Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Karl Marx
Textos de un Laico
3 octubre 2005
Sección: EDUCACION, FAMOSOS, Sección: Asuntos
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ContraPeso.info presenta una columna de Samuel Gregg, Director of Research del Acton Institute y autor de “Economic Thinking for the Theologically Minded” (University Press of America, 2001) y “On Ordered Liberty: A Treatise on the Free Society” (Lexington Books, 2003).

Karl Marx (1818-1883) es el más grande filósofo de todos los tiempos. O al menos eso es lo que muchos escuchas de la BBC sugiriron recientemente al pedírseles que nominaran a tal personaje. Para sorpresa de muchos, Marx encabezó la encuesta, derrotando por amplio margen a pensadores que iban de Aristóteles a Kant.

Marx escribió muchas cosas, incluyendo palabras de admiración acerca del capitalismo al que él consideró un avance definitivo sobre arreglos económicos anteriores. El resultado de la BBC, sin embargo, subraya una extraña ceguera sobre Marx en las sociedades de Occidente. En un sentido esto no es nada nuevo.

En los años 30, occidentales aventureros viajaron a la USSR y regresaron diciendo que habían visto el futuro. De alguna manera se las arreglaron para no ver las purgas, la colectivización y los gulags que resultaron en la prisión y muerte de millones. Del comunismo se dice que es un sistema sin dios. No es esto exacto.

El comunismo fue ateo en el sentido de estar basado en una visión sin Dios del hombre. Pero el comunismo tuvo dioses. Tuvo deidades ante las que cualquier cosa y persona podían ser sacrificadas. Una reacción es reclamar que la filosofía de Marx fue distorsionada por Lenin y Stalin.

Marx mismo, a menudo se escucha, era un humanista que deseaba liberar a las personas de sus cadenas. Otros apologistas insisten en que uno puede distinguir entre Marx de joven y Marx de viejo: siendo el joven más humanista que el más gris y encallecido revolucionario.

Incluso la atención superficial en los escritos de Marx revela pronto la vaciedad de esas defensas. A través de todo el pensamiento de Marx prevalece una visión antihumana.

Para Marx, el hombre es un ser cuyos orígenes son irrelevantes, cuyo futuro es la extinción y cuyo presente está fuera de su control. Incluso las personas viviendo dentro de la sociedad comunista de Marx no tienen posibilidad de una existencia significativa.

Marx describió una vez a la sociedad comunista como una en la que sería posible, “hacer una cosa hoy y otra mañana; cazar por la mañana, pescar en la tarde, cuidar ganado en el atardecer y criticar después de cenar, como uno quisiera.”

Esto suena idílico hasta que uno se da cuenta que, desde le parspectiva marxista, ninguna de esas actividades pueden tener valor alguno para los humanos. Para los verdaderos materialistas, no puede haber diferencias cualitativas entre leer y pescar, trabajar o dormir, vivir o morir.

Todo tiene el mismo valor y por eso no tiene valor. En este mundo, no hay diferencia entre el trabajo de la Madre Teresa y el de un guardia en un campo de concentración.

Ellos comparten igualmente la irrelevancia de todo y de todos. Estos nos dice que el Marxismo no puede estar interesado en la justicia ni en la libertad. Insiste en que somos como un tronco que flota de aquí para allá en las olas de la historia. En tal mundo, nuestras vidas no importan. Nuestras muertes son irrelevantes.

Tan solo tratamos y rescatamos cualquier satisfacción animal que podamos de nuestras vidas, antes de que nuestra nada esencial finalice en nuestra aniquilación final como seres humanos. Hasta aquí el humanismo marxista.

Un más serio problema con la filosofía marxista es su legitimación de la criminalidad. Por “criminal” entiendo no simplemente la ocasional ruptura de la ley. Más bien, quiero decir la situación en la que las personas deciden que están por encima de la ley; que no están sujetas a ella; que la ley es meramente otra herramienta del poder.

Porque si el Marxismo es verdad y el materialismo también, entonces la violencia sistemática para el logro de metas políticas es aceptable.

La ironía está en que mientras millones saben hoy acerca de los atroces crímenes de los nazis, pocos conocen las atrocidades cometidas por Lenin, Stalin, Castro, Pol Pot y otros marxistas. Es como si existiera un acuerdo sutil para no discutir estos crímenes. Esta ignorancia estudiada se manifiesta cuando observamos banderas rojas con hoces y martillos que ondean en demostraciones.

¿Saben quienes las portan lo que esas banderas significaron para quienes fueron esclavizados y asesinados por regímenes marxistas? ¿Por qué no es tratada esa bandera roja con el mismo desprecio que con razón se da a la swástica? Marx, por supuesto, murió años antes que sus seguidores llegaran al poder.

Pero uno sospecha que Marx hubiera aplaudido el uso comunista de la violencia. Marx mismo propuso colgar a los capitalistas de la más cercana farola. “Cuando llegue nuestro turno,” Marx advirtió a sus opositores, “no disfrazaremos nuestro terrorismo.” Mucha violencia ha sido practicada en el nombre de filosofías y religiones, incluyendo al Cristianismo.

La diferencia es que el Cristianismo contiene criterios morales de acuerdo con los cuales es posible juzgar y condenar tales acciones por parte de los cristianos. El marxismo nunca tuvo y jamás podrá tener esos estándares.

Porque en la filosofía marxista no hay sitio para el amor a Dios y el amor al prójimo. Quizá sea esto, sobre todo, lo que hace a Marx tan poco digno de la admiración contemporánea.


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.



2 Comentarios en “Karl Marx”
  1. Servando Dijo:

    Si mal no recuerdo Marx dijo que no sería posible la existencia del socialismo, antes de haber agotado y superado el capitalismo. Es decir tendriamos que completar el ciclo del capitalismo antes de siquiera pensar en el socialismo, puntualización que obviaron los comunistas rusos, forzando (y fracasando espuriamente) lo que la historia no puede permitir.

  2. Comentador Web Dijo:

    Sobre el comentario de Servando: sí, el materialismo histórico de Marx señala la inevitable secuencia de etapas históricas, independientes de la voluntad personal.





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