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El 21 del este mes hubo una noticia que pasó sin pena ni gloria, pero que merece una segunda opinión. La Jornada, de la Ciudad de México, reportó la noticia con encabezados que decían, “La reguladora en la materia (educativa) debe ser la UNESCO, no la OMC… Rectores de Latinoamérica, contra la mercantilización educativa.” En un evento llamado Encuentro Internacional de Educación Superior se dijeron cosas que ese diario reporta con estas palabras,
Se adivina en esas palabras que las universidades allí reunidas se sienten amenazadas por el comercio en la educación, lo que sea que ello signifique. Y que desean defenderse buscando que los gobiernos las protejan, “pues de lo contrario, existe el riesgo de que ésta se convierta en una ‘transacción estrictamente mercantil’ con un daño grave e irreversible para los países del mundo.” La situación queda clara en el reportaje cuando se dice que el rector de la universidad nacional en la Ciudad de México
Con el perdón del rector, si se queja de mercantilismo eso es precisamente lo que está haciendo. Buscar la protección de amenazas exteriores llamando a la autoridad gubernamental es mercantilismo del más puro. Fuera de esto, el asunto está bastante claro. Las universidades establecidas se ven frente a competencia por parte de quienes también ofrecen servicios educativos. E igual que muchos empresarios, también claman al gobierno que los proteja de esa competencia. Nada nuevo bajo el sol. Las universidades establecidas dicen que sólo ellas ofrecen educación de calidad y que su competencia no lo hace, que ella está lucrando con la educación y ofreciendo cursos que no son buenos. Si efectivamente lo son y esas universidades son de primera, no deben preocuparse por la competencia que además, dicen, es de mala calidad. Una parte del reportaje deja esto más claro aún. Dice que se
Si usted se ha preguntado por qué hay subdesarrollo, aquí tiene una de las causas. Las mismas universidades tienen ideas que lo causan y en ellas educan a sus alumnos. Primero, ellas presuponen ser las mejores en servicios educativos, pero le tienen miedo a la competencia. Y segundo, no quieren que los alumnos tengan otra opción de estudio. Más aún, suponen necesariamente que los alumnos no tienen la capacidad para decidir por ellos mismos lo que quieren y que si se les deja libres van a optar por otros y no por ellas. Es una posición de soberbia neta la que padecen según la información de ese periódico. Y buscan privilegios que de darse crearían tratamientos legales injustos. La situación entera es de llamar la atención pues en centros en los que se supone debe existir inteligencia y razón, resulta que terminan por acudir a pedir protección gubernamental. Parecen pertenecer a ese grupo de personas que tienen miedo a la libertad y sus consecuencias. En fin, todo lo que quise mostrar en esta segunda opinión es la existencia de una mentalidad que ata al subdesarrollo. Cuando se oye hablar así a personas que deben ser ejemplo de grandes ideas e innovación se termina con una gran decepción. No sólo definen mal al mercantilismo, sino que quieren aplicarlo.
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