Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Hacer Nada
Leonardo Girondella Mora
9 marzo 2005
Sección: Sección: Asuntos, SOCIALISMO
Catalogado en:


La mayoría de las decisiones de los miembros de una sociedad tiene la posibilidad de ser tomadas por una de dos entidades:

•La persona en lo individual o en grupo, actuando de manera propia y pensando en sus objetivos personales, bajo las limitaciones de leyes que impiden el daño a terceros. Es el caso del joven que decide estudiar Ingeniería Química y del padre de familia que decide con sus amigos comprar un par de cervezas y tomarlas viendo un partido de futbol.

• El gobierno que usando su poder de coerción fuerza una conducta determinada en los demás. Por ejemplo, no poder estar dentro de un bar después de las 2am por existir una ley que obliga el cierre de esos establecimiento a la hora; o bien, forzar al propietario de un inmueble a aceptar una cantidad determinada por la ley como alquiler de un edificio de apartamentos.

Dependiendo de qué tipo de decisiones predominen en un país, podrá catalogarse éste como uno libre o estatista.

Los extremos son sencillos de ver: regímenes como los de Cuba, Corea del Norte son ejemplos de países estatistas, en los que el gobierno toma la mayoría de las decisiones —del lado opuesto está la larga lista de países en los que existen buenas dosis de libertad personal, como en las democracias occidentales.

Con esta base, tomo la información del Adam Smith Institute, para proponer la siguiente idea. Supongamos que en cierto país existe un cierto problema, el que sea. La solución a ese problema tiene dos opciones extremas.

⇒ Es enfrentado por la iniciativa espontánea de las personas sin interferencia del gobierno.

⇒ Es enfrentado por la iniciativa del gobierno del país y se aplica por la fuerza.

Son dos formas totalmente distintas de abordar la dificultad, cualquiera que esta sea. En el sitio de ese instituto se ve claramente esto con un caso real que aunque registra en Escocia permite ver con claridad esas dos posibilidades u opciones de solución.

Problema

Los abusos en el consumo de bebidas fuertes. No es un fenónemo local, sino universal. En buena cantidad de países se sufren las consecuencias de la ingestión exagerada de licores y bebidas con contenido alcohólico.

Solución tradicional.

Diversas medidas que buscan remediar el problema del abuso, todas ellas basadas en controles de conducta personal que las autoridades imponen en los miembros de la sociedad. El gobierno otorga permisos o licencias, indica horarios de servicio, eleva impuestos y muchas otras más —incluyendo el extremo de la prohibición total.

No son soluciones perfectas que logren su objetivo limpiamente. Incluso muchas de ellas causan efectos colaterales peores —los permisos suelen generar corrupción, los horarios de cierre pueden causar negocios clandestinos. Las medidas tomadas de este tipo están todas basadas en la intervención estatal.

La otra solución.

Bajo esta opción, en su extremo, la autoridad no participa en la solución del problema más allá de aplicar correctamente su papel: cuidar a las personas y sus intereses de daños provenientes de terceros. Por ejemplo, aplicar sanciones a quienes conducen alcoholizados y nada más —no regula licencias de alcohol, ni horarios.

La primera reacción ante la posibilidad de la “otra solución” será un rechazo rápido y poco meditado, cuando la verdad es que puede proveer un marco de remedios más efectivos. Según la información del ASI, los países europeos han poco a poco relajado sus restricciones para la venta de alcohol, enfatizando mejor personal en los sitios de consumo y castigos para el abuso de bebidas.

El tema es profundo y complejo; en el famoso ensayo de Stuart Mill, On Liberty, se argumenta que la limitación de los establecimiento de venta de estas bebidas no sólo causa inconvenientes, sino que también se acomoda a una situación en la que las personas son tratadas como infantes.

La situación va más allá, para poder hacer pronósticos en cada uno de los dos casos:

• La solución tradicional, de intervención gubernamental, no reducirá el consumo de bebidas alcohólicas y quizá lo eleve; peor aún, producirá efectos no intencionales y no previstos que en conjunto con lo anterior empeorarán la situación.

• La “otra solución” reducirá el consumo de alcohol y, mejor aún, los efectos de su abuso.

