Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
El Papel del Religioso
Selección de ContraPeso.info
17 marzo 2005
Sección: RELIGION, Sección: Asuntos
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Contrapeso.info presenta un texto del reverendo Chanshi Chanda, quien es coordinador de extensión educativa de la Iglesia del Nazareno en el distrito norte de Zambia; también es coordinador de desarrollo de líderes en África Central (Zambia, Zimbabwe, y Malawi).

El tema central de su breve artículo es la corrupción y cómo la iglesia debe ayudar a combatirla, empezando por limpiar su propia casa.

Aunque es difícil hablar generalizando a todo el continente africano, puedo afirmar con seguridad que muchas víctimas de la corrupción en el terreno público están yendo con los líderes religiosos en busca de ayuda. Los líderes religiosos no son los únicos jugadores que luchan contra ese monstruo llamado corrupción, sin embargo su papel es crítico para la solución.

Este ir con la iglesia es reconocer el papel que ella juega en la solución de los asuntos de interés público.Las personas también reconocen así el mandato moral y la misión de la iglesia en los asuntos públicos para defender a los débiles y oprimidos.

Los líderes religiosos no deben ver con ligereza esta responsabilidad moral. La corrupción es un término amplio, con muchas dimensiones, como bien deberá comprender el observador religioso. Mwanalushi Muyunda, en Corrupción, pobreza y buen gobierno, ofrece una definición de varias facetas.

En su base central, la corrupción es la traición a la confianza. Es el mal uso del poder confiado para la ganancia personal, por ejemplo, el mal uso de un puesto público para beneficios propios y con daño a los demás; y toma varias formas, como extorsión, apropiación de bienes públicos para uso privado, fraude con fondos públicos, cohecho, nepotismo y otras.

Corromper es destruir o pervertir la integridad o fidelidad de una persona en la realización del deber; es inducir a una persona a actuar deshonestamente o sobornar; es el acto de solicitar u ofrecer gratificaciones o “mordidas.”

El tema de la justicia está en el mensaje de la Biblia que los clérigos dicen servir. ¿Por tanto, cuál es el papel de los líderes religiosos en el combate de las injusticias sociales y políticas? Para comenzar, todos los líderes religiosos deben renovar el entendimiento de su llamado, entendiéndolo de acuerdo con el más alto estándar y entender que ellos rendirán cuentas en ese estándar.

Ellos están en este mundo, pero no son de él; son líderes en una comunidad que está sostenida no por valores terrenales, sino celestiales.

Los líderes religiosos son en todas las cuestiones morales la luz y la sal de los asuntos públicos. Al renovar su compromiso, ellos se elevan a un nivel en la vida sentida en la iglesia y en la comunidad entera. Ésta es el arma de la iglesia para luchar contra la corrupción.

Demasiadas veces, la iglesia misma es afligida por la corrupción, la que socava su testimonio en el terreno público. Los líderes religiosos no guían a ángeles, sino a un laicado que a diario está involucrado en los asuntos de la sociedad.

Algunos de esos fieles incluso sirven en los consejos y comités de la iglesia y son testigos de su corrupción. Es muy difícil para los clérigos hablar contra la corrupción si la administración eclesiástica sufre la misma corrupción que la administración pública.

Como Jesús dijo, “¿Cómo puedes decirle a tu hermano, ‘déjame quitarte la paja de tu ojo’, cuando todo el tiempo tienes una viga en el tuyo propio?” (Mateo, 7, 4 NIV)

Hay, desafortunadamente, muchos ejemplos de corrupción eclesiástica que mostrar. Las personas que dicen recolectar fondos para construir iglesias y para programas de ayuda, resultan ser impostores. Oficiales de la iglesia son sorprendidos en fraudes con fondos de la parroquia. En un caso, un ministro ordenado robó 25,000 dólares que habían sido asignados a aliviar el hambre.

El mismo culpable había estado dos veces ya en prisión por delitos similares. Algunos clérigos son culpables de selecciones injustas de personas en sus iglesias. Estos y muchos otros son frutos de la corrupción. Los laicos y el hombre público ven con sospecha a la iglesia cuando ella habla contra la corrupción y los mismos líderes religiosos han sido injustos o han fallado en la administración de sus propias casas.

Esta falta de disciplina es, desde luego, común en la historia de todas las instituciones, incluyendo a la iglesia; pero eso no es excusa para ignorarlo o condonarlo.

Para que la iglesia sea efectiva al atacar a la corrupción en el terreno público, sus líderes deben erradicar la injusticia y la falta de rendición de cuentas en sus parroquias. Esta es la única manera en la que ellos pueden realizar la presencia de Dios y su gloria en los que son injustos en el campo público.

También, ésta es la forma en la que los laicos emularán la justicia en la iglesia y la aplicarán en los asuntos públicos, como verdaderos embajadores de Nuestro Señor Jesucristo.

El poder de asociación es de tal magnitud que cuando sólo uno de los religiosos se comporta equivocadamente, la imagen total del cuerpo de Jesucristo se mancha ante los ojos de gente corrupta. En lugar de obedecer a Dios, ellos preferirán pedirle a la iglesia que se quite la paja del ojo antes de retirar al viga del suyo.

Si la iglesia no se libra de las facetas de la corrupción tratadas antes, su misión en el mundo será obstaculizada. Es imperativo que los líderes de la iglesia se santifiquen ellos mismos para que su misión sea efectiva.


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.




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