Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
El Vaticano II
Eduardo García Gaspar
21 diciembre 2005
Sección: RELIGION, Sección: Una Segunda Opinión
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Uno de los conceptos menos claros que tengo sobre mi religión es el del último concilio, tan reciente que sus efectos quizá no sean aún sentidos en toda su extensión y difíciles de ver, pero sí discutidos ampliamente con versiones muy encontradas y a veces tan opuestas que parecería estar frente a dos religiones diferentes dependiendo de con quién se habla.

Tratando de leer algo al respecto, en general, encontré una obra que en breves palabras resumen la discusión de fondo. No es la solución total del tema pero sí una buena herramienta para entender sus bases. Antes de entrar a esa explicación, recordemos que del Vaticano II salieron reacciones diferentes, las que han sido calificadas de un duelo de progresistas contra conservadores.

El asunto, la verdad, es más complejo que eso.

Aceptemos eso de que el concilio fue una forma de ver a la iglesia católica en contacto mayor con el mundo moderno, menos encogida sobre sí misma, más universal. La idea es buena, pero requiere de extremo cuidado y para ese objetivo se usaron dos principios que debían aplicarse en conjunto, pues uno sin el otro a nada llevarían. Dos principios que se conocen con nombres en francés y en italiano.

Uno de esos principios era el “ressourcement”.

El otro es más conocido, el del “aggiornamiento”.

El primero es el de acudir a las fuentes originales, el resurgimiento de los padres de la iglesia, un tanto alejado de la fría teología, para entrar a una revitalización de la iglesia, bien fundamentada y sólida, fiel a sus principios, menos encogida sobre sí misma. El aggiornamiento es la revitalización misma, la actualización de prácticas, estructuras y métodos para actuar dentro del mundo actual.

La meta última era la obvia, hacer más efectiva la labor de la iglesia católica como misionera de Cristo en los tiempos actuales. Y para hacerlo, el concilio debía operar bajo esos dos principios simultáneamente: realizar el aggiornamiento, la actualización de la iglesia, con el ressourcement caminando a la par. No había posibilidad de abandonar un principio para ir en pos del otro. La actualización no podía hacerse sin el respeto a las raíces.

Creo que hasta aquí la idea es clara, la de una actualización bien sustentada en los orígenes del cristianismo, antes del más frío escolasticismo. No era querer regresar a las catacumbas, sino a la riqueza de grandes santos como León Magno, San Agustín y otros pensadores muy refinados.

Pero hubo un problema, muy serio, que es el origen de consecuencias negativas. Sucedió que el ressourcement fue puesto de lado y lo que avanzó fue el aggiornamiento. En otras palabras, se entendió el asunto del concilio como uno de actualización a lo moderno sin la guía que daban las bases de las fuentes del cristianismo.

La vitalidad y la energía de quienes alimentaron a la iglesia en las fuentes originales se puso de lado para colocar toda la atención en la modernización de la iglesia. La separación de ambos principios tuvo consecuencias que eran lógicas y derivaban de la recién creada noción de que la iglesia debería aceptar lo moderno y hacerlo sin guías ni principios ni bases.

Se quitaron las fuentes del ressourcement y todo se fue al aggiornamiento: lo moderno debía imponerse, fuese lo que fuese y sin hacerle caso a las raíces. Las opiniones modernas de cualquiera en estos tiempos pesaban más que las de las fuentes de la iglesia.

De allí que se crearan esas dos formas de pensar, bautizadas como conservadores y progresistas. Los conservadores deseaban ambas, aggiornamiento y ressourcement. Los progresistas sólo aggiornamiento. Lo que vivimos ahora es producto de eso mismo, cuando en los medios noticiosos se habla del conservadurismo de, por ejemplo, Juan Pablo II o de Benedicto XVI, en oposición al progresismo de Boff, Kuhn y otros.

Más aún, si bien a los niveles de las discusiones teológicas las cosas pueden volverse muy complejas para un lego como usted y yo, a nivel del fiel común lo anterior tuvo sus efectos y quizá el mayor de ellos sea el de la consideración de algunos creyentes que desean saber los mínimos posibles de creencias y conductas para seguir siendo católicos.

El catolicismo es una religión de máximos, no de mínimos, de humildad no de soberbia, de razón pero sobre todo de fe.

Es una religión que tiene fuentes firmes, como anclas, y que al ignorarlas pondrían a la iglesia a la deriva de la más reciente opinión, o de la idea más popular… lo que sería un serio error.

Post Scriptum

Esta discusión se encuentra en la obra de Weigel, George (2005). GOD’S CHOICE : POPE BENEDICT XVI AND THE FUTURE OF THE CATHOLIC CHURCH. New York. HarperCollins. 0066213312, páginas 171 y 172.

Una obra anterior del mismo autor fue de 1999, BIOGRAFÍA DE JUAN PABLO II. Barcelona. Plaza Janés. 8401013046. El nuevo libro es una especie de continuación del segundo.


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