Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Fiestas de Oficina
Eduardo García Gaspar
10 enero 2005
Sección: NEGOCIOS, Sección: Asuntos
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De las tradiciones empresariales que existen, ninguna es mayor que la de celebrar de alguna manera las fiestas de diciembre. Me recuerda el caso de una empresa en la que adicionalmente a la fiesta oficial, que era de bombo y platillo, cada uno de los departamentos celebraba la suya propia.

Total que había doble festejo y, desde luego, doble gasto.

El asunto llegó a tal que oficialmente se prohibió la fiesta de cada departamento, es decir, quedó prohibido cargar los gastos de esa celebración a la empresa. Con todo y eso, la gente se puso de acuerdo y poniendo dinero de su bolsillo mantuvo la fiesta departamental, menos ostentosa, pero real.

Obvio es que se busca la celebración e incluso puede verse como una conquista laboral de consideración.

Otras fiestas de oficina son más formales y se espera que acudan los cónyuges, lo que para algunos que han tenido el valor de confesarlo, es un martirio para el matrimonio. La esposa, en estos casos confesados, no la pasa bien y en lugar de fiesta es una obligación… como la de la esposa del jefe, a la que todos alaban y atienden por cuestión de interés más que de amabilidad obvia. Y a la que incluso temen, no sea que haga un mal comentario a su esposo.

Más aún, en demasiadas celebraciones de oficina, el contador tiene la misma influencia que un chef y decide platillos y bebidas que no pediríamos en una restaurante, pero que soportamos porque son gratuitos.

No hay encuestas al respecto en México, pero en la revista Fortune se citó que el 28 por ciento de quienes no asisten a esas celebraciones lo hacen porque reconocen que no les caen bien sus compañeros de trabajo. El 38 por ciento se quejan de que la fiesta es demasiado formal o muy poco divertida.

En México, creo, las cosas son algo distintas, pero no gran cosa. La gente en general gusta de esas celebraciones y las disfruta en serio, sin faltar el grupo de personas a las que no le atraen, quizá por experiencias amargas anteriores. Todos hemos pasado por el episodio del que bebió más de lo debido y se expresa con mayor libertad de la acostumbrada.

Igualmente es sabido que el alcohol eleva la belleza del sexo opuesto y reduce los mecanismos de pensamiento racional.

Habiendo pasado por más de 30 años de ese tipo de celebraciones de oficina, muchas veces con fiestas duplicadas cada año, puedo sacar mis propias lecciones al respecto.

La más obvia de ellas es que la fiesta de diciembre es esperada y ansiada, lo que significa que a ninguna administración se le debe ocurrir cancelarla.

Otra lección es que debe ser austera, sin lujos ni excesos, porque eso muestra a una administración descuidada; de hecho, la fiesta debe ser aprovechada para mandar mensajes acerca de la cultura de la empresa y el derroche es a la larga un mal mensaje.

La tercera lección es directa, en lo general, no debe involucrarse a los cónyuges. La empresa no es la casa y hacer la distinción es importante. Hay riesgos de enemistades, de rivalidades y de roces que no es sabio admitir sin buena causa.

En cuando al alcohol, que se sirva, es parte de toda fiesta y no hay posibilidad de evitarlo en el caso normal. Simplemente, conviene saber que siempre existe el buen truco del servicio lento de bebidas.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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