intelectuales

Intelectuales atraídos por el socialismo. ¿Por qué los intelectuales son de izquierda? Curiosa situación por la que el sistema económico que da malos resultados es preferido por encima del que da mejores resultados. Asuntos de visibilidad y buenas intenciones que no bastan.

Introducción

Es posible comparar los resultados reales del intervencionismo y de los mercados libres. Esa comparación favorece totalmente a los mercados libres. Entonces, ¿cuál es la razón por la que aún hoy se reclama la intervención estatal para resolver los problemas económicos de los países? 

De manera organizada y coherente, Friedman explica paso a paso la preferencia de los intelectuales atraídos por el socialismo, por las ideas colectivistas. Esto le permite llegar a dos ideas culminantes.

Una de ellas explica la causa central por la que los programas intervencionistas en su mayoría tienen resultados contrarios a los que persiguen.

La otra es el esclarecimiento de una paradoja muy actual que señala la preferencia por el intervencionismo a pesar de la gran evidencia en su contra.

La idea de esta carta fue tomada de la obra de Milton Friedman, Capitalism and freedom, Fortieth Anniversary Edition, 2002, Chapter XII «Conclusion».

Punto de partida

Comienza Friedman el último capítulo de su obra con un pensamiento claro para explicar a los ntelectuales atraídos por el socialismo.

Dice que en los años 20 y 30 del siglo XX, la comunidad intelectual de su país fue convencida por la idea de que el capitalismo era en realidad un sistema malo y con defectos, que debían ser corregido.

Al capitalismo se le culpó de falta de desarrollo y de bienestar.

El efecto neto de esta manera de pensar fue el obvio. Se creyó que la esperanza de un futuro mejor para la humanidad radicaba en la intervención de los gobiernos en los asuntos económicos.

En esto influyó el establecimiento de un sistema colectivista en la antigua URSS, pero la comparación hecha por los intelectuales fue otra.

La teoría perfecta y la realidad imperfecta

Compararon ellos a lo existente en la realidad diaria contra un estado ideal inexistente e imaginario.

Para ellos, parecía obvio que con todos los adelantos de la época moderna y el establecimiento de sistemas democráticos, la situación real con todos sus defectos, podía ser mejorada hasta el nivel de una situación ilusoria.

Esta manera de pensar aún prevalece. Se sigue comparando a la realidad con un estado ideal teórico. La comparación de una utopía con la realidad.

Todos los males y errores existentes en la realidad se atribuyen al mercado libre y se piensa que el control gubernamental puede remediarlos. Eso es posible bajo el supuesto de que ese gobierno ideal está formado por seres sin defectos, que no sucumben a presiones e intereses.

Los defensores de mercados libres están aún en una posición defensiva ante esas posturas de los intelectuales que comparan a la realidad con un estado ideal.

La comparación de las dos realidades

Con el transcurso del tiempo, las bases de la comparación anterior cambiaron.

Si antes solo podía compararse una situación existente y real con un modelo ideal, ahora ya es posible comparar a dos situaciones igualmente reales.

El capitalismo real y la situación ideal de una intervención gubernamental presentaban enormes diferencias, pero no tantas como la comparación entre el capitalismo real y el socialismo real.

Friedman señala que en realidad no puede verse ningún avance humano en su dignidad ni en su libertad dentro de la tiranía y el despotismo que se sufre en la URSS.

Si en el Manifiesto Comunista se escribió que los proletarios no tienen que perder nada excepto sus cadenas, ahora puede verse que esas cadenas son fuertes allí donde prometían ser rotas.

Formas de intervencionismo y efectos

Ahora el autor pasa a un examen de algunas de las reformas realizadas en los EEUU e inspiradas en la intervención estatal dentro de la economía.

Por ejemplo, los reglamentos ferroviarios para proteger al consumidor se convirtieron en lo contrario, una herramienta de defensa de esas empresas que daña al comprador.

Los impuestos personales, inicialmente bajos, han sido cambiados para convertirse en instrumentos de redistribución que están llenos de lagunas y excepciones.

De hecho un impuesto llano o plano de 23.5% daría iguales fondos que los que dan las tasas actuales que van desde 20 hasta 91% (debe recordarse la fecha original de publicación, 1962).

Más aún ese impuesto, que tenía una intención redistributiva, causó una práctica de reinversión que favorece a las empresas grandes, lastima al mercado de capitales al que hace limitado y además inhibe el desarrollo de empresas pequeñas y medianas que son menos de las que es posible fundar.

