Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
La Atracción de lo Visible
Selección de ContraPeso.info
1 octubre 2005
Sección: Sección: AmaYi, SOCIALISMO
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Es una cuestión de sentido común. Ya es posible comparar los resultados reales del intervencionismo y de los mercados libres. Esa comparación favorece totalmente a los mercados libres, porque el intervencionismo tiene el más grande obstáculo posible de encontrar. Entonces, ¿cuál es la razón por la que aún hoy se clama por la intervención estatal para resolver los problemas económicos de los países?

Las ideas simples son casi siempre las mejores. Eso es lo que hace Friedman en el resumen que presenta esta carta. De manera organizada y coherente, el autor van paso a paso explicando la preferencia de los intelectuales por las ideas colectivistas hasta llegar a dos ideas culminantes. Una de ellas explica la causa central por la que los programas gubernamentales en su mayoría tienen resultados contrarios a los que persiguen. La otra es el esclarecimiento de una paradoja muy actual que señala la preferencia del intervencionismo a pesar de la gran evidencia en su contra.

La idea de esta carta fue tomada de la obra de Milton Friedman, CAPITALISM AND FREEDOM, Fortieth Anniversary Edition, 2002, ISBN 0226264211, Chapter XII Conclusion. El libro fue originalmente publicado en 1962 y en ese capítulo final contiene una enorme idea: el gran obstáculo al intervencionismo estatal es una criatura llena de recursos, ideas e iniciativas, el propio Hombre.

Comienza Friedman el último capítulo de su obra con un pensamiento claro. Dice que en los años 20 y 30 del siglo XX, la comunidad intelectual de su país fue convencida por la idea de que el capitalismo era en realidad un sistema malo y con defectos, que debían ser corregido.

Al capitalismo se le culpó de falta de desarrollo y de bienestar.

El efecto neto de esta manera de pensar fue el obvio: se pensó que la esperanza de un futuro mejor para la humanidad radicaba en la intervención de los gobiernos en los asuntos económicos.

Los intelectuales, en esos tiempos, no sufrieron del contagio que hubiera tenido la existencia de un país con una economía socialista contra el que se compararan los EEUU.

Sí, en esto influyó el establecimiento de un sistema colectivista en la antigua URSS, pero la comparación hecha por los intelectuales fue otra.

Compararon ellos a lo existente en la realidad diaria con un estado ideal inexistente e imaginario. Para ellos, parecía obvio que con todos los adelantos de la época moderna y el establecimiento de sistemas democráticos, la situación real con todos sus defectos, podían ser mejorada hasta el nivel de una situación ilusoria.

Esta manera de pensar aún prevalece. Se sigue comparando a la realidad con un estado ideal no existente e hipotético.

Todos los males y errores existentes en la realidad se atribuyen al mercado y se piensa que el control gubernamental puede remediarlos bajo el supuesto de que ese gobierno ideal está formado por seres sin defectos, que no sucumben a presiones e intereses.

Los defensores de mercados libres están aún en una posición defensiva ante esas posturas de los intelectuales que comparan a la realidad con un estado ideal.

Con el transcurso del tiempo, las bases de la comparación anterior cambiaron. Si antes sólo podía compararse una situación existente y real con un modelo imaginado, ahora ya es posible comparar a dos situaciones igualmente reales.

El capitalismo real y la situación ideal de una intervención gubernamental presentaban enormes diferencias, pero no tantas como la comparación entre el capitalismo real y el colectivismo real.

A continuación, el autor señala que en realidad no puede verse ningún avance humano en su dignidad ni en su libertad dentro de la tiranía y el despotismo que se sufre en la URSS.

Si en el Manifiesto Comunista se escribió que los proletarios no tienen que perder nada excepto sus cadenas, ahora puede verse que esas cadenas son fuertes allí donde prometían ser rotas.

Ahora el autor pasa a un examen de algunas de las reformas realizadas en los EEUU e inspiradas en la intervención estatal dentro de la economía.

