Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
El Nuevo Gobierno
Eduardo García Gaspar
22 agosto 2005
Sección: POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Juguemos al futurólogo e imaginemos que estamos en 2006 y que acaba de ser anunciado el ganador de la elección para presidente en México. Supongamos que los perdedores reconocen su derrota y el presidente electo inicia una serie de discursos hablando de sus planes y propuestas.

El ganador tiene frente a sí dos estrategias básicas, la de celebrar su victoria reconociéndola como una victoria partidista, o la de celebrarla como una ocasión de unión nacional.

Para aclarar la diferencia entre las dos, conviene citar el ejemplo del presidente Fox, que optó por la estrategia de victoria partidista y continuó así el tono de animosidad de las campañas electorales. Podía haber optado por el otro camino, pero no lo hizo. Podemos llamar a esto el “tono de la victoria.”

Consiste en el contenido del discurso del ganador, el que se puede orientar a una de esas dos direcciones. La dirección de confrontación la que contendría varios elementos: sería muy crítica de gobiernos anteriores, hablaría de implantar su propio proyecto, mantendría animosidad con los demás partidos, se vería como lo que todos los mexicanos ansían, explotaría diferencias entre sectores de ciudadanos, llamaría a reivindicaciones sociales.

Ese tono sería de confrontación y división, tanto entre partidos como entre ciudadanos. Produciría, desde luego, resentimientos y temores, al mismo tiempo que escasas probabilidades de acuerdos políticos futuros. No es una opción agradable por sus efectos en el gobierno y la ciudadanía, que serían esos, los de división y fragmentación. Terminaríamos con un ambiente enrarecido muy poco propicio a la creación de prosperidad.

La otra estrategia es la opuesta, no la división, sino la unión. En esta opción, el candidato ganador opta por un “tono” y contenidos que descansan en la idea de que las campañas políticas han terminado y de que es el tiempo de trabajar juntos. En esta estrategia no hay llamados a reivindicaciones de sectores, ni se dan críticas a gobiernos anteriores, sino que se habla de “ver hacia adelante.”

Es un camino con orientación al futuro fundado en nociones relacionadas con labores conjuntas, de todos los partidos. En la estrategia de la unión, el candidato se abstiene de hablar de su proyecto dando prioridad a la cooperación entre todos los partidos y todos los mexicanos.

Es exactamente lo opuesto de la estrategia de la desunión, mencionada primero. La opción de una de las dos estrategias extremas abre la posibilidad de encontrar estrategias mezcladas. Aquí apunto algo obvio, conforme más se acerque el ganador a la estrategia de la unión, mejor.

Una estrategia intermedia, la vería yo, como una mala opción, la de la indefinición y vaguedad engañosa. Pero hay otro punto, el de la malicia política. El candidato puede intencionalmente crear impresiones falsas y hablar de irse hacia la estrategia de la unión, cuando en realidad ha optado por la estrategia de la fragmentación.

Es decir, puede estar queriendo crear la impresión equivocada para tranquilizar los ánimos y temores post-electorales para luego abiertamente irse por la otra ruta, cuando ya esté afianzado en el poder. Lo anterior es útil para el ciudadano en su decisión de voto.

Específicamente, el ciudadano debe intentar ver antes de emitir su voto si el candidato de su elección se inclina por una de las dos grandes estrategias… y sobre eso, abstenerse de votar por el candidato que se vaya hacia la estrategia de la desunión y fragmentación.

Este es un deber del ciudadano, el de tratar de interpretar las palabras de cada uno de los candidatos para saber por cuál de esas dos estrategias cabecea. La idea es sencilla y se ha demostrado este sexenio. El presidente electo y ya en su puesto, no debe adoptar un tono de confrontación y crítica, sino uno de conciliación y concordia.

Fox mantuvo en la presidencia el tono mismo que tuvo en la campaña, sin entender que ya había ganado y que el tono adecuado era el de colaboración.

El siguiente presidente puede cometer el mismo error y, sabemos, que dos errores iguales producen las mismas consecuencias. Es un asunto estratégico y como todos los de este tipo, tiene el inconveniente de no verse con facilidad.

POST SCRIPTUM

La reciente campaña publicitaria del presidente Fox en una prueba irrebatible del error del que hablo en esta columna. No sólo es un absurdo viaje de apoyo a su ego, sino que mantiene la terquedad de criticar con obstinación los 70 años anteriores del PRI. Con eso tiene todo que perder y nada que ganar. A la hora de gobernar su mejor aliado legislativo era el PRI a quien él ataca sin objetivo real de beneficio.

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