Incluso las políticas monetarias gubernamentales, con la intención de promover la estabilidad, causaron lo contrario.

La muy seria situación económica de 1929 fue convertida en la larga Gran Depresión por causa de esas políticas, a lo que se añadió sin necesidad una serie de pánicos bancarios que suponían evitarían esas políticas.

La política agrícola supuestamente destinada a ayudar al agricultor sin medios de hecho no lo ha logrado. La política urbana de mejora de casas habitación ha logrado lo contrario de lo propuesto, teniendo peores condiciones de vida y mayor delincuencia.

La lista de medidas interventoras del gobierno es larga, casi siempre con resultados contrarios a los que esas decisiones perseguían.

Desde luego, hay excepciones a esa lista de errores. Pueden mencionarse la construcción de presas, la educación pública, la legislación a favor de la competencia, los fondos disponibles a las autoridades locales.

Un saldo negativo del intervencionismo

Pero el saldo es abrumador, pues la mayor parte de las acciones interventoras han fallado.

El país ha progresado, se vive mejor. Pero esos avances han sido posibles gracias a la intervención, no de las autoridades, sino de las personas que colaborando entre ellas han trabajado dentro de mercados libres.

El intervencionismo ha estorbado en ese progreso logrado, no cooperado a él. La mano invisible ha funcionado mejor que la mano visible.

¿Fallas accidentales del intervencionismo?

Ahora, el autor plantea una interrogante. ¿Es accidental que esos programas gubernamentales fallen continuamente?

El punto es explorar la posible explicación de que las acciones interventoras estatales hayan podido fracasar por razones de detalle o de mala implantación.

Friedman responde que no. Los programas y las acciones intervencionistas naufragan por diseño propio.

La razón de ese fracaso consistente es de fondo. Los programas fallan porque las medidas interventoras fuerzan a las personas a realizar acciones que ellas no realizarían por su propia decisión.

Las personas no harían eso que las medidas gubernamentales les piden bajo la supuesta intención de que eso contrario a su inclinación es de ayuda al interés general.

Visto de otra manera, la intervención estatal produce una sustitución de valores. Los valores de la «gente de fuera» son forzados en la «gente de adentro». Quienes realizan las acciones económicas son forzadas a actuar de cierta manera artificial por quienes no las realizan.

Los actores de la economía tienen sus propias ideas sobre las que deciden sus acciones, pero esas ideas son sustituidas con las ideas del gobierno, de lo que necesariamente resulta que esos actores ya no hacen lo que ellos harían por iniciativa propia.

Esas ideas propias son retiradas creyendo que las nuevas ideas son para el bienestar de todos, o incluso la autoridad toma lo de alguien para dárselo a otros.

Remedio ineficiente de conflictos

Lo que hacen las medidas gubernamentales es intentar resolver supuestos conflictos de intereses entre diversas partes de la sociedad, pero no por medio de lo obvio que es el establecer marcos de solución de esos conflictos, sino por medio de obligar a las personas a actuar en contra de sus propios intereses.

Lo que esas medidas interventoras gubernamentales enfrentan es a un enemigo considerable, el mayor que pueda pensarse, a la persona humana y los deseos que ella tiene de vivir su vida de acuerdo a sus propias ideas y decisiones.

Es por esto que las medidas gubernamentales tienen tantas veces efectos contrarios a los que ellas persiguen. Este gran enemigo del colectivismo es la gran fuerza de una sociedad libre.

Los intereses personales no son pequeños deseos materialistas nada más. Allí están las intenciones de quienes lucharon contra Hitler a pesar de poner en riesgo su vida. Están las personas que se dedican a actividades caritativas.

Puede ser que estas acciones altruistas no sean realizadas por la mayoría, pero el punto es que ellas se pueden hacer en una sociedad libre. Esto explica el por qué una sociedad capitalista es menos materialista que una sociedad colectivista.

Realidad contra realidad

La pregunta siguiente es la lógica. Se pueda ya comparar a una situación real de capitalismo con una situación real de colectivismo. Las diferencias son abismales.

La razón por la que los intelectuales son atraídos por el socialismo y el intervencionismo.

¿Cuál es la razón por la que aún con grandes fallas se insiste en recomendar acciones de intervencionismo estatal?

¿Por qué muchas personas e intelectuales insisten en proponer soluciones que se basan en medidas socialistas?

