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La Idea Conservadora
Selección de ContraPeso.info
1 diciembre 2005
Sección: POLITICA, Sección: AmaYi
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Demasiado acostumbrados a la noción de que todo cambio es bueno, resulta un sano ejercicio mental el considerar la posición contraria. La de poner en tela de juicio es creencia y sostener que los cambios resultan esencialmente sospechosos.

Hay buena cantidad de sutilezas y recovecos en lo escrito por Kirk. Tiene sin duda lógica, pero también una apariencia no atrayente en el inicio. Quizá sea como esas bebidas de gusto extraño cuyo goce es netamente adquirido y posteriormente insustituible. Sea lo que sea, sin duda, esta idea confronta directamente al pensamiento establecido y políticamente correcto de nuestros tiempos.

Hablar de izquierdas y derechas, de liberales y conservadores, de radicales, de socialistas, tradicionalistas, capitalistas, neoliberales, comunistas, moralistas y de otras etiquetas similares, puede llegar a simplificar las conversaciones pero también a dificultar la comprensión.

La mente conservadora no debe ser entendida velozmente y ser colocada como un rótulo fácil; es algo muy complejo y sutil. Y una buena prueba de esto es Kirk y su libro sobre el tema.

La idea que resumen esta carta fue encontrada en la obra de Russell Kirk, THE CONSERVATIVE MIND, Regnery, 2001, 7th revised printing, ISBN 0-89526-171-5, chapter 1, The Idea of Conservatism, pp 3-11; editado originalmente en 1953.

J. S. Mill llamó a los conservadores ingleses, “Ese estúpido partido.” Señalando esta opinión de Mill, Kirk inicia el primer capítulo de su libro.

Pueden muchos pensar que los conservadores son gente que no piensa, que se opone a lo nuevo, pero la verdad es que este grupo tiene en sus filas a pensadores inteligentes, como Edmund Burke, quienes durante los últimos dos siglos han sido defensores inteligentes y cultos de ese tipo de ideas, las mesuradas y cautelosas.

Con esto, el autor señala el propósito de su obra: un repaso de las ideas conservadoras.

El libro es eso, un repaso de las ideas conservadoras en tiempos de en los que ellas no son fácilmente entendidas.

No es un libro de historia, señala Kirk,  sino un extendido análisis acerca de la definición del conservadurismo.

Concretamente del conservadurismo inglés y norteamericano. Una exploración de las ideas sostenidas por los pensadores que han desafiado teorías radicales, que han propuesto la mutación substancial de la sociedad desde la Revolución Francesa.

Claramente, Kirk contrasta las ideas de los conservadores con las del mundo actual, uno que se mofa de la tradición, que idolatra a la igualdad, que acepta teorías sociales radicales sin pensar y que bien recibe toda transformación sin discriminar.

Son los tiempos que se han aferrado a Rousseau, dice Kirk, aprovechando las palabras de Burke, tragándose esas ideas sin rumiarlas, provocándose así más apetito por teorías incluso más tajantes; son los tiempos del industrialismo que ensucia, de la estandarización de las masas, apuntalado todo por autoridades y gobiernos. Son tiempo que vemos cobijados tras una barricada como un mar de descomposición.

Deja el autor ya ver aquí uno de los rasgos esenciales del canon conservador: su enfrentamiento con las tesis modernas que idolatran al cambio por el cambio mismo.

Hay por tanto, en esa mente, un elemento clave que se deja ver en esta exposición, el respeto a la tradición.

Los filósofos radicales han ganado mucho en estos siglos. Los conservadores han cedido terreno y fracasado en general a pesar de algunos éxitos esporádicos.

Bajo esta visión (de 1953), Kirk señala que su punto de partida es Burke, el innegable conservador en el sentido moderno de la palabra, a partir de su obra Reflexiones sobre la Revolución Francesa, de 1790.  Las 500 páginas restantes del libro llevan al lector a ese prolongado ensayo sobre el conservadurismo sajón.

Si bien un real conservador, dice el autor, se opone a reducir su forma de pensar a una lista de principios o frases centrales, al estilo de sus enemigos, los radicales, es posible realizar un intento.

La mente conservadora no es una colección de creencias detalladas que son fijas e inmutables, aunque en Burke se tiene el ingenio para encontrar convicciones que ayudan a entender esa intrincada actitud conservadora.

El conservadurismo tiene ideas sólidas sin duda, consideradas universales, pero su sutileza lleva a aplicaciones flexibles en diferentes tiempos. No es algo sencillo en su primer examen, ni puede comprenderse con facilidad extrema.

