Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Gobernante de Pavlov
Eduardo García Gaspar
12 enero 2005
Sección: GOBERNANTES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


Las cosas se repiten en campos diferentes, con la misma precisión. En el campo de la experimentación biológica, no hay experimento más famoso que el del perro de Pavlov, un doctor ruso (1849-1936).

Brevemente, lo que hizo fue probar que tenemos algunos reflejos que son incontrolables. Casi cualquier persona con hambre produce saliva en presencia de comida.

El punto es si salivamos con otras cosas, por ejemplo, con el sonido de una campana a la que asociáramos con comida. La prueba estuvo en el perro al que le presentaba comida al mismo tiempo que una campana sonaba. Luego, sin necesidad de la comida, la sola campana hacía que el perro salivara.

En fin, la historia es conocida. Pero en otro campos, esas asociaciones entre diferentes estímulos también se dan. Lo hace con tal exactitud, que podemos hablar de los gobernantes de Pavlov, pues ese condicionamiento sucede en los terrenos del gobierno.

Un ejemplo claro se tuvo recientemente, cuando se habló de que en México se tiene un problema de obesidad. Los simples datos y comentarios de ese problema, como la campana del perro, actuaron para que los gobernantes pensaran en una posibilidad. La podemos imaginar fácilmente.

Allí tiene usted al perro que oye la campana y de inmediato babea. Y allí tiene usted a un gobernante que oye acerca de la existencia de un problema de obesidad y de inmediato se le ocurre crear un impuesto. El impuesto imaginado por el gobernante es igual en esencia a la baba del can.

Se producen sin pensar, de inmediato, en una reacción incontrolable por parte de ambos, del político y del perro. Puede sonar gracioso, pero es serio. La notica reportada (Grupo Reforma, 2 enero) dice que José Ángel Córdoba Villalobos es presidente de la Comisión de Salud de la Cámara de Diputados.

Dijo él que en esa cámara se ha planteado la posibilidad de poner impuestos especiales a los “alimentos chatarra”, es decir, a los que no alimentan y sí engordan. La idea es aumentar su precio y con eso reducir su demanda. En esencia se trata de poner a dieta a la población mexicana, para que reduzca de peso.

No importa, en la mente del diputado en cuestión, que existan otras maneras de lograr su objetivo, ni que ese impuestos cree mil efectos no deseables… la tentación es irresistible. Un problema en la sociedad, el que sea, de inmediato hace salivar al político que no puede soportar sus impulsos de intervenir, como en este caso, creando un impuesto.

Actúan como el que tiene solamente una herramienta, un martillo y que por eso, por todas partes ve clavos. Insisto, esto tiene su lado hilarante, que al menos provoca sonrisas, pero tiene su lado dramático.

En esencia, el político de Pavlov funciona de la siguiente manera: el gobernante oye, escucha o lee una estadística o los resultados de una investigación, no importa si está mal hecha o es mentirosa, y de inmediato detecta un problema, el que sea, y eso es lo que le hace salivar pensando que ésa es la ocasión que esperaba para intervenir, haciendo cualquiera de las tres únicas cosas que sabe hacer, crear más impuestos, más trámites y más leyes.

La salivación intervencionista del político puede ser curada de manera radical si hacemos lo que un economista, Murray N. Rothbard, aconsejó en varios de sus escritos: no permitir que el gobernante tenga acceso de estadísticas ni a investigaciones.

Sin esa información disminuirá sustancialmente su reflejo condicionado a emitir leyes, impuestos y trámites. No es nada mala idea, aunque sea difícil de implantar.

La cuestión es, sin embargo, crucial porque hay un problema adicional. Tome usted esto del problema de obesidad y, si él es tratado por gente con sentido común, se hará un análisis adicional, se examinarán efectos no intencionales, costos, efectos probables y otras variables.

Pero el gobernante de Pavlov, no reacciona así, pues de inmediato y sin pasar por las neuronas, su reacción es instantánea. En cuestión de nanosegundos piensa en un impuesto, una ley o un trámite burocrático.

La consecuencia de una mente condicionada de tal manera será complicar las cosas para el ciudadano común con una autoridad enferma de hiperactividad: las leyes se multiplicarán, los trámites se complicarán y los impuestos serán incomprensibles. Todo, por el gobernante de Pavlov.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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