Por ejemplo, los reglamentos ferroviarios para proteger al consumidor se convirtieron en lo contrario, una herramienta de defensa de esas empresas que daña al comprador.

Los impuestos personales, inicialmente bajos, han sido cambiados para convertirse en instrumentos de redistribución que están llenos de lagunas y excepciones. De hecho un impuesto llano o plano de 23.5% daría iguales fondos que los que dan las tasas actuales que van desde 20 hasta 91 por ciento (debe recordarse la fecha original de publicación, 1962).

Más aún ese impuesto que tenía una intención redistributiva causó una práctica de reinversión que favorece a las empresas grandes, lastima al mercado de capitales al que hace limitado y además inhibe el desarrollo de empresas pequeñas y medianas que son menos de las que es posible fundar.

Incluso las políticas monetarias gubernamentales, con la intención de promover la estabilidad, causaron lo contrario.

La muy seria situación económica de 1929 fue convertida en la larga Gran Depresión por causa de esas políticas, a lo que se añadió sin necesidad una serie de pánicos bancarios que suponían evitarían esas políticas.

La política agrícola supuestamente destinada a ayudar al agricultor sin medios de hecho no lo ha logrado. La política urbana de mejora de casas habitación ha logrado lo contrario de lo propuesto, teniendo peores condiciones de vida y mayor delincuencia.

La lista de medidas interventoras del gobierno es larga, casi siempre con resultados contrarios a los que esas decisiones perseguían.

Desde luego, hay excepciones a esa lista de errores. Pueden mencionarse la construcción de presas, la educación pública, la legislación a favor de la competencia, los fondos disponibles a las autoridades locales.

Pero el saldo es abrumador, pues la mayor parte de las acciones interventoras han fallado.

El país ha progresado, se vive mejor. Pero esos avances han sido posibles gracias a la intervención no de las autoridades, sino de las personas que colaborando entre ellas han trabajado dentro de mercados libres.

El intervencionismo ha estorbado en ese progreso logrado, no cooperado a él. La mano invisible ha funcionado mejor que la mano visible.

Ahora, el autor plantea una interrogante. ¿Es accidental que esos programas gubernamentales fallen continuamente?

El punto es explorar la posible explicación de que las acciones interventoras estatales hayan podido fracasar por razones de detalle o de mala implantación.

Friedman responde que no. Los programas y las acciones intervencionistas naufragan por diseño propio.

La razón de ese fracaso consistente es de fondo. Los programas fallan porque las medidas interventoras fuerzan a las personas a realizar acciones que ellas no realizarían por su propia decisión.

Las personas no harían eso que las medidas gubernamentales les piden bajo la supuesta intención de que eso contrario a su inclinación es de ayuda al interés general.

Visto de otra manera, la intervención estatal produce una sustitución de valores. Los valores de la “gente de fuera” son forzados en la “gente de adentro”. Quienes realizan las acciones económicas son forzadas a actuar de cierta manera artificial por quienes no las realizan.

Los actores de la economía tienen sus propias ideas sobre las que deciden sus acciones, pero esas ideas son sustituidas con las ideas del gobierno, de lo que necesariamente resulta que esos actores ya no hacen lo que ellos harían por iniciativa propia.

Esas ideas propias son retiradas creyendo que las nuevas ideas son para el bienestar de todos, o incluso la autoridad toma lo de alguien para dárselo a otros.

Lo que hacen las medidas gubernamentales es intentar resolver supuestos conflictos de intereses entre diversas partes de la sociedad, pero no por medio de lo obvio que es el establecer marcos de solución de esos conflictos, sino por medio de obligar a las personas a actuar en contra de sus propios intereses.

Lo que esas medidas interventoras gubernamentales enfrentan es a un enemigo considerable, el mayor que pueda pensarse, a la persona humana y los deseos que ella tiene de vivir su vida de acuerdo a sus propias ideas y decisiones.

