cien años.

Entre los sobrevivientes hay un hombre que leyó, comprendió y abrazó las ideas de Ludwig von Mises. el gran pensador de la Escuela Austriaca de Economía. Es un intelectual de nombre Juan quien convence a los hombres, mujeres y niños para que nadie atente contra la vida de sus semejantes.

Todos quedan convencidos y aceptan la primera regla de convivencia pues saben que si rompen la norma, recibirán un castigo adecuado.

La segunda regla que establece Juan consiste en que las posesiones que cada uno lleva, sea ropa, monedas o joyas nadie se las puede quitar. Deben respetarse como posesiones sagradas de cada individuo. Si alguien desea el abrigo del vecino, la única alternativa que tiene es negociar directamente. Le puede ofrecer algo a cambio y sólo se realizará la operación si ambos lo deciden libremente y voluntariamente, sin coerción de algún tipo.

Juan propone que cada familia o personas tengan su propio terreno para vivir. Seleccionan la zona urbana dividiéndola en solares de mil metros cuadrados cada uno. Todos quieren el solar No.1 pues tiene la mejor vista al mar. ¿Cómo distribuir los solares de tal forma que todos queden contentos?

Unos proponen una rifa pero Juan se decide por hacer una subasta. El solar más apetecido se otorgará al mejor postor. No necesitan tener el dinero en la mano, bastará con firmar un pagaré que lo pueden solventar en diez años.

Empieza la puja, el precio bajo (un peso) muestra muchas manos al viento. Conforme va subiendo el precio las manos se van retirando, hasta que por el precio de $50,300 sólo un hombre decide aceptar. Todos le aplauden y quedan contentos.

Ese dinero se colocará en un fondo especial, administrado por algún particular, para otorgar créditos a la persona que lo requiera.

Juan establece la norma de que quien logre cazar tiburones, cosechar cereales, criar aves, etc. tiene todo el derecho de venderlos o intercambiarlos a como convengan las partes.   Ningún tercero y menos Juan indicarán los precios. Juan dice que nadie puede obligar a nadie a trabajar contra su voluntad. Aquél que requiere un carpintero, albañil o ingeniero tiene que llegar a un acuerdo sin que intervengan terceras partes.

Quedan prohibidas las huelgas y sindicatos, es decir, nadie tiene el derecho de hacer complot y usar la fuerza de grupo para cerrar el negocio de quien les dio trabajo. El que quiera mayor salario debe negociarlo directamente con su patrón.

Cuando alguien viola alguna de estas normas, se formará un tribunal para que determine el castigo que debe pagar el infractor. Por supuesto, el violador debe reparar el daño a la víctima y pagar los gastos del tribunal. Aquellos que tienen vocación de enseñar tienen todo el derecho de fundar escuelas, pero deben vivir de lo que paguen los alumnos. Quedan prohibidos los subsidios.

Aquellos que tienen conocimiento e interés en manejar dinero (dar créditos, recibir ahorros, financiar casas, etc.) tiene todo el derecho de fundar bancos, aseguradoras, afianzadoras, etc. La tasa de interés se determina entre el oferente y el demandante de crédito y nadie más.

Si en el terreno de Juan hay petróleo, uranio o agua, es propiedad de Juan y la puede comercializar sin restricción. Con estas normas o leyes simples, a la vuelta de diez años se puede ver que esta isla es un pequeño mundo capitalista donde todos son comerciantes, todos pueden emprender libremente cualquier negocio y nadie considera un pecado acumular riquezas.

Juan (el Estado liberal) necesita casa, alimentos y ropa. Por ahora él es el único que puede vigilar que la sociedad se desarrolle armónicamente, así que los ciudadanos  deciden establecer un pequeño impuesto para lograr que este vigilante esté alerta contra cualquier desviación que pueda destruir el orden liberal.

Para Juan está prohibido subir impuestos y tener empresas propias.

Juan explica que en realidad no hacía falta hacer tantas leyes; habría sido suficiente establecer que todos debían respetar el principio de propiedad privada. Con eso bastaba para construir una economía de mercado que brindara la oportunidad de lograr la mayor prosperidad para todos.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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