Un asunto de visibilidad

Una explicación de esta paradoja es la visibilidad de la acción gubernamental. Los programas estatales tienen una naturaleza tangible que les da una apariencia de acciones directas e inmediatas.

Esas mismas acciones tienen defectos y consecuencias malas, pero ellas son graduales, indirectas y no están a la vista.

Las medidas gubernamentales intervencionistas tienen ventajas de visibilidad, pues hacen que el gobierno aparezca como una entidad preocupada que está implantando acciones concretas.

Eso es lo que se ve. Y es lo que ven los intelectuales atraídos por el intervencionismo y el socialismo.

Lo que no se ve son las consecuencias negativas, que son posteriores y graduales, con orígenes que no se entienden con facilidad.

Otras razones

Otra razón es la creencia de las personas acerca de la eficiencia de los gobernantes y burócratas. Las personas en su mayoría no piensan en la posibilidad de que esos funcionarios sean incompetentes, negligentes, descuidados e incluso corruptos.

Los intelectuales atraídos por el socialismo suponen que los gobernantes son perfectos y tomarán decisiones infalibles.

Una minoría de personas entiende que el intervencionismo anula la iniciativa personal.

Estas razones son las que mantienen viva la idea del intervencionismo estatal, la que solo puede ser combatida si es que en la sociedad las personas tienen muy alto el valor de su libertad personal.

El debilitamiento de la iniciativa personal explica mucho del crecimiento de legislaciones que tienden al socialismo.

Las personas seguirán solicitando la intervención estatal a pesar de toda la evidencia en su contra cuando esas personas no tienen fuertes convicciones de independencia y autonomía personal.

Amenazas contra la libertad

Las amenazas al sentimiento de libertad son para Friedman y su país, de dos tipos.

Uno de ellos es la amenaza externa de rivales como el Kremlin. En tiempos actuales esto podría verse ya no como una amenaza creada por intelectuales que atraídos por el socialismo promueven su implantación e influyen en la mentalidad de los gobernantes.

La otra es más sutil y viene de adentro. Es la amenaza de personas con buenas intenciones que no bastan y con ideas de grandes reformas, pero que siendo impacientes ante la lentitud que representan las tareas de convencimiento desean tomar el poder para implantar sus ideas de inmediato.

Es obvio que de llegar al poder, sus proyectos fracasarán con daño para todos, incluyendo ellos mismos. La concentración del poder no se vuelve inofensiva gracias a las buenas intenciones que los gobernantes puedan tener y que no bastan.

La influencia del gobierno como un gran comprador de bienes y servicios concentra ya demasiado poder en manos de los gobernantes y modifica el ambiente de negocios, lo que daña al mercado libre.

La situación no puede evitarse totalmente, pero no debe elevarse la intervención a campos más allá de lo militar.

Se puede tener mercado libre si se convence a los demás de que ese mercado es una herramienta más segura, aunque quizá más lenta, que la intervención estatal. Las luces de un cambio intelectual en este sentido, dice Friedman, ya pueden verse.

Intelectuales atraídos por el socialismo

Esta es la curiosa situación que analiza Friedman. Por un lado, existen evidencias irrefutables de los mejores resultados de los mercados libres en comparación con los de sistemas socialistas e intervencionistas.

Y, sin embargo, por el otro lado, muchos con buenas intenciones que no bastan e influidos seguramente por intelectuales son atraídos irresistiblemente hacia el intervencionismo y el socialismo.

Una contradicción digna de señalar y para la que Friedman ofrece explicaciones razonables.

Información adicional sobre las buenas intenciones de los gobernantes y que no bastan.

Buenas intenciones, un argumento utópico

Por Eduardo García Gaspar –   10 julio, 2014

Intervencionismo: solución universal

Es un cambio importante. Un giro mental. Una transformación de opiniones. Ha tenido consecuencias.

Me refiero a la mentalidad estatista de nuestros días. A la creencia de que no hay problema que no sea de incumbencia gubernamental.

Tiempo atrás, la libertad económica produjo un avance nunca antes visto. Produjo tanta riqueza que la pobreza dejó de ser la regla y comenzó a ser la excepción.

La fórmula es sencilla: dejar libres a las iniciativas de trabajo de los particulares. Su propio interés beneficiará a todos.

No es una fórmula perfecta, ni produce una sociedad utópica de total felicidad para todos. Pero funciona mejor que todas las otras propuestas.

Y, sin embargo, hubo algo llamativo. Sucedió a principios del siglo pasado y tiene antecedentes anteriores.

Un cambio mental

Fue un cambio en el clima intelectual, principalmente en las élites intelectuales.

Se concluyó que la libertad económica tenía defectos, tenía fallas, tenía contradicciones. Que no era el sistema ideal, que debía mejorarse o incluso abandonarse para sustituirlo con algo mejor.

Y eso se volvió, más o menos, la opinión general de la intelectualidad y que aún se tiene en muchas universidades. El fenómeno de los intelectuales fuertemente atraídos y fascinados por el socialismo que tienen buenas intenciones que no bastan.

La utopía contra la realidad

Lo interesante es la manera en la que se cambió de opinión, el análisis que se hizo para rechazar a la libertad económica y proponer el intervencionismo económico o el socialismo.

M. Friedman (1912-2006) lo explicó muy bien:

«La conversión de los intelectuales fue lograda con una comparación entre el estado actual de las cosas, con todas sus injusticias y defectos, y un estado hipotético de cómo podrían ser las cosas. Lo real fue comparado con el ideal».

Es decir, se tomó a la realidad y se enfatizaron sus fallas y defectos, concluyendo que no es un estado ideal de cosas. Por supuesto que no lo era. Nada lo puede ser en nuestro mundo en el que la imperfección es la regla.

Y se tomó la imperfección real comparándola con un plan en papel lleno de virtudes y sin defectos.

Fue una comparación entre la realidad y la utopía. La conclusión fue la obvia: la utopía es mejor que la realidad.

No se necesita ser muy inteligente para sacar la conclusión, los intelectuales lo hicieron y acabaron persuadidos de la superioridad de la utopía. Tuvieron buenas intenciones, pero ellas no bastan

Si la utopía se implanta, razonaron, se acabará con los defectos de la libertad económica, sus fallas, sus errores. Y, por supuesto, se dedicaron a (1) criticar a la libertad económica y (2) promover su utopía.

Mucha de la educación universitaria tuvo y tiene un currículum sostenido en esas dos ideas.

El error central

Por supuesto, comparar a la realidad con una utopía es un error. Debe compararse una realidad con otra, o una utopía con otra.

Pero pocos pusieron atención es esta falla de razonamiento. Tampoco pusieron atención en otra falla que no es menor.

La utopía propuesta, que tomaba la forma extrema de comunismo, de socialismo o la versión ligera de intervencionismo, contenía en todas sus versiones un elementos central.

La hipótesis subyacente a todas las versiones suponía que la intervención gubernamental solucionaría todo lo malo que tenía la realidad de la libertad económica.

Por ejemplo, en la versión extrema, el remedio era poner en manos del gobierno a todos los medios de producción. En versiones más ligeras, la solución eran fuertes regulaciones económicas, altos impuestos y manipulación monetaria.

Todo con buenas intenciones y sin darse cuenta que ellas no son suficientes, que no bastan.

El gobernante perfecto

Pensar que todo será ideal por la vía gubernamental supone que los gobernantes son más sabios, saben más, tienen más conocimientos que todos los demás.

Y no sólo eso, supone que los gobernantes son perfectamente virtuosos y moralmente intachables.

Yo no sé usted, pero la hipótesis de gobernantes que nunca se equivocan y que son moralmente inmaculados, me parece en extremo atrevida. La realidad ha mostrado lo opuesto una y otra vez, en todo tiempo y lugar.

El asunto entonces puede verse con mayor claridad. La utopía que en papel resulta mucho mejor que la realidad de la libertad económica está fundada en un supuesto irreal, el de gobernantes exentos de todo defecto humano.

Y sucede que, ya que no existe ese tipo de ser humano que pueda llegar a ser el gobernante perfecto que supone la utopía, el criterio de selección de gobernante ha sido sustituido con otro mucho más flexible y ligero: las buenas intenciones.

Ahora, en nuestros tiempos, basta que un gobernante tenga buenas intenciones para que se le juzgue adecuado para gobernar, sin darse cuenta que ellas no bastan.

Por supuesto, el problema sigue siendo el mismo: la realidad imperfecta contra la utopía de las buenas intenciones.

Y unas cosas más…

La cita está en Friedman, M., & Friedman, R. D., Capitalism and freedom. Chicago: University of Chicago Press.

Si le gustó la columna, quizá también: Mi Utopía o la Tuya y Ejercicios Utópicos.

Y este video del propio Friedman es interesante:

[La columna fue actualizada en 2019-09]