Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Ineptitud de Larga Vida
Eduardo García Gaspar
10 mayo 2005
Sección: NEGOCIOS, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Sostuve una conversación con alguien en extremo observador, con el que no había hablado por años y la plática cayó en el tema de las reflexiones de negocios. Todos hemos visto el caso. Las frías cervezas que circularon durante la conversación ayudaron a recordar viejos tiempos y casos concretos.

Concretamente se habló del caso del ejecutivo que todos saben que es malo, que tiene un desempeño terrible y que permanece en su puesto por años, muchas veces hasta su retiro. Y, más aún, nos hemos preguntado las razones por las que no es removido de su puesto menos lentamente. El problema es doble.

Por un lado, me dijo mi amigo, hay que preguntarse cómo es que llega a una cierta posición alguien que está totalmente incapacitado para realizar su función siquiera medianamente. Por el otro lado, hay que maravillarse del por qué ocupa ese puesto, mal desempeñado, durante largo tiempo… cuando todos saben que es un mal ejecutivo.

Para el primer problema, es posible una explicación: un incapaz puede llegar a un puesto por haber producido la impresión correcta siendo él el incorrecto. Puede suceder y cuando lo hace puede ser que el que lo seleccionó no quiera admitir su error y lo mantenga en su puesto tanto como se pueda.

Despedirlo sería admitir haberse equivocado y esto sería mal visto. La culpa, en este caso, es muy claramente del de arriba. Otra explicación que todos conocemos: nepotismo, amiguismo, o como lo quiera usted llamar.

Funciona de manera muy peculiar. La persona que hace la selección del ejecutivo tiene un criterio principal de preferencia, conocer a la persona y tener certeza de que no es mejor que él. No desea gente que lo opaque y quiere ante todo gente que le sea leal. La calidad del trabajo no importa mucho.

Y mientras dure el jefe, el ejecutivo malo estará en su puesto, independientemente de resultados. Hay otro motivo, amplio y diáfano en muchas organizaciones: el adulador del de arriba.

Un clásico de todos los tiempos, la persona que ha desarrollado una enorme habilidad de sobrevivencia, es decir, decir lo que su jefe quiere oír y nada más. Todas sus neuronas están ocupadas en dar gusto al superior y ninguna de ellas a hacer un buen trabajo. Duran mucho estos tipos y pueden llegar a ser los consentidos del de arriba.

Sin duda hay mas razones. La conversación con mi amigo trató un caso, el de un ejecutivo medio que sobrevivió años por la lastima que le causaba al superior, al que había pedido ser padrino de bautismo de uno de sus hijos. ¿Cómo despedir al compadre? ¿Cómo correr al ejecutivo cuya esposa invitó a cenar varias veces al jefe?

Una variación de este ejecutivo es el que sale de parranda con el jefe y sabe sus aventuras. Igualmente, hay un tipo de esos que sobrevive dándose crédito por el trabajo de otros. Él se pone las medallas de los demás. Caso real: un tipo que después de reuniones de trabajo hablaba con el jefe de todos y le exponía los resultados a los que habían llegado gracias a él.

Es el ladrón de ideas. Poniendo atención en estos casos y explicaciones es tentador echar la culpa a ese ejecutivo malo, pero la realidad es otra muy distinta. La responsabilidad de la situación no es de ese ejecutivo, sino de su jefe. Sí, la responsabilidad es del superior, que cede a los aduladores, a los ladrones de ideas, a los amigos, al miedo de ser desbancado, al que no reconoce su error jamás.

Narró mi amigo otro caso real: un director general, el gran número uno de toda la empresa, dueño y dictador absoluto… que poseía un pequeño defecto, creía que todo lo que tocaba se convertía en oro y creyó en sí mismo tanto que se rodeó de personas cuya gran habilidad administrativa era decirle “sí” a todos sus proyectos e ideas.

Un clásico caso del ejecutivo malo que sobrevive por años sin necesidad de dar resultados a la empresa.

Al seleccionar una persona para un puesto se pueden cometer errores, incluso cuando los criterios de selección son los correctos. Somos humanos todos y en este mundo no hay perfección posible.

Por eso es explicable que llegue a un puesto la persona inedecuada. Lo que admira es la situación, no infrecuente, que permite que el ejecutivo de mal desempeño permanezca largos períodos de tiempo sin ser cesado. Y cuando eso sucede, todos en la empresa saben que es malo, menos su jefe.

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