Con esta introducción, el autor afirma que la creencia bajo la que puede especularse acerca de la mente conservadora es una idea medular: el conservadurismo se apoya en el pensamiento de la preservación de las tradiciones morales de la humanidad.

Esto es el cimiento del pensamiento de este tipo, el respeto a la sabiduría de las generaciones anteriores, el reconocimiento abierto del valor de tiempos pasados, la deferencia a los ancestros, la consideración de lo ocurrido antes.

Es natural, por tanto, que los conservadores vean con recelo los cambios al por mayor, las alteraciones masivas, la ingeniería social, todo eso que significa ignorar la herencia que nos han dejado los antepasados.

Si los tiempos actuales llaman a considerar los efectos de nuestras acciones presentes en las generaciones futuras, la mente conservadora introduce otro elemento, el de no ignorar a las generaciones pasadas y lo que nos han legado.

Los conservadores conciben a la sociedad de una manera compleja, como una entidad que tiene una construcción frágil y espiritual; siendo así, quebradiza y delicada, debe ser tratada con extremo cuidado. No es la sociedad un mecanismo que puede desarmarse y volverse a armar de otra manera; no puede ser sujeta de experimentos dependiendo de modas intelectuales y nuevas teorías.

La sociedad presente es producto de las acciones de nuestros antepasados, quienes merecen el mismo respeto que damos a las generaciones futuras.

Bajo esta consideración general, Kirk señala seis ideas centrales de la mentalidad conservadora. Es un intento de definición de esa mente, de eso que la organiza y le da coherencia a pesar de sus recelos para realizar esa lista.

La aceptación de un orden que es trascendente.

Es decir, un cuerpo de leyes que son naturales y con las que la sociedad se gobierna; pero no sólo la sociedad se rige así, sino también la conciencia.

El asunto es de tal hondura que, bajo este modo de pensar, las situaciones políticas son realmente, en su base, asuntos en los que se aplica la moral y la religión. Un conservador reconoce que existen fuerzas en cielo y tierra que el pensamiento humano está lejos de entender totalmente.

La política es considerada como un arte, el de intuir, comprender y aplicar a la Justicia que debe prevalecer en una colectividad formada por almas.

Hay en ese orden un elemento necesario, el de verdades morales inmutables y una misma naturaleza humana. El orden al que hace referencia la mente conservadora aplica a nivel individual y social, ambos niveles asociados entre sí.

Cuando en los individuos predomina una clara conciencia de lo bueno y de lo mal, será esa una sociedad buena. Lo contrario sucederá cuando las personas, por cualquier razón, ignoren las normas y los preceptos.

Una consecuencia de esta manera de pensar es lógica: el respeto a las ideas prescriptivas, a esas que establecen lo que debe ser y que vienen de la tradición.

Las personas que retan a las ideas prescriptivas llamándolas incluso prejuicios o costumbres anticuadas, y tratan de anularlas, cometen el error de confiar demasiado en sus razones y poco o nada en las razones de quienes les antecedieron.

Nuestros antecesores no eran tontos y lo que ellos hicieron no puede desecharse así nada más.

Es un panorama que concibe como imperfecta a la naturaleza humana y hace imposible las utopías prometidas por los radicales. La imperfección humana produce necesariamente sociedades imperfectas que pueden ir siendo reformadas con prudencia y reflexión.

La sociedad humana puede ser razonablemente aceptable, pero no perfecta. Ante esta realidad, la actitud correcta es la de la prudencia, como se verá adelante.

El apego y la devoción a lo que se entiende como el misterio de la existencia humana.

Incluyendo su proliferación de variedad y diversidad, que es lo opuesto a las intenciones radicales de estandarización e igualación con fines utilitaristas.

Es un sentido, dice el autor, de deleite y de complacencia el creer que la vida merece ser vivida.

La historia ha creado una serie de tradiciones con finas estructuras de instituciones sociales y formas de vida, diferentes y variadas, mismas que son lo opuesto de los anhelos igualitarios de estandarización humana que proponen los sistemas radicales.

Es el tema de multiplicidad y que necesariamente implica el respeto a órdenes establecidos y situaciones que pueden ser vistas como de desigualdad.

Sí, las personas son iguales ante un tribunal, incluyendo el Juicio Final; pero otros tipos de uniformidad llevan al estancamiento y al arribo de autócratas que se apropien de la autoridad y establezcan desigualdades de otro tipo y más graves.

Los líderes de una sociedad deben ser capaces y tener sentido de lo bueno y lo malo, sobre todo un muy desarrollado sentido de la virtud que la mente conservadora eleva por encima de las demás, prudencia.

