Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
El Brinco de Las Ranas
Selección de ContraPeso.info
4 agosto 2005
Sección: LIBERTAD GENERAL, Sección: Análisis
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Contrapeso.info presenta un texto de Hans H.J. Labohm, Senior Visiting Fellow, Nederlands Instituut voor Internationale Betrekkingen Clingendael.

El gran mérito de Labohm es proveer una lista organizada y clara de los frenos que tiene el progreso y el bienestar. Agradecemos la amable cortesía de Tech Central Station para traducir y publicar esta columna, publicada originalmente en septiembre de 2003.

¿Un nuevo camino a la servidumbre?

Fui recientemente invitado por el Ludwig von Mises Institute Europa para dar una conferencia sobre lo que Friedrich von Hayek habría pensado acerca de la ampliación europea.

Decidí leer de nuevo su obra clásica, The Road to Serfdom, algo viejo, puede decirse, porque desde The End of History and the Last Man de Francis Fukuyama, se supone que después de la caída del muro de Berlín, las democracias liberales capitalistas son el estado-final del proceso histórico.

Sin embargo, incluso antes de terminar la introducción (de Milton Friedman) y los (tres) prefacios del magnum opus de Hayek, me di cuenta que estaba totalmente equivocado. The Road to Serfdomcontiene cuestiones que aún hoy son tan visionarias y relevantes como lo fueron cuando fue por primera vez publicado en 1944. ¡Hay que imaginar el espíritu de los años 30 y 40!

La economía de libre mercado estaba sitiada porque se pensaba que el generaba caos con sus ciclos de negocios y su poder monopólico. La economía planeada, contemplada bajo el socialismo, se presuponía no sólo más eficiente que el capitalismo, sino se esperaba también —con su promesa de justicia social— que fuese más justa.

Era al ola del futuro. Solamente un reaccionario podía resistir esa inevitable marea de la historia. Dentro de este contexto The Road to Serfdom apareció con un mensaje aparentemente anacrónico. Pero ese mensaje no era obsoleto. Tuvo un impacto profundo en el desarrollo de nuestras economías y sociedades.

En su reciente libro European Integration, 1950 – 2003, Superstate or New Market Economy? el historiador norteamericano John Gillingham, revela que unos años antes, en 1939, Hayek publicó un artículo con un proyecto liberal (clásico) sobre la integración de Europa.

Ésta es la razón por la que Gillingham coloca a Hayek a la misma altura que Jean Monnet y muchos otros como uno de los padres fundadores de una nueva era.

Posteriormente en los años 70, con el colapso del paradigma keynesiano, se tuvo un renovado interés en el pensamiento de Hayek. En ese período sus ideas ofrecieron una gran fuente de inspiración para el desarrollo político y económico de Occidente —como se manifestó por ejemplo en la revolución de Reagan/Thatcher —pero también para el desarrollo de otras partes del mundo.

En su magnífico libro, Commanding Heights, The Battle Between Government and the Market­place That is Remaking the Modern World, que se lee como una novela, Daniel Yergin y Joseph Stanislaw cuentan la historia de un prominente economista chino, Li Yining, quien puso en tela de juicio la premisa entera del control estatal sobre la economía.

Li empezó como un seguidor de Oskar Lange, el economista polaco que apoyaba un socialismo de mercado con un sistema de propiedad estatal.

Sin embargo, durante los años de la revolución cultural, Li repensó los debates entre Hayek y Lange, concluyendo que él se había equivocado de lado y que Hayek estaba en una posición más atinada que Lange. Lo que sucedió después, todos lo saben.

Igualmente, muchos líderes en Europa central y del este han encontrado una fuente rica de inspiración en las obras de Hayek. Como están las cosas, entonces podemos concluir que la batalla ha terminado y que el “camino a la servidumbre” está bloqueado para siempre, ¿o no? Mi respuesta es que desafortunadamente no, no podemos hablar de una batalla concluida.

Nuestras libertades y nuestro bienestar económico están aún expuestos a riesgos. Esos riesgos pueden agruparse en estas categorías:

• Igualitarismo

• Impuestos altos

• Grupos de interés

• La ideología de la stasis

• Regulación

• El principio precautorio

• El calentamiento global y Kyoto

Me atrevo a pensar que, tomadas en su conjunto, estas tendencias pueden acarrear el riesgo de un nuevo “camino a la servidumbre.”

