Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Homosexualismo
Leonardo Girondella Mora
7 julio 2005
Sección: Sección: Asuntos, SEXUALIDAD
Catalogado en: ,


En mayo pasado fue publicado un editorial en El Norte, de Monterrey, México, de la columnista Josefina Leroux que trata el tema de la homofobia. La autora expresa una serie de opiniones al respecto que me parecen dignas de analizar —y desmenuzarlas con el objetivo de conocer más sobre el tema.

La autora argumenta en favor del reconocimiento de la homosexualidad, otorgando derechos como el del matrimonio legal y reprobando actos de discriminación en su contra. Por mi parte, analizaré sus argumentos demostrando que carecen de base —la defensa de la autora, mostraré, usa una lógica fallida, por lo que si la homosexualidad quiere ser justificada, ella necesita de un sostén de mucha mayor fortaleza.

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Su columna comienza señalando que desde 2005 en unos 35 países “se ha instituido el 17 de Mayo como el Día Mundial contra la Homofobia” a lo que añade otra pieza de información, que desde 1990 la OMS “dictaminó que la homosexualidad no es una enfermedad ni requiere de ningún tipo de tratamiento.”

Más aún, dice la autora que en los años 70 “se borró a la homosexualidad del Manual de Diagnóstico de las Enfermedades Mentales, avalada la decisión por las más importantes instituciones de salud mental del mundo: la American Psychological Association y la American Psychiatric Association.”

No se duda de la serie de afirmaciones que ella hace y que persiguen establecer que la homosexualidad debe verse como una conducta permitida o normal. La incertidumbre que se presenta es en realidad de otra naturaleza. El veredicto de la OMS y lo señalado en el manual avalado por profesionales de la Psiquiatría y Psicología no toman en cuenta el campo axiológico, el de los valores, el de la Ética.

Los terrenos de la salud, de la psicología y de la psiquiatría no tienen especialización en el terreno de los valores y la moral. El error cometido por la autora es por demás serio al equivocar la especialización de las ciencias.

La discusión al respecto de la homosexualidad no es una de salud —aunque pudiera señalarse la propagación de enfermedades por contactos sexuales y su prevención; y tampoco las ciencias de la mente aclaran cuestiones éticas.

Para quien reprueba la conducta homosexual sobre razonamientos filosóficos y morales, los avales resaltados por la autora son absolutamente irrelevantes —un error que desafortunadamente es común y grave.

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Más tarde, señala que ya existen reacciones ante la institución del Día Mundial contra la Homofobia y que sus reacciones eran las esperadas por parte de gente diciendo que “respetamos a la persona, pero no sus actos.”

Dice también que “… la sexualidad es el centro mismo de la personalidad y la expresión de la misma es el motivo principal de su rechazo. Como si dijeran que se aceptan a los católicos siempre y cuando no practiquen su fe.”

La idea, creo, es un tanto confusa como está expresada. Sin embargo, es aceptable suponer que la autora desea destacar y criticar la noción de separación entre la persona y sus actos señalando que la sexualidad es la parte más importante de la personalidad —por lo que no debe establecerse tal distinción entre actos y personas, pues sería igualmente absurdo el pedir que los católicos no actuaran como tales.

La equivocación de la autora es garrafal al proponer que no debe distinguirse entre la persona y los actos que ella realiza. Desde luego, sí puede y debe hacerse una distinción entre la persona y sus actos —esto es lo que permite aplicar la ley, por ejemplo, para castigar a los culpables de delitos distinguiendo entre robo y asesinato.

La sentencia dada está en proporción al delito cometido; la evaluación ética se hace sobre los actos realizados, buenos, malos, o neutros. Sencillamente es necesario hacer esa separación si es que se desean entender ideas de libertad e igualdad.

Sin embargo, la columna analizada tiene mérito al señalar la gran relación que existe entre la persona y sus actos.

Efectivamente, una persona religiosa, de cualquier denominación, tenderá a realizar actos congruentes con sus creencias —lo mismo que una persona con una poca desarrollada conciencia tenderá a cometer acciones reprobables. Pero también puede actuar de manera incongruente con su religión, lo que indica la conveniencia de distinguir entre actos y personas.

Las personas tienen dominio sobre sus actos y no sucumben a ellos de manera inevitable. La afirmación de ella, que señala que “la sexualidad es la parte más importante de la personalidad”, la dejo de lado. Simplemente es irrelevante para las ideas que ella sostiene.

