Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Experiencias Inútiles
Eduardo García Gaspar
25 enero 2005
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, SOCIALISMO
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La esencia de lo que sucede en Venezuela recuerda una de las banderas políticas de muchos países el siglo pasado, la reforma agraria, es decir, el reparto de tierras, su partición forzada y la asignación de propiedades a personas seleccionadas por la autoridad.

Chávez, el teniente coronel que en 1992 quiso realizar un golpe de estado que fracasó, en 2001 emitió una ley agraria que tuvo problemas con la corte de justicia de Venezuela.

En 2005, los medios reportaron el caso de acciones para rescatar de manos ociosas las tierras mal aprovechadas. Todo como una mala repetición de capítulos pasados en otras latitudes.

Las palabras que disfrazan las acciones son las mismas: la ayuda a los pobres, el rescate del campo, la producción nacional de alimentos, subsidios… todas mencionadas ante reuniones masivas de aprobación ciudadana que esperan alguna recompensa inmediata.

La invasión de El Charcote, el rancho inglés de Vestey, puso todo esto en las noticias, confirmando así la trayectoria chavista hacia el pasado y los sueños latinoamericanos que tanto daño han producido. Los datos y pormenores de esa invasión son conocidos y sería inútil hacer un nuevo recuento de ellos.

Todo lo que sabemos acerca de las reformas agrarias es que ellas no logran lo que pretenden: las inversiones descienden, la productividad baja, la producción desciende y sube la popularidad política de reformador.

La reforma agraria mexicana es una buena muestra de esto: no produjo alimentos pero produjo votos para el PRI y calmó los ánimos de una población agraria muy inquieta. Más o menos lo mismo que sucederá en Venezuela: el gobierno ganará en popularidad, tanta que Chávez se eternizará en el poder, igual que su mentor cubano… y los venezolanos vivirán peor.

La misma historia anterior de otras partes y otros continentes. No hay novedad en esto y el resultado es predecible: una duración similar a la de ingresos petroleros extraordinarios y menciones sistemáticas de enemigos externos. Sin embargo, lo que poco se conoce es la razón por la que las reformas agrarias fracasan.

La imagen más sencilla para entender el error intrínseco en ellas es pensar en una industria cualquiera, digamos la de la producción de vajillas. Si hubiera una reforma de ese estilo de esa industria, las fábricas serían expropiadas y divididas entre un número determinado de personas.

Más aún, cada fábrica sería dividida en porciones muy pequeñas para poder dar una parte de ellas a la gran cantidad de personas que lo esperan.

No hay necesidad de decir que la industria de las vajillas terminará produciendo menos y más caro. Los consumidores, si desean comprar vajillas, pagarán más y tendrán menos para otras cosas, es decir, su estándar de vida bajará.

Con la reforma agraria, la división de la tierra y la reducción de la productividad, no hay otra posibilidad que la elevación de los precios de los alimentos producidos así: todos los consumidores pagarán más por los alimentos y, por eso, vivirán peor de lo que podían haberlo hecho sin la reforma.

Otra manera de ver esto es entenderlo como un sistema de reparto de privilegios y favores por parte del gobierno. Si había privilegios en la tenencia de la tierra antes de la reforma, ellos son sustituidos por nuevos privilegios.

Los receptores de las preferencias cambian, pero los privilegios subsisten y son otorgados por la autoridad a cambio de su reconocimiento y popularidad. No son estas ideas ningún secreto. Fueron escritas hace muchos años. por ejemplo, en Acción Humana, la gran obra de Mises.

Uno de sus capítulos explica esto con claridad: la reforma agraria lastima a los consumidores por impedir el uso eficiente de la tierra como medio de producción. Castro realizó su reforma en los años 60 y Mugabe en Zimbabwe hizo lo mismo hace poco.

El resultado no fue sorpresivo, igual que el mexicano. Todo esto quizá lleve a una conclusión nada agradable, que confirma lo dicho por B. Tuchman, la historiadora: el poder no sólo corrompe, también embrutece y es muy obvio que el presidente venezolano sufre un caso muy grave de este síndrome.

Ningún razonamiento sólido y ninguna evidencia práctica serán comprendidas.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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