Igualitarismo

Si hay algo que el socialismo aún usa para separarse de otras corrientes políticas es su énfasis en el igualitarismo. El socialismo “caliente” está fuera de moda; es decir, el hacer de la economía un monopolio gubernamental, mediante la propiedad directa de los medios de producción o mediante la completa dirección estatal de la vida económica.

Este socialismo no es un riesgo. El riesgo es el tipo de socialismo que se dirige a una redistribución masiva del ingreso por medio de impuestos y subsidios para rearreglar los resultados económicos e implantar una distribución más igualitaria del ingreso. Hay una vasta mayoría política en todos los países que favorece algún tipo y grado de redistribución del ingreso.

Pero hay un conflicto permanente en cuanto a la amplitud con la que debe realizarse; en parte porque hay un trade-off entre la creación de riqueza y su distribución. Una redistribución demasiado generosa minará los incentivos y disminuirá la creación de riqueza, lo que afectará a todos. En muchos países de Europa los límites críticos ya han sido rebasados en este respecto.

Impuestos altos

La reducción de impuestos fue parte de la llamada revolución del supply side. Su objetivo era mejorar el lado de la oferta de la economía, en oposición al lado de la demanda, que era el foco central del keynesianismo. La filosofía subyacente fue ilustrada por la llamada curva Laffer en los años 70, creada por el economista Arthur Laffer.

Él postuló que más allá de cierto nivel, los impuestos altos debilitarían a la actividad económica, disminuyendo por tanto los ingresos fiscales del gobierno; los impuestos bajos, mientras tanto, promoverían a la actividad económica y elevarían los ingresos gubernamentales. La reducción de impuestos fue un objetivo favorito de ministros de finanzas pero ha caído en el olvido en los últimos años a causa de la recesión.

Grupos de interés

Hay más riesgos para nuestras libertades y bienestar económico. Son de diferente tipo y más difusos. Por ejemplo, el papel de los grupos de interés en nuestras sociedades. El proyecto liberal (clásico) de la Europa integrada incluía el rechazo de los privilegios de grupos minoritarios que afectaran a la inmensa mayoría, porque ellos invariablemente resultan en afectar negativamente la riqueza y el ingreso de la mayoría.

Fue el economista norteamericano Mancur Olson quien primero analizó la osificación creciente de los sistemas económicos nacionales provocada por el advenimiento de los grupos de intereses especiales. Ellos actúan como coaliciones de distribución, es decir, reciben favores especiales del gobierno en forma de protección, subsidios, estatus monopólico, u otras formas de barreras a la entrada y salida de una industria particular.

Cuando son exitosas, sus acciones convierten en buscadores de rentas a los participantes de mercado y por eso frenan el dinamismo y el crecimiento económico. El mercado común europeo (posteriormente el mercado único europeo) ha promovido la competencia a través de toda la zona. Al hacerlo estaba aplicando las ideas básicas de la filosofía de Hayek. De hecho ha reducido exitosamente el poder de muchos grupos de interés nacionales.

Al mismo tiempo no ha sido capaz de limitar sustancialmente el poder del lobby europeo de agricultura y sindical. En lo que concierne a la agricultura, Franz Fischler, el Eurocommissioner ha anunciado medidas de reforma que recortan las ayudas europeas a la agricultura. Al mismo tiempo los EEUU y Europa han llegado recientemente a un acuerdo de una propuesta para liberalizar el mercado mundial agrícola en acuerdo con la ronda de Doha.

Pero como observador de la política agrícola europea durante muchas décadas, lo creeré cuando lo vea. Hasta ahora, la ayuda agrícola ha sido como una burbuja de aire atrapado entre la pared y el papel tapiz. Cuando se quiere quitar se mueve a otro lado.

La llamada mutifuncionalidad de la agricultura ofrece un ejemplo. Se tiene la intención de dar ayuda y protección a los agricultores europeos cuando ellos realizan un esfuerzo poniendo atención en la seguridad de la comida, el medio ambiente, el bienestar animal, la preservación de la comunidad y del campo.

Pero dependiendo de la manera en la que se implemente la multifuncionalidad, puede convertirse en la más reciente ola “creativa” del proteccionismo. Los sindicatos merecen un tratamiento separado, dentro del colorido desfile de grupos de interés.