La predicción es exactamente contraria a la ortodoxia de pensamiento que instintivamente se tiene casi como una reacción refleja. Los siguientes datos y afirmaciones son de ese instituto.

- No hay razón para esperar que las medidas restrictivas tradicionales den resultados. La experiencia de Canadá y países escandinavos apunta en ese sentido. Ellos subieron impuestos, controlaron establecimientos o fueron sus propietarios, restringieron horarios, volvieron ilegales algunos tipos de bebidas. El resultado neto, nada.

- El Escocia, desde 1976 se han liberalizado las restricciones. Previamente, ellas eran extremas, por ejemplo, los pubs cerraban por la tarde y en la noche abrían hasta las 10pm. Las horas permitidas fueron dejadas a la “otra solución”, lo que en algunos casos se interpretó como posibilidad de 24 horas abiertos. Ahora, dice ASI, es posible encontrar esos establecimientos abiertos todo el día en Edimburgo o Glasgow.

Los pronósticos paradójicos anteriores se cumplieron. La intervención estatal no logró su meta y sí lo logró la “otra solución.” Veamos los datos para probarlo.

- Los escoceses beben menos ahora y lo hacen durante períodos más largos de tiempo.

- Se evitó el consumo de último minuto, antes del cierre, lo que bajó el número de borrachos en la calle.

- Los diferentes horarios que decideron los establecimientos permitió repartir mejor en el tiempo los recursos policiacos para la atención de accidentes y situaciones de abuso —el cerrar todos a la misma hora concentraba en un poco tiempo los accidentes y problemas.

- Los arrestos relacionados con abuso de bebidas han caído y por eso también los daños causados por el exceso.

- Algunos establecimientos han modificado su negocio, para volverse sitios para familias al estilo del café/restaurante europeo.

- Existe el problema de transporte por las noches, para quienes salen a horas avanzadas de esos lugares, algo que es importante en el segmento de los jóvenes. Este es el mismo problema que se tuvo en Holanda y que fue solucionado haciendo que los establecimientos proveyeran un servicio de transporte —otros han introducido un “desayuno” gratuito para quienes se quedan a horas avanzadas.

Irlanda se está moviendo en la misma dirección. Todo Inglaterra va por el mismo camino, para tener regulaciones similares a las de otros países europeos. Y es que los ingleses salían de su país para librarse de esas regulaciones. Un pequeño viaje por mar los colocaba en tierras donde había menos restricciones.

Conclusión

En todas partes se encuentran evidencias que señalan las desventajas de la solución tradicional y la conveniencia de la “otra solución” —la acción directa de la autoridad no da los resultados de la acción libre de los ciudadanos.

La apariencia debe ser muy insólita para quien quiere resolver un problema como éste: la mejor opción es dejar libres a las personas. ¿Quieres evitar que abusen de la bebida? Déjalos que beban a la hora que lo deseen.

Imponer regulaciones fuertes de licencias de venta, restringir horarios, elevar impuestos y medidas similares tratan de reducir el consumo de alcohol y no alcanzan su objetivo —peor aún, producen efectos colaterales negativos.

Por el contrario, el dejar la decisión de consumo al proveedor y consumidor, sin restricciones, apunta ser una mejor solución. No la solución perfecta, pero sí ampliamente mejor.

El ASI apunta una posible razón: en los sitios en los que existen fuertes restricciones de consumo, como edad mínima y horarios de venta, las personas desarrollan una idea sobre las bebidas alcohólicas diferente a la de lugares en los que no existen esas restricciones.

Por ejemplo, en España se beben cantidades similares a las del Reino Unido, pero el estilo es diferente; el consumo español es más relajado, menos prohibido y los niños allí desde pequeños ven a las bebidas como parte de la vida, especialmente asociadas con la comida. Parece como si las restricciones añadieran atractivo al consumo irresponsable en poco tiempo y con algún sesgo de ser macho.

La lección, consecuentemente, apunta en una estrategia de dos pinzas:

• Liberalización de las restricciones de consumo, dejando en libertad a expendedores y consumidores para decidir.

• Aplicación de un criterio de cero tolerancia a las situaciones en las que el exceso de bebida representa riesgos potenciales a terceros. Por ejemplo, el endurecimiento de las multas a personas que conducen alcoholizadas, que escandalizan en la calle y similares.

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