La convicción y creencia de que una sociedad que se precie de ser civilizada necesita por definición tener orden y clases o variedad.

Eso, en contraposición a los principios de quienes proponen una sociedad sin clases, en la que no hay diversidad. Los conservadores han sido calificados como gente de orden y ley.

Creen que si esas diferencias y distinciones naturales son erradicadas, ellas serán llenadas por oligarcas como se ha dicho, provocando más desigualdad de la que querían corregir.

Las personas son iguales, sí, pero sólo ante Dios, ante los tribunales; la igualdad fuera de esto será la igualdad en la esclavitud y en el hastío.

Quizá la palabra clases provoque en el lector esa connotación del marxismo. Las clases en la mente conservadora son sin duda producto de la libertad y de la diversidad que ella fomenta.

Más aún, diversos segmentos de personas, diferentes, conviven en un orden establecido en la tradición que viene del pasado. Tocar esa estructura con fines radicales de cambio es igual a destruir a la sociedad con consecuencias terribles.

La mente conservadora establece una asociación íntima entre la libertad y la propiedad privada.

La igualación económica no es progreso. Sin propiedad privada surge el dictador monstruoso.

Sin ella no es posible el progreso y la mejora personal, al menos para otorgarle un cimiento sólido y propio al individuo.

La civilización misma está construida sobre la propiedad privada; atacarla es destruir a la sociedad y su progreso. Las propuestas radicales que atacan a la propiedad privada son claramente rechazadas por el verdadero conservador.

La propiedad privada va más allá de sus atributos físicos para ser también una herramienta de enseñanza en hábitos de responsabilidad personal, de integridad.

Con sus frutos se tienen consecuencias positivas que proveen medios para usar la libertad, para salir de la pobreza.

La desconfianza en todos los que proponen rediseños sociales y reconstrucción del orden de la sociedad.

Tienen fe en las ideas prescriptivas y sospechan de las nuevas concepciones revolucionarias que piden cambios al por mayor, cada vez mayores.

Las costumbres, los hábitos, las convenciones sociales son contrapesos a las humanas tendencias a la anarquía y a la lujuria por el poder. El siguiente apartado arrojará más luz al respecto.

Reconocimiento de que los cambios no son reformas convenientes necesariamente.

Las innovaciones apresuradas no son por definición causas de prosperidad y en realidad pueden ser causa de conflictos destructivos.

Las sociedades deben cambiar, sí, pero hacerlo con prudencia para mantener a la sociedad misma. Los gobernantes deben ser guiados por la prudencia, su virtud central; es igual esto a tener en cuenta a la Providencia.

Ésta es una clave de la mente conservadora, la concepción de la prudencia como la virtud del gobernante. Es el poner sobre la mesa de discusión la noción de las consecuencias de la acción humana.

Las decisiones políticas deben ser evaluadas estimando sus efectos de largo plazo y valuando estos efectos muy por encima de las consecuencias de corto plazo que hagan popular al gobernante.

Es otra manera de decir que la Providencia trabaja con lentitud y sabiduría, y la maldad opera con rapidez y precipitación.

Se trata de reconocer que la sociedad es una entidad compleja en extremo y frágil, por lo que las decisiones de los gobernantes deben ser tomadas con sensatez, reflexionando sobre sus posibles efectos. Nada tan dañino como la ligereza y el arrebato.

Sobre esos principios, desde luego, habría que hacer salvedades, dice el autor, y aceptar variaciones e incluir notas aclaratorias; pero son ellos un cuerpo de ideas que ha sido base de la mente conservadora durante más de 200 años.

El opuesto del conservadurismo

Unas cinco escuelas de pensamiento al menos pueden detectarse con principios radicales y, por eso, contrarios a la mentalidad conservadora.

Son el racionalismo, el romanticismo de Rousseau y sus acólitos, las ideas utilitarias de la escuela de Bentham, Comte y el positivismo y las tesis colectivistas de Marx y el resto de los socialistas.

Esos marcos de pensamiento, durante los últimos dos siglos, han significado ataques a las ideas conservadoras. Verlos siquiera brevemente ayudará a comprender a la mente conservadora, mirando su opuesto.

• Han propuesto esos radicales la posibilidad de la perfección humana y del progreso sin límites de la sociedad. La tesis central de las escuelas extremas es creer que la manejando variables como educación, legislación y otras, los humanos pueden llegar a ser como dioses.

Los conservadores, por el contrario, entienden a los humanos como poseyendo inclinación al mal, al pecado. Los humanos somos imperfectos y siempre estaremos en sociedades imperfectas.

