Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
El Fracaso Alegra
Eduardo García Gaspar
21 marzo 2005
Sección: EFECTOS NO INTENCIONALES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


En algún lugar, no hace mucho, leí una idea interesante: es posible que existan personas muy interesadas en hacer que su país tenga tropiezos serios. Más concretamente, esas personas son o pueden ser gobernantes.

Y tenemos así que gente metida en la política puede interesarle que su nación fracase en algo… e incluso colaborar a que la falla se realice.

Lo que leí hablaba de un grupo de personas dentro del partido demócrata en los EEUU, que manifestaban su alegría ante las acciones de los terroristas en Irak, que mataban a soldados que eran sus paisanos. Decían que esas muertes eran buenas para que su país fuera derrotado y perdiendo la guerra se perjudicara a los republicanos.

No me importa, en esta idea, si la guerra era o no justificable. Lo que merece atención es la existencia de esas personas deseando más muertes de americanos como ellos y queriendo el fracaso de su propio país.

El caso, en su esencia, es fácilmente trasladado a otras situaciones en las que se da ese mismo deseo: si el país fracasa eso será malo para mi enemigo político y por eso, me será de beneficio. México es un buen ejemplo de esto ahora mismo.

Si hay alguien muy bien identificado a quien no le conviene que el gobierno actual sea exitoso, ése es la serie de partidos opositores. Es una conducta lógica el pensar así. Miope, inmoral, lo que usted quiera, pero lógica y racional si lo que se tiene como prioridad es lograr la presidencia en el siguiente período.

Los escenarios son sencillos. Si el partido ahora en el poder es exitoso, eso disminuirá las probabilidades de lograr la presidencia en el futuro.

En cambio, si el gobierno actual resulta ser un fracaso, entonces la probabilidad de ganar la siguiente elección es mayor. En otras palabras, los partidos políticos que no están en el poder tienen un incentivo para hacer que falle el partido que sí está en el poder. Es un defecto de la democracia, pocas veces visto expresamente. Un defecto estructural del sistema.

Ya que la democracia usa el voto popular para acceder al poder, es de interés partidario que se reduzca todo lo posible la popularidad de los enemigos en las elecciones siguientes. Un partido con buen desempeño reconocido es un enemigo temible, mientras que un partido que fracasó en el poder ya no es tan formidable.

No hay duda en mi mente que eso está sucediendo en México. Dos partidos políticos mexicanos, en buena dosis, están tratando conscientemente de hacer ver mal al partido en la presidencia y, también, de evitar que se realicen acciones que tengan buenos resultados para el país y así el actual gobierno se torne popular y los derrote de nuevo en 2006.

Esta falla del sistema democrático es estructural. No pienso que exista manera de remediarla modificando mecanismos y reglas del sistema.

Y esto me lleva a otra reflexión: si nos empeñamos en buscar sistemas políticos perfectos no los vamos a encontrar y, peor aún, haremos experimentos fatales. Nuestro mundo no es perfecto y nunca lo será. Intentar la perfección es peor que aceptar la imperfección Es este caso, la democracia es imperfecta y sus defectos señalan la dirección en la que ella puede ser mejorada.

No es cambiando las reglas para hacerla a prueba de toda falla. Es imposible. Pero sí es posible intentar otro camino, el de la buena voluntad y el buen razonamiento de las personas… en mayor proporción que ahora. Si un político, por beneficiarse a sí mismo, está dañando a millones en un país, él esta cometiendo una falla moral seria, fácilmente identificable.

Sin llegar a querer tener gobernantes perfectos, que también es imposible, la simple elevación de su nivel ético ayudaría indeciblemente a solucionar esta falla del sistema.

A lo que me refiero en última instancia es que los actos de gobierno son en el fondo actos con carga moral y si ellos son realizados por personas sin conciencia ética, la falla resultará enorme. Pero si ellos tienen una conciencia moral menos reducida, la falla resultaría menos notoria.

No hay manera de quitar a las decisiones de gobierno esa carga moral y cuando eso se hace, las fallas del sistema se manifiestan. La falla, por tanto, es más humana que del sistema. Un efecto colateral inevitable.


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.





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