Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
La Otra Guerra
Eduardo García Gaspar
19 enero 2005
Sección: CRIMEN, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Las evidencias apuntan en una dirección clara: la guerra en contra de las drogas no se está ganando. Datos de la ONU, del 2001, indican 50 países reportando elevación del consumo de cannabis, 46 de anfetaminas, 41 de cocaína, 33 de éxtasis igual que de heroína, 19 de crack e inhalantes.

El consumo parece estarse elevando aunque a tasas menores.

En ese año, la misma organización estimó que el 4.7 por ciento de la población mundial mayor de 15 años consumía drogas, es decir, unos 200 millones, dos veces la población mexicana. Con todas las salvedades que esas cifras pueden tener (y que parecen bajas) por tratarse de actividades ilegales u ocultas, los números tienen su historia.

Existen evidencias de uso de drogas desde el año 5000 AC en Sumeria (opio) y, desde luego, exhortaciones de su prohibición, en Egipto en 2000 AC. Sea lo que sea, es razonable establecer una realidad: las drogas han sido parte de la historia humana por siglos y siglos y recientemente ellas pretenden ser totalmente erradicadas.

El más mínimo sentido común indica una gran probabilidad de que jamás desaparezca su consumo. ¿Es una meta realista desaparecerlas?

La evidencia más clara que niega esa posibilidad es la Prohibición en los EEUU (1920-1933). Ella se realizó con la idea de reducir el crimen, mejorar la salud pública, evitar los males en las personas… con resultados que son ejemplos clásicos de efectos colaterales negativos: financió al crimen organizado, redujo ingresos gubernamentales, amplió la corrupción…

Y si todo eso suena conocido es porque es precisamente lo que está sucediendo hoy como efecto del combate a las drogas.

El consumo crece y los bolsillos de los grupos criminales siguen llenándose de dinero. Un suceso cercano a la capital mexicana es muy indicativo del fracaso en ese combate. La cárcel de alta seguridad de La Palma fue intervenida por el ejército de este país el fin de semana pasado. En esa prisión están algunas grandes cabezas de bandas de narcotraficantes.

Por encima de lo llamativo que puede ser ver a 16 tanques de guerra rodeando una prisión y controlando su entrada para evitar que entren materiales indebidos (y salgan huéspedes ilustres), lo que ese suceso muestra es que incluso las prisiones están bajo el dominio de esas bandas.

Otra indicación de fracaso a ese combate, que lleva unos 75 años en activo. El combate a las drogas tiene su justificación en proteger a las personas de sustancias que las dañan severamente.

No creo que ese daño pueda ser negado, pero lo que está en entredicho total es la efectividad de los medios para implantar esa protección. Es obvio que el combate a las drogas no ha dado resultados y, peor aún, que ha tenido efectos serios contraproducentes.

Lo que está sucediendo ahora es en extremo ilustrativo: el combate a las drogas ha elevado la criminalidad y bombeado miles de millones de dólares a actividades clandestinas, por no mencionar el aumento de la corrupción que obliga incluso a trasladar el dominio de una prisión al ejército. Quizá sea una cuestión de seleccionar el menor de los males y valorar las lecciones de la Prohibición.

Cuando la Prohibición fue anulada, las tasas de criminalidad se redujeron, al igual que la corrupción y el crimen organizado sufrió un gran golpe.

En resumen, más señales de fracaso no pueden tenerse y sin embargo, una buena cantidad de personas se oponen a la legalización de las drogas. Sin duda, su negativa tiene buenas intenciones, pero deben ellas reconocer que sus buenas intenciones han ocasionado efectos colaterales de mayor daño.

Proteger a las personas de esas drogas es una buena intención, pero una difícilmente sostenible si se extrapola a otras sustancias, como el alcohol, el tabaco, el café y estimulantes que son de consumo libre, como seguramente deben serlo las drogas.

No es la situación ideal, pero en un mundo imperfecto seguramente es la posición de menor daño neto. La presencia del ejército mexicano en la prisión de alta seguridad de La Palma es muy llamativa e hizo grandes encabezados en los periódicos.

Vista más allá de eso, simplemente lleva a reconocer con amplitud que tampoco las cárceles han servido para detener el narcotráfico. Otra muestra de la inutilidad del combate a las drogas.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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