• Los radicales desprecian la tradición. La descartan y en su lugar colocan a la razón absoluta, a la determinación materialista y al impulso, como los caminos que llevan a la construcción del bienestar social, haciendo caso omiso de la sapiencia de las generaciones anteriores.

Los radicales ponen de lado a la religión; la sustituyen con variadas ideologías.

Se adivina con facilidad aquí otro rasgo de la mente conservadora, la restricción del poder. La imperfección humana vuelve ilógica la idea de dar un poder ilimitado a los gobernantes, como proponen muchos radicales para que así se impongan sobre los demás las ideas de una nueva sociedad.

La autoridad política debe operar con los límites impuestos por las leyes y los contrapesos del sistema de gobierno, en un sano equilibrio entre orden y libertad.

• Los radicales desean nivelación política, es decir, la desaparición de orden y privilegios y recompensas. Su ideal es la democracia absoluta, directa y radical; la nivelación de todos.

Desean centralizar el poder y consolidarlo, desechando los sistemas parlamentarios tradicionales. Esto anula los límites que deben imponerse a los gobernantes.

• Desean también los radicales, la igualación económica. Los radicales tienden a sospechar de los derechos tradicionales de propiedad, como los colectivistas.

• Los radicales rechazan con fuerza la idea de Burke acerca del estado, como una manifestación de la Providencia; y su idea acerca de la sociedad, como un lazo moral perpetuo que liga a todos los humanos, muertos, vivos y por nacer.

• Los radicales presentan y acuñan frases y palabras nuevas, aman el cambio por el cambio, lo opuesto de quien considera a las tradiciones e instituciones como los lazos que unen a una generación con otra.

¿Y el cambio?

El resumen anterior, sin duda, para el lector sagaz, ha dejado una inquietud. Es una cuestión no resuelta arriba.

¿Sostienen los conservadores por tanto la tesis de que la sociedad debe permanecer estática y sin cambios?

La respuesta es un no absoluto. Los conservadores son pensadores avispados y no han dejado esa pregunta sin contestar; ni en realidad proponen que la sociedad entera se anquilose en su estado actual.

Los conservadores tienen una actitud ante el inevitable cambio que se da en el transcurso del tiempo. Reconocen que hay cambios, que las cosas no permanecen igual.

Prueba de ello en el resumen anterior es la idea de la tradición que heredamos; la tradición no puede haber sido creada sin cambios en el tiempo.

La sociedad y su cambio deben considerar dos principios. Uno de ellos es la tradición, ese conjunto de cosas perdurables que dan permanencia y sin las que la sociedad se convertiría en anarquía.

El otro es un principio de progreso basado en la prudencia, que aprovecha los talentos humanos e introduce mejoras en la sociedad. Sin ese progreso la sociedad se inmovilizaría.

El sano balance de esos dos principios mueve a la sociedad adelante. La adoración del progreso sin considerar a la tradición es, por tanto, dañino para la sociedad. Lo mismo que la sola consideración de la tradición, que empantanaría a la sociedad.

[frente a lo anterior, conviene examinar la idea de Hayek en No Ser un Conservador]

La colección completa de resúmenes de AmaYi en tres partes, puede encontrarse aquí:

Ideas Económicas

Ideas Políticas

Ideas Culturales

La sección AmaYi de ContraPeso.info fue fundada en septiembre de 1995 y desde entonces publica un resumen mensual de grandes ideas encontradas en diferentes publicaciones.


7 Comentarios en “La Idea Conservadora”
  1. Kierkegaard Dijo:

    No hay peor calibre para la inteligencia que la propia pretensión de profundidad en los argumentos. Busquen en su propia Voluntad los principios que defienden, antes de escudarse en la Razón; un edificio demasiado inestable, y a la vez excesivamente persistente en la estupidez ultimamente. El ser humano no encuentra sus realidades últimas únicamente en el cerebro, sino en el conjunto de todas las experiencias que forman sus capacidades y la contingencia de su existencia. NOTA DEL EDITOR: es interesante que para criticar a la razón se tuvo que usarla.

  2. pipe Dijo:

    esto no lo entiende nadie bobos. NOTA DEL EDITOR: quizá en algún programa de televisión exista una explicación simple que cualquiera entienda.

  3. Ivonne Dijo:

    Tengo dos comentarios. Primero: el resumen que presentan es analítico y permite ver lo que forma al conservador, se esté o no de acuerdo. Gracias por la claridad. Segundo: el comentario de un lector dice no entender el resumen es normal, pues el ser conservador no es una definición del tipo que te piden memorizar en una escuela.

  4. alejandra baez Dijo:

    me parecio interesante

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