Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Implantación Mental
Eduardo García Gaspar
14 septiembre 2005
Sección: FALSEDADES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Ha sido tesis mía que existe una distorsión mental en México producida por la repetición incesante durante decenas de años de la frase, “el petróleo es de los mexicanos.” Una muestra de esto se vio claramente en el reportaje de Grupo Reforma.

Allí fue reportada una serie de posiciones de precandidatos del PAN a la presidencia, el partido que en teoría representa la posición más liberal en el país.

Interrogados sobre la apertura del sector energético a la inversión privada, ellos contestaron de la manera siguiente.

Felipe Calderón: “La inversión… debe ser complementaria a la del Estado… sin privatizar a Pemex ni a la CFE.”

Santiago Creel contestó que, “Sí, en algunas áreas, pero sin comprometer la rectoría del Estado.”

Alberto Cárdenas mencionó que, “Sí, aunque de manera paulatina y en áreas determinadas donde no se ponga en riesgo la soberanía del país.”

Con un partido de derecha que piensa así no se necesitan partidos de izquierda. Interrogados concretamente sobre la posible privatización de Pemex dijeron lo siguiente.

Creel contestó que, “De ninguna manera. Pemex es de todos los mexicanos.”

Calderón dijo que, “No se requiere privatizar a Pemex…”

Y Cárdenas que, “… la paraestatal… tiene que ser apoyada por los tres poderes de gobierno…”

Insisto en lo dicho. Si en teoría el partido de derecha y de las libertades humanas tiene esas opiniones expresadas por los precandidatos, ya no hay mucha necesidad de partidos de izquierda en esta parte del mundo.

Seguiremos por la misma tonta vía de creer que en el petróleo se basa la soberanía y que el petróleo es de todos los mexicanos.

Han sido tan repetidas estas ideas que se llegan a creer ciertas, incluso por estas personas que se supone tienen poder de razón. Son dogmas no sujetos a discusión política y, con ello, desde luego, se mantiene una de las razones del subdesarrollo del país.

Es cierto que los tres precandidatos pueden haber contestado así por motivos de campaña, que en realidad ellos crean que deba privatizarse la energía.

Que para no ser motivo de críticas de otros partidos, se abstuvieron de expresarse libremente. Puede ser. Porque, la verdad sea dicha, la mayoría de los votantes en México creen en esos dogmas pues así fueron educados.

Y, peor aún, el candidato que se atreva a hablar proponiendo la privatización del petróleo va a ser sujeto inmediato de críticas por parte de sus opositores. Un gobernante que no quiere arriesgar va a continuar con esos dogmas, seguirá manteniendo el engaño.

Eso es lo que asusta. Y es también, lo que marca la diferencia entre el gobernante mediocre que sigue las corrientes de opinión pública y el estadista que tiene el valor de ir contra ellas cuando lo ve necesario. En ninguno de esos precandidatos se ve la madera de estadista y tampoco la consecuencia lógica de los principios panistas, los que en el renglón de la economía muestran una indecisión desesperante.

Los precandidatos de los demás partidos son en su mayoría estatistas, lo que demuestra de nuevo que en México no existe un partido de derecha real y auténtico.

Tomando eso como un punto de partida, las próximas elecciones mexicanas representarán una oportunidad del ciudadano para votar seleccionado variaciones del mismo tema, quizá con la excepción del ex-alcalde de la Ciudad de México que es abiertamente socialista.

El resto, parece, están en la suave mediocridad de los partidos de centro, con escasas variaciones esenciales, aunque con algunos puntos de divergencia.

No es un bonito panorama. Las elecciones no podrán traer innovación ni nuevas ideas. La mentalidad que desea mantenerse a Pemex producirá el mantenimiento de las condiciones que dan origen a nuestro desarrollo: ese insípido y mediocre estatismo que nos ahoga desde antes de las épocas de la sustitución de importaciones, la reforma agraria y la creencia general de que es el gobierno el responsable de nuestra salvación. Entiendo que existan personas que tengan ideas socialistas, nadie es perfecto.

Comprendo que muchos ciudadanos piensen que Pemex es de ellos, siempre hay ilusos. Pero debo decir que los mexicanos merecemos un partido de derecha y no lo tenemos. Es una gran pena.

POST SCRIPTUM

La idea de Pemex y de la soberanía basada en su propiedad estatal está arraigada en México.

Una demostración de esto viene de una nota de El Universal, del 12 de septiembre y que reporta que,

“Luego de que… el presidente Fox presentara… un paquete de 10 medidas para fortalecer el sector energético nacional, que incluye reformas constitucionales… con la participación del sector privado… el presidente cameral dijo que la propuesta… ‘Debe analizarse con objetividad, pero fundamentalmente tiene que hacerse pensando en el país, en Pemex, y en que no podemos ceder nuestra rectoría, nuestro patrimonio energético y ponerlo en riesgo con esta medida de incorporar capital privado en la exploración y explotación del gas natural’”.

La expresión ‘pensar dentro de la caja’ significando tener una visión limitada es muy aplicable aquí. La caja dentro de la que está esa opinión es en verdad pequeña. Cuando la soberanía de un país se coloca en el petróleo como propiedad gubernamental, algo muy erróneo existe en la mente.

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