Si es cierta esa afirmación o no, en nada contribuye a analizar el tema, que es uno de actos morales. Si es cierto que la sexualidad es el nudo central de la persona o no, eso no permite analizar si ciertas conductas humanas son éticas o no.

Supóngase que efectivamente no hay nada más alto que la sexualidad en el ser humano, ello no justifica que toda conducta sexual sea permitida —sea o no la sexualidad la parte esencial humana, insisto, ello no lleva a aprobar todo acto sexual. El error de su razonamiento es amplio cuando la autora se sale de la esfera de estudio de la conducta humana que corresponde a la moral y se niega a distinguir entre los actos y la persona.

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Posteriormente, la columna analizada pasa a señalar que debido a la estigmatización de la homosexualidad, quienes la practican lo hacen “en forma clandestina y disimulada”, lo que “que favorece los encuentros casuales, los contactos con desconocidos, las relaciones de alto riesgo, la cantidad de parejas que llegan a tener los que no se han asumido como homosexuales públicamente, pero que necesitan expresar algo que les grita interiormente.”

De allí concluye que a mayor crítica de la homosexualidad, más se dan esas conductas de clandestinidad y disimulo. A eso añade la parte complementaria —cuando la homosexualidad es aprobada las personas dejan de preocuparse y se dedican a “buscar la forma para encontrar una pareja para vivir una relación afectiva porque no les interesa andar ligando ni teniendo relaciones con cualquiera.”

A esas personas las califica de “jóvenes buenos, castos [sic], inteligentes, que por razones que desconocen -puesto que cuentan con una familia sana y amorosa- se sienten atraídos por personas de su mismo sexo.”

Este argumento, que me parece es muy usado para la defensa de las acciones homosexuales, tiene un defecto de lógica. Ignora la diferencia entre lo descriptivo y lo prescriptivo, es decir, entre lo que es y lo que debe ser.

Argumenta que lo que es debe ser considerado como lo que debe ser, por lo que siguiendo el mismo razonamiento podría defenderse a la corrupción —ella existe, ella es, por lo tanto debe permitirse y la gente que la practica no debe sentirse culpable.

Si se gestiona una defensa de la homosexualidad, éste no es un argumento lógico. Peor aún, la autora se contradice con respecto a su punto anterior. En esto, ahora ella hace una distinción entre los actos y las personas.

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A continuación, la columna analizada señala que el homosexualismo es una cuestión de derechos humanos, pues “ellos, igual que nosotros, tienen derecho a tener una pareja formal autorizada por la sociedad. Se evitarían la simulación, los matrimonios fingidos, la clandestinidad, la doble moral, la discriminación, los suicidios por su propio rechazo.”

Esta defensa de los actos homosexuales como derechos humanos también cojea en su lógica de justificación. La argumentación de la autora es defectuosa. Según ella la posibilidad de ejercer una acción cualquiera debe considerarse un derecho, lo que en el extremo podría servir para dar validez como derecho a otras conductas posibles, como los secuestros.

Es obvio en estricta lógica que no todos los actos posibles son derechos automáticos. Si, por ejemplo, se aprobara como derecho a la corrupción, también allí se terminaría con eso que ella menciona, “la simulación… la clandestinidad, la doble moral, la discriminación, los suicidios…”

La homosexualidad no es una cuestión de derechos humanos, sino una cuestión de naturaleza de la persona.

Dependiendo de cómo sea ella definida se aceptará o no la conducta homosexual, pero no reclamando ni negando derechos. El tema es uno que corresponde a la moral y a la ética, no a las leyes, ni a la política.

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Más tarde, ella afirma que “Creemos que la heterosexualidad es para conservar la especie, pero la homosexualidad puede tener una finalidad ecológica para equilibrar los índices poblacionales, por ejemplo.”

Es decir, la defensa de un tipo de actos por sus consecuencias supuestamente positivas en las cuestiones de medio ambiente y control poblacional. Y además, “Sabemos hoy que la homosexualidad también se vive en la escala animal.”

La defensa “ambiental” de la homosexualidad es irrelevante —se trata de una consecuencia no intencional dentro de un sistema más complejo que debería abarcar también otros efectos secundarios no mencionados.

El que exista la homosexualidad, de nuevo debe decirse, no es argumento para ser aprobada —que los animales la practiquen tampoco es argumento, ya que existen otras costumbres animales que no son precisamente deseables en el género humano.

Añade otra aseveración, “La homosexualidad ha existido siempre y las bodas de homosexuales apenas comienzan a darse. La homosexualidad surgió en la familia heterosexual.” Es éste un argumento irrelevante, pues que siempre hayan existido ladrones no justifica que se legalice el robo.

Y, desde luego, los homosexuales nacen de uniones tradicionales, no hay otra manera de procreación que ésa.

Y también dice que “a diferencia de la confesionalidad y fe ciega que exigen las religiones, en ciencia se práctica abiertamente la réplica, los mecanismos de confiabilidad y validación y cualquier nuevo hallazgo se divulga al mundo para acervo de la humanidad.”

Su punto parece ser éste: lo que diga la ciencia práctica es lo que debe aprobarse —un argumento falso, pues la ciencia como ella la entiende describe y explica, pero no justifica ni aprueba.

La ciencia permite fabricar potentes venenos, pero no establece cómo deben usarse, lo que es el terreno de otras ciencias, la filosofía, la moral o ética. Un buen estudio sociológico puede describir con realismo una situación de inseguridad pública pero hasta allí puede quedarse, en describirla.

La evaluación de ella pertenece a otros terrenos en los que se hacen juicios de valor. Se tiene, por tanto, otro caso de un texto con razonamientos superficiales en el mejor de los casos y que hace una defensa hueca de una posición cuestionable en terrenos morales.

Si la conducta homosexual quiere ser defendida, necesita de argumentos más profundos y de autores mejor preparados. Esta conclusión es importante por una razón obvia.

La aceptación de matrimonios de personas del mismo sexo como derecho humano necesita, para ser aprobados, de razonamientos más fuertes y sólidos de los que se emplean en columnas como ésa.

POST SCRITUM

Un lector tuvo a bien comentar esta pieza mía. Dijo que

“Justificar o censurar la homosexualidad no creo que sea trascendente, como lo señala Girondella, pues él tiene el derecho a tener su propio juicio de valor desde su obvia moral catolica conservadora, como la tiene un musulman o un seguidor de Sai Baba. Lo importante para la comunidad gay es el reconocimiento de sus derechos civiles.

“Además, si queremos justificar moralmente un acto, de que valores vamos a partir? Es muy díficil. En latinoamerica por nuestro machismo no somos duros con el hombre que deja regados hijos por doquier, el heterosexual masculino que tiene 2 o 3 familas y hace infelices a todos no nos parece tan despreciable, el hombre y mujer que se comen a besos en la via publica nos divierten; pero el simple hecho de ver caminar juntos a una pareja homosexual nos ofende. Que hipocresia! ”

 

Con la misma franqueza con la que escribe eso, comento que eso es precisamente de lo que me quejo. Calificar a alguien como “conservador” es una escapatoria defensiva mala que evita el diálogo de la razón.

Con respecto a la inquisitoria de qué valores partimos, la contestación es contraria al relativismo implícito en ella. Es obvio que de valores objetivos e inmutables que los humanos estamos descubriendo y el contrastar a la conducta que se pretenda justificar en la medida de esos valores.

Y esto plantea la pregunta de fondo, que no tiene una respuesta legal, sino moral o ética ¿es la conducta homosexual congruente con la dignidad humana? Muchas respuestas existen al respecto. Las de la editorialista que analizo son irrelevantes para una discusión seria.


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.



2 Comentarios en “Homosexualismo”
  1. Gustavo Mendez Dijo:

    La homosexualidad es otra cara de la sexualidad humana que pocos pueden comprender a plenitud… ¿por qué negarle el deseo a dos personas del mismo sexo que libre y legalmente desean estar juntas y ser reconocida su unión por el Estado.. y con ello construir juntos un patrimonio como los heterosexuales lo hacen? Ser homosexual es tan digno como ser heterosexual o bisexual, si se cuenta con un sistema de valores que no dañe a terceros… la homosexualidad no necesita ser aprobada, como tampoco necesitan ser aprobadas la hetero y la bisexualidad…

  2. Bernardo Loor Dijo:

    Justificar o censurar la homosexualidad no creo que sea trascendente… Lo importante para la comunidad gay es el reconocimiento de sus derechos… si queremos justificar moralmente un acto, ¿de que valores vamos a partir? Es muy díficil… el hombre que deja regados hijos por doquier, el heterosexual masculino que tiene 2 o 3 familas… el hombre y mujer que se comen a besos en la via publica nos divierten; pero el simple hecho de ver caminar juntos a una pareja homosexual nos ofende. Que hipocresia!





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