Es por esto que las medidas gubernamentales tienen tantas veces efectos contrarios a los que ellas persiguen. Éste gran enemigo del colectivismo es la gran fuerza de una sociedad libre.

Los intereses personales no son pequeños deseos materialistas nada más. Allí están las intenciones de quienes lucharon contra Hitler a pesar de poner en riesgo su vida. Están las personas que se dedican a actividades caritativas.

Puede ser que estas acciones altruistas no sean realizadas por la mayoría, pero el punto es que ellas se pueden hacer en una sociedad libre. Esto explica el por qué una sociedad capitalista es menos materialista que una sociedad colectivista.

La pregunta siguiente es la lógica. Se pueda ya comparar a una situación real de capitalismo con una situación real de colectivismo. Las diferencias son abismales.

¿Cuál es la razón por la que aún así se insiste en recomendar acciones de intervencionismo estatal? ¿Por qué muchas personas e intelectuales insisten en proponer soluciones que se basan en medidas colectivistas?

Una explicación de esta paradoja es la visibilidad de la acción gubernamental. Los programas estatales tienen una naturaleza tangible que les da una apariencia de acciones directas e inmediatas. Esas mismas acciones tienen defectos y consecuencias malas, pero ellas son graduales, indirectas y no están a la vista.

Las medidas gubernamentales intervencionistas tienen ventajas de visibilidad, pues hacen que el gobierno aparezca como una entidad preocupada que está implantando acciones concretas. Eso es lo que se ve.

Lo que no se ve es a las consecuencias negativas, que son posteriores y graduales, con orígenes que no se entienden con facilidad.

Otra razón es la creencia de las personas acerca de la eficiencia de los gobernantes y burócratas. Las personas en su mayoría no piensan en la posibilidad de que esos funcionarios sean incompetentes, negligentes, descuidados e incluso corruptos. Una minoría de personas entiende que el intervencionismo anula la iniciativa personal.

Éstas razones son las que mantienen viva la idea del intervencionismo estatal, la que sólo puede ser combatida si es que en la sociedad las personas tienen muy alto el valor de su libertad personal. El debilitamiento de la iniciativa personal explica mucho del crecimiento de legislaciones que tienden al socialismo.

Las personas seguirán solicitando la intervención estatal a pesar de toda la evidencia en su contra cuando esas personas no tienen fuertes convicciones de independencia y autonomía personal.

Las amenazas al sentimiento de libertad son para Friedman y su país, de dos tipos.

Uno de ellos es la amenaza externa de rivales como el Kremlin.

La otra es más sutil y viene de adentro. Es la amenaza de personas con buenas intenciones y con ideas de grandes reformas, pero que siendo impacientes ante la lentitud que representan las tareas de convencimiento desean tomar el poder para implantar sus ideas de inmediato.

Es obvio que de llegar al poder, sus proyectos fracasarán con daño para todos, incluyendo ellos mismos. La concentración del poder no se vuelve inofensiva gracias a las buenas intenciones que los gobernantes puedan tener.

La influencia del gobierno como un gran comprador de bienes y servicios concentra ya demasiado poder en manos de los gobernantes y modifica el ambiente de negocios, lo que daña al mercado libre. La situación no puede evitarse totalmente, pero no debe elevarse la intervención a campos más allá de lo militar.

Se puede tener mercado libre si se convence a los demás de que ese mercado es una herramienta más segura, aunque quizá más lenta, que la intervención estatal. Las luces de un cambio intelectual en este sentido, dice Friedman, ya pueden verse.

La colección completa de resúmenes de AmaYi en tres partes, puede encontrarse aquí:

Ideas Económicas

Ideas Políticas

Ideas Culturales

La sección AmaYi de ContraPeso.info fue fundada en septiembre de 1995 y desde entonces publica un resumen mensual de grandes ideas encontradas en diferentes publicaciones.





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