La integración europea y la competencia incrementada que ella acarrea no han disminuido sustancialmente su poder político. En muchos países los sindicatos han sido considerados como socios deseables en el llamado diálogo social.

Su involucración ha sido entronizada en los arreglos institucionales a nivel europeo. Pero estos bien respetados socios han por largo tiempo mantenido como rehenes a nuestras sociedades, en el sentido que han bloqueado todo tipo de reformas socio-económicas que debían haberse realizado, incluyendo los esfuerzos para hacer a los mercados laborales más flexibles y reformar los esquemas de pensiones para volverlos sustentables.

No debe olvidarse que la sociedad como un todo paga el alto precio de una minoría imponiendo su voluntad en la mayoría. Sólo como ejemplo, en Alemania únicamente el 18% de los trabajadores son miembros de un sindicato.

Pero hay señales de que el gran público está harto de esto. En Francia —de todos los lugares— un movimiento popular ha surgido llamado Liberté, j’écris ton nom, es decir, Libertad, yo escribo tu nombre, lidereado por un joven estudiante Sabine Herold.

Este movimiento se ha opuesto públicamente a las huelgas de servidores públicos y de empleados del sector público, las que se han vuelto un pasatiempo favorito en Francia. Organizó una contra demostración masiva movilizando a 100,000 personas. Nunca había sucedido antes, ni en Francia ni en otras partes.

Ideología de stasis

También está la ideología de stasis, una noción acuñada por la autora norteamericana Virginia Postrel. Ella señala que a pesar del hecho que hoy tenemos más riqueza, salud, oportunidad y opciones que cualquier otro momento en la historia, hay un coro de intelectuales que a gran volumen lamentan nuestra condición.

La tecnología, dicen, esclaviza. Los cambios económicos nos producen inseguridad. La cultura popular nos embrutece y brutaliza. El consumismo daña al medio ambiente. El futuro, dicen ellos, está fuera de control y a menos que dominemos esas fuerzas del cambio y las guiemos, estamos en riesgo de desastre.

En su libro, The Future and Its Enemies, Virginia Postrel desarma este mito emprendiendo una atrevida exploración sobre cómo realmente el progreso sucede. En una multitud de áreas ella muestra cómo y por qué el ensayo-error y lo no planeado ni previsto es clave para el mejoramiento humano —no la conformidad con una visión central.

Por tanto, los reales enemigos del futuro de la humanidad son esos que insisten en prescribir avances de antemano, evitando el proceso de competencia y experimentación, favoreciendo a sus propias preconcepciones y prejuicios. Postrel argumenta que estas visiones en conflicto acerca del progreso, en lugar de las tradicionales izquierdas y derechas, definen mejor nuestro debate político y económico.

De un lado, ella identifica una colección de extraños compañeros con diferentes antecedentes políticos —de la izquierda a la derecha—, todos compartiendo una devoción que ella llama “stasis”, una sociedad controlada y uniforme que cambia sólo con permiso de alguna autoridad central.

Del otro lado hay una coalición en formación que propone lo que Postrel llama “dinamismo”: una sociedad abierta, donde la creatividad y el emprender se realizan bajo reglas predecibles, generando progreso de maneras impredecibles.

Los “dinamistas” están unidos no por una única agenda política sino por el aprecio de procesos de evolución compleja como la investigación científica, la competencia de mercado, el desarrollo artístico y la invención tecnológica.

Regulación: lo bueno, lo malo y lo feo

En lo que concierne a la regulación, los esfuerzos de desregulación de los años 80 parecen haberse puesto en reversa y generar en algo que da la impresión de una febril locura reguladora. Pero como Sergio Leone en su magistral spaghetti western “El bueno, el malo y el feo,” debemos hacer claras distinciones entre los diferentes tipos de regulación. La buena regulación es la que ayuda a los mercados libres.

Esta regulación se manifiesta por ejemplo en el sector de los servicios financieros europeos. La mala regulación daña a los mercados. Esta regulación se manifiesta en muchos mercados de bienes, especialmente en requerimientos sobre seguridad y ambientalismo. Y la regulación fea tiene un efecto proteccionista. En agricultura, por ejemplo, la prohibición de facto de uso de organismos genéticamente modificados en Europa es un caso ilustrativo. Viendo todo, es difícil dejar de sentir que hay demasiada regulación de los tipos mala y fea.

Principio precautorio

Y más aún, tenemos este principio. ¿Quién no prefiere estar seguro antes que lamentarse después? Pero hay límites. Si se lleva al extremo, el costo de la precaución es mayor que el de sus beneficios. Financiamos a los bomberos con nuestros impuestos, pero no todas las casas tienen un sistema de rociadores.

Y en el apogeo de la Guerra Fría incluso había personas que no tenían refugios nucleares en su patio. En otras palabras, un mundo sin riesgos es impensable y existen límites en la aplicación del principio precautorio. Creemos que hay algunos riesgos que son demasiado pequeños para merecer un gasto adicional.

Si gastamos más en ellos, tenemos que dejar de satisfacer otras necesidades, incluyendo las medidas precaucionarias que nos protejan de otros riesgos que pensemos que son más probables. En breve, la aplicación del principio precautorio debe ser sujeto al mismo simple análisis de costo-beneficio que aplicamos en otros campos de decisiones humanas.

La precaución en Europa está fuera de control. El ejemplo más reciente es el de REACH, las iniciales de Registration, Evaluation and Authorization of Chemicals, que impondrá una nueva capa de regulación a las ya existentes.

Es una propuesta que obliga a los productores e importadores a someter información a una base central de datos sobre peligro, exposición y riesgo de 30,000 sustancias nuevas y existentes que se producen o importan en cantidades anuales que exceden una tonelada métrica.

También cubre a los productos downstream, que son ampliamente usados por consumidores y empresas de todos tipos y que contienen esos químicos. Desde luego esto necesitará recursos que podrían dedicarse a productos nuevos e innovadores y que se dedicarán a probar químicos que se sabe que son seguros en usos normales.

En sentido más general, el principio precautorio requiere demostración científica de absoluta seguridad cuando se introducen nuevos productos o procesos. En términos netos, sin embargo, la sobre-precaución suprime el conocimiento científico en favor de consideraciones políticas, creencias falsas y miedos irracionales.

La aplicación excesiva del principio precaucionario impide la acción hasta que no exista total certeza de que no se producirá daño alguno. Pero el 100% de certeza no puede ser garantizado. La consecuencia es parálisis y estancamiento.

Calentamiento global y Kyoto

A mismo tiempo, otro espectro nos acecha, si es que creemos en la posición oficial de la UE, ¡el calentamiento global producido por el hombre! Pero la amenaza putativa del calentamiento es probablemente un artefacto estadístico.

Las mediciones de temperaturas de superficie sí muestran algunas elevaciones de temperaturas en el mundo, pero estas mediciones no son confiables. Ellas están sesgadas por varias razones; por ejemplo, el cierre de dos tercios de las estaciones acuáticas en los pasados 30 años.

Las estaciones restantes se encuentran a menudo en regiones urbanas que están expuestas al llamado efecto isla de calor urbano, que significa que las ciudades se calientan mientras la población aumenta, mientras que el campo abierto no.

Las mediciones más exactas —de satélites— no muestran ningún calentamiento importante. De modo que el calentamiento urbano no es una amenaza, pero sí lo son las mediciones que se han propuesto para combatirlo.

Ellas implican una capa adicional de regulaciones burocráticas costosas que dañarán el crecimiento económico. Así que todo visto, creo que las tendencias que han sido cubiertas en esta revisión bien pueden formar un preámbulo a un nuevo “camino a la servidumbre.”

Seguir a las ranas

Hay una historia vieja que cuenta que si se arroja una rana a una olla de agua hirviendo ella rápidamente brincará saliendo de ella. Pero si se pone una rana en una olla de agua fría y lentamente se eleva la temperatura, la agradable temperatura lograda hará dormitar a la rana y eventualmente morirá cocinada, sin despertar.

¿Será este el destino de los ciudadanos europeos de cara a los peligros de un nuevo “camino a la servidumbre”? No necesita serlo. Los biólogos han investigado si la historia de las ranas es cierta. Y han encontrado que no es verdad.

Las ranas brincarán mucho antes que el agua esté demasiado caliente para ellas. ¿Que sacamos de todo esto? La conclusión es clara: los europeos deben seguir a las ranas. Europa necesita un cambio.


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.





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