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Elecciones México 2006
Selección de ContraPeso.info
15 agosto 2005
Sección: POLITICA, Sección: Asuntos
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ContraPeso.info presenta un breve documento de BBVA Bancomer que contiene información sobre los antecedentes que rodean a las elecciones próximas mexicanas.

Ahora que los principales partidos políticos se alistan para lo que se perfila como una de las contiendas presidenciales más reñidas de los últimos tiempos, es útil hacer un balance de los procesos electorales realizados desde 1997. En ese año, entró en vigor la actual legislación electoral, diseñada para desvincular al Poder Ejecutivo de la organización de los sufragios y asegurar la adecuada representación de los partidos.

Esa reforma también hizo posible la elección directa del Jefe de Gobierno del Distrito Federal. Los comicios federales de 2006 serán los cuartos consecutivos en celebrarse bajo esas reglas. Cabe mencionar que cada una de las cinco contiendas que tuvieron lugar entre 1985 y 1997 se efectuaron con reglas distintas.

A raíz de la mencionada reforma electoral, la incertidumbre y desconfianza que solía acompañar a las votaciones se disipó. Hoy día, como en cualquier democracia, no es el proceso electoral en sí lo que puede generar incertidumbre y desconfianza, puesto que la mayoría de la población cree que su voto será respetado.

La consolidación de órganos electorales autónomos, el desarrollo de un régimen de partidos altamente competitivo, así como la integración de alianzas políticas a escala local y nacional, hacen que la preocupación del votante se centre en la calidad de los candidatos y de sus propuestas.

El mapa electoral ha experimentado cambios significativos en los pasados diez años. La disputa por todos los cargos públicos se ha intensificado. Todavía en 1976, el candidato del PRI a la Presidencia de la República obtuvo 93.9% de los votos. En la década de los ochenta, los candidatos priístas a la gubernatura de 14 de los 31estados también alcanzaron niveles de apoyo por arriba de 90%.

En las justas presidenciales de 1988 y 1994, el PRI enfrentó una mayor competencia: casi la mitad del electorado respaldó a candidatos de otras fuerzas. En 2000, por primera vez desde su fundación en 1929, el PRI perdió la Presidencia. Los comicios de 2000 marcaron un hito en la historia moderna de México: nunca antes había ocurrido la transmisión pacífica del poder de un partido a otro.

En comparación con la elección de 1994, el PRI bajó 14 puntos porcentuales en las preferencias, mientras que el PAN ganó casi 16 puntos adicionales. Tanto en 1994 como en 2000, el candidato del PRD estuvo lejos de igualar su hazaña de 1988, cuando acaparó cerca de un tercio de los votos. El resultado de 2000 demostró que no era necesaria una alianza entre los dos principales partidos de oposición, el PAN y el PRD, para derrotar al PRI en una contienda presidencial.

Pese a ya no ocupar el Poder Ejecutivo, el PRI se ha mantenido como el principal partido en el Congreso. Tiene la mayoría en el Senado y es el partido con más escaños en la Cámara de Diputados. El porcentaje de votos obtenidos por el PRI en la elección de diputados federales se redujo de 56.8% en 1988 a 36.9% en 2000, nivel que mantuvo en las elecciones de 2003.

El PAN ha sido la segunda fuerza en la cámara baja tras las elecciones celebradas en 2000 y 2003; empero, el PRD lo superó en escaños tras los comicios de 1997, año en que igualó el porcentaje de votos alcanzado por el Frente Democrático Nacional en 1988. Los cambios en el equilibrio de fuerzas en la Cámara de Diputados a partir de 1997 han dificultado al Ejecutivo en turno construir mayorías legislativas en pro de reformas estructurales de envergadura.

En las elecciones legislativas de 1985 fue la última vez que un partido, el PRI, logró la mayoría de dos tercios en la cámara baja, la cual es necesaria para la aprobación de cualquier reforma constitucional (se requiere además, el respaldo de dos tercios del Senado y la mitad más uno de los Congresos estatales).

A partir de 1997, el PRI tampoco contó con la mayoría simple en la Cámara de Diputados. A diferencia de anteriores leyes electorales, las de 1994 y 1997 imposibilitaron que un partido con la mayoría en la Cámara de Diputados tuviera los votos para enmendar la Constitución sin el respaldo de otro partido.

La legislación vigente limita el número total de diputaciones que puede ganar un partido a 300 (o sea, 60% de la cámara baja), cualquiera que haya sido su porcentaje de la votación. En suma, ningún partido tendrá la ascendencia parlamentaria que el PRI gozó hasta 1988. Un Presidente con mayoría legislativa está obligado a negociar con los demás partidos si pretende impulsar reformas constitucionales. Desde que en 1989 el PAN se convirtió en el primer partido de oposición en ganar una gubernatura al PRI, los comicios en los estados han sido cada vez más reñidos.

La alternancia en el gobierno ha sido la norma en 18 de las 32 entidades federativas. Aun en los 14 estados en los que el PRI nunca conoció la derrota, el respaldo a otras opciones se ha fortalecido. En los pasados dos años, el PRI ganó al PAN por escaso margen en la elección para gobernador en Veracruz (35.8 vs. 34.8%), Sonora (46.4 vs. 45.4%), Sinaloa (47.6 vs. 46.3%), Campeche (41.9 vs. 40%) y Oaxaca (49.4 vs. 46%). A fines de 1997, el PRI gobernaba a 25 entidades federativas, el PAN a seis y el PRD a una. En la actualidad, el PRI está al frente de 16 entidades, el PAN de 10 y el PRD de seis.

La plaza más importante en manos del PRD es el Distrito Federal, cuyos gobernantes antes de la reforma de 1997 eran nombrados por el Presidente. El Jefe de Gobierno goza de gran proyección política, en parte debido a que el Distrito Federal concentra a 21.9% del PIB nacional y 8.5% de la población total, además de ser la sede de los tres poderes de la Unión.

En las contiendas de 1997 y 2000, el PRD triunfó con 48.1 y 34.8% de las preferencias, respectivamente. El signo de los tiempos es la intensa competencia electoral, que enriquece y da solidez al sistema multipartidista. Sin embargo, la vitalidad de una democracia también se mide por su capacidad para promover las reformas económicas.

En ese sentido, la falta de avances en materia de cambio estructural desde 1997 es imposible de ignorar. En el pasado, las reformas se instrumentaron para resolver crisis. Ahora, México debe aspirar a metas más altas de crecimiento y consolidar la estabilidad. Es necesario aprovechar el entorno macroeconómico para avanzar en la consecución de una agenda reformadora y no quedar rezagado con respecto al mundo; después resultará demasiado tarde